Tres Cosas Que Dios Quiere Que Tú Le Pidas Cada Día

Tres Cosas Que Dios Quiere Que Tú Le Pidas Cada Día

Tres Cosas Que Dios Quiere Que Tú Le Pidas Cada Día

por  Mike Harding

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El texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960

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Pastor Mike Harding

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Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero…        Efesios 1:15-21

 

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.      Efesios 3:14-21

 

Cuando yo era un nuevo creyente, el Señor me dirigió a estudiar y a comenzar a orar esta oración que se encuentra en Efesios. Cambió mi vida.  Por mucho tiempo, yo oré esta oración sobre mi vida casi a diario. Y todavía lo hago. Oro algo así: “Yo oro que el Dios de mi Señor Jesucristo, el Padre de gloria, me dé el Espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él…” Después de buscar a Dios a través de esta oración cada día, comencé a experimentar la revelación de Dios, el poder de Dios y el amor de Dios ¡Ahora quiero compartir contigo el poder de esta oración!

 

Esta oración fue inspirada por el Espíritu Santo. Pablo el apóstol fue dirigido por el Espíritu de Dios a orar por los creyentes cristianos de su día, y fue dirigido en cuanto a como orar por ellos también. ¿Alguna vez te has encontrado orando por alguien, y quizás comenzaste a orar con tus propios pensamientos, en un nivel mental, pero después de entrar en la presencia de Dios, después de entrar en el fluir de la unción de oración, te encontraste orando una oración profética? Con esto quiero decir que un fluir profético comienza. Empiezas a recibir un fluir del corazón de Dios, de los pensamientos de Dios. El Espíritu Santo te está enseñando lo que debes orar y cómo orar por aquello. Es lo que Él quiere hacer. Comprendes que estás orando de acuerdo con la voluntad de Dios para esa persona. No estás orando tu propia oración; estás orando en colaboración con Dios.

Pues bien, esa es la clase de oración que ésta era. Era la oración de Pablo por los santos en Éfeso. Esta oración fue tan inspirada por el Espíritu Santo que fue registrada en la Biblia. Esta oración revela el corazón de Dios por ti, la voluntad perfecta de Dios para ti. ¡Es la oración que Dios quiere escuchar, y contestar,  para ti!

La oración comienza en Efesios 1:15. Pablo está escribiendo su oración. Después, él entra a una modalidad de enseñanza nuevamente en los versículos 20 y 21. (¡Así es Pablo!) Ya al entrar en el versículo 22, él está totalmente enfocado en enseñar otra vez. Pero él vuelve a la oración otra vez en Efesios 3:14. Entonces ahí, el resume y completa esta oración inspirada.

Si observamos con atención, hay tres partes importantes en esta oración. Es decir, hay tres cosas que Dios quiere que le pidamos todo el tiempo. (¿Eso es todo? ¿Solo tres? No, claro que no. ¡Estas solo son las cosas que estamos aprendiendo en estos momentos! Pero tú ya sabías eso, ¿verdad?)

Entonces, las tres cosas son: (1) Revelación, (2) Poder y (3) Amor. En realidad, la revelación es parte de una familia. Los demás miembros de esta familia son: sabiduría, conocimiento, entendimiento, consejo, etc. Todos están relacionados entre sí. De igual manera, el poder es parte de una familia. Los primos del poder son: fuerza, energía, fortaleza, perseverancia, unción, el poder para milagros, poder para sanidades, etc. ¿Y qué del amor? Todos los frutos del Espíritu (amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio [Gálatas 5:22-23]) son ramas del árbol de amor. Entonces, si, es otra familia.

Toma nota de que mencioné que necesitas orar por estas cosas todo el tiempo; quizás todos los días. Toma nota de que Pablo dijo en Efesios 1:16, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones…” ¿Crees que Pablo oraba esta oración sobre ellos a menudo? Creo que sí. Para eso lo escribió, para que ellos supieran cómo él estaba orando, para que ellos pudieran tener una idea de cómo pueden orar por ellos mismos y por los demás. ¿Habrá él orado esta oración palabra por palabra todos los días? Probablemente no, porque Jesús nos advirtió de no orar usando “vanas repeticiones” (Mateo 6:7), repitiendo oraciones memorizadas como un ritual religioso. Puedes entrenar a un perico a que haga eso. Puedes también grabarlo en un equipo de audio y escucharlo una y otra vez. No, Dios quiere oraciones que salen de tu corazón. Por eso estoy muy seguro de que Pablo oró estas ideas, estos conceptos una y otra vez para los santos de Éfeso y para las iglesias que él fundó.

Algunas oraciones son contestadas progresivamente. Si oras por sabiduría, ¿recibirás toda la sabiduría del mundo descargada sobre ti, toda a la misma vez?  Claro que no. Crecemos en sabiduría mientras buscamos y oramos. Es por eso que Jesús dijo, “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). El griego original de este pasaje conlleva la idea de “Pidan y sigan pidiendo y seguirán recibiendo; y te será dado más y más en una medida incrementada”. Las oraciones que Pablo oró en Efesios son así. ¡Un aumento de revelación! ¡Un aumento de poder! ¡Un aumento de amor! ¡Excelente!

 

(1) Revelación

 

Ahora, veamos esta oración: “…para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él…” (versículo 17). ¿Qué es el espíritu de sabiduría y de revelación? Creo firmemente que él está hablando del Espíritu Santo, o quizás un aspecto, una manifestación del Espíritu Santo. ¿Te hace esto pensar que andan por todos lados muchos espíritus que traen puestas camisetas con las leyendas “sabiduría” y “revelación”, esperando ser asignados a personas? Hmmm. En realidad, los ángeles de Dios sí salen para cumplir asignaciones, ministrando a los hijos de Dios y ayudándoles a cumplir la Gran Comisión, pero aun así, yo creo que Pablo está hablando aquí del Espíritu Santo. ¿Por qué? Lee Isaías 11, versículos 1 al 5. Es una profecía Mesiánica, prediciendo la venida de Jesucristo, un descendiente de rey David, hijo de Isaí. Se describe a Jesús de esta manera (verso 2): “Y reposará sobre Él el espíritu de Jehová: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.” Es bien claro, estamos hablando del Espíritu Santo. Él es el “Espíritu de sabiduría y conocimiento”. Todo esto fue cumplido en Lucas 3:21-22, cuando Jesús fue bautizado con el Espíritu Santo y comenzó Su ministerio público.

Entonces Pablo ora que los efesios… espera, hagamos un cambio aquí. ¡Esta oración es para nosotros también! Es para hoy, para ti y para mí. Por eso, permítame decir que… Pablo ora por nosotros, para que recibamos el Espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Dios. Y podemos orar esta oración para  nosotros también.

¿El Espíritu de sabiduría? ¿Qué es sabiduría? Una buena definición de lo que es sabiduría es “hacer buenas decisiones”. Las buenas decisiones producen buenos frutos: éxito, prosperidad, buenas relaciones, matrimonios y familias fuertes, ministerios fructíferos, un caminar íntimo con Dios, etc. La sabiduría es lo opuesto a necedad. A veces puedes definir algo mucho mejor cuando conoces lo que es lo opuesto. Decisiones necias producen malos resultados: fracaso, pobreza, tragedia y desastre, relaciones dañadas, familias y matrimonios destruidos, ministerios desacreditados, una relación pobre con Dios, etc. Creo que prefiero tener sabiduría.

La Biblia dice que, “y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). ¿Que Jesús crecía en sabiduría? Así es. Viviendo como un hombre entre los hombres, como uno de nosotros, Él oraba y caminaba con Su Padre, creciendo como hombre en sabiduría, estatura espiritual y favor. ¡Qué maravilla! ¡Y si eso funciona bien para Él, funciona bien para nosotros!

Proverbios 9:10 dice, “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría; el conocimiento del Santísimo es la inteligencia”. El “principio de la sabiduría” aquí significa como una “entrada” o una “puerta abierta” a la sabiduría. El temor del Señor; el deseo profundo de agradar a Dios, el profundo temor de desagradar a Dios, es la puerta abierta, la entrada a la sabiduría de Dios. Y toda sabiduría verdadera proviene de Dios. Toda necedad verdadera proviene del hombre. Ya somos buenos en eso. Por eso, pidámosle a Dios todo el tiempo por el “Espíritu de sabiduría”, ¡de la forma que Pablo nos enseñó!

Ahora, acerca del “espíritu de revelación”. ¿Qué es revelación? (a mí me agrada hasta el sonido de esa palabra). Revelación significa exponer, descubrir algo que estaba escondido. Ya existía, pero estaba oculto. Pero ahora es “revelado”. ¡Que bueno! El espíritu de revelación es el ministerio del Espíritu Santo, viniendo a enseñarnos la verdad de Dios. Él viene a revelar el reino de Dios a nosotros. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Las personas que no son salvas son carnales y corruptas, espiritualmente sordas y ciegas. En realidad, es mucho peor que eso. ¡Efesios 2:1 dice que estábamos espiritualmente muertos! Estar muertos es aun peor que ser ciegos y sordos, ¿no te parece? Por eso, el Espíritu de Dios está tratando de revelarnos a Jesús, está tratando de revelarnos el reino, pero somos un tanto duros de entendimiento. Dios es Espíritu (Juan 4:24). Antes de que fuésemos salvos, nosotros estábamos muertos espiritualmente. Funcionábamos muy bien física y mentalmente, pero éramos corruptos y egoístas. Estábamos ciegos y sordos espiritualmente. Cuando aceptamos a Jesús, nacimos de nuevo. Nuestro espíritu renació. Nuestros sentidos espirituales revivieron otra vez. Ahora podemos verdaderamente recibir comunicación de Dios, porque Dios se comunica mucho de Espíritu a espíritu; de Su Espíritu a nuestro espíritu. Sin embargo, como cristianos recién nacidos, estamos aún más acostumbrados a funcionar mental y espiritualmente que espiritualmente. Tenemos la tendencia de “confiar en nuestro propio entendimiento”. (Proverbios 3:5 dice que no lo hagamos.) Tendemos a ser un tanto aturdidos y duros espiritualmente. Dios nos está tratando de enseñar, pero es un reto, ¡aun para Él!

Así que el Espíritu Santo nos enseña. ¡Eso es revelación! Él nos está enseñando la verdad de Dios; Él nos está enseñando el corazón de Dios, el reino de Dios, los pensamientos, planes y verdades de Dios. Él nos está enseñando todas las cosas que ya están escritas y establecidas en la Biblia— pero cuando no hay revelación, sólo es más religión y doctrinas para nosotros. ¡Con la revelación, todo recobra vida para nosotros!

Una vez le mencioné a un hermano cristiano que Dios me había dado revelación acerca de algo. Él lo malinterpretó completamente y se enojó. Me dijo: “¡Yo no necesito ninguna revelación; para eso tengo la Biblia!”. Él pensó que yo estaba hablando de cosas adicionales a la Biblia. (En otras palabras, cosas  que no están en la Biblia, como las tonterías enseñadas por la Nueva Era o el Misticismo Oriental.) Traté de explicarle que yo creo en la Biblia como la perfecta y completa palabra de Dios. Pero el problema es que si nosotros nos enfocamos en la Biblia con solamente nuestras mentes, con solo nuestras capacidades mentales y nuestro razonamiento, no la vamos a entender. Me refiero a que no vamos a poder recibir la vida, la fe, el poder que Dios está tratando de darnos a través de Su palabra. Solo serán para nosotros más doctrinas y religión. Así es como el ocultismo y la falsa religión comienzan. El Espíritu Santo es el Autor de la Biblia. (2 Pedro 1:20-21) Si Él es el autor, entonces Él es el único que me puede ayudar a entenderlo. Él es el único que puede asegurar que yo reciba lo que Él ha querido darme cuando leo Su Palabra.

 

Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.   Mateo 16:13-20

 

Jesús les preguntó a los discípulos cuál era la sabiduría convencional de eso días. ¿Qué dicen ellos de mí? ¿Y tú qué crees? Simón lo captó bien. Dijo, “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”. Jesús le dijo, “¡Felicidades Simón! Y Yo estoy cambiando tu nombre (tu naturaleza) a Pedro —que significa tan sólido como una roca. Esto es porque recibiste la revelación. Mi Padre en los cielos pudo hacerte entender. Él te reveló quien Yo soy, ¡y lo recibiste!”

Cuando Jesús dijo, “y sobre esta roca edificaré Mi iglesia”, Él quiere decir que Él se revela a las personas, por la revelación, y después los añade a Su iglesia, Su cuerpo. Una revelación no nos tiene que llegar con la fuerza de truenos y relámpagos. Todo lo que necesitas es CONOCER por el Espíritu Santo, en tu corazón, en tu espíritu, que Jesús realmente es tu Salvador, tu Señor, el Hijo de Dios. Si tienes ese CONOCER en tu corazón, nadie nunca podrá quitarte eso. ¡Agárralo fuerte! En conclusión, nunca puedes ser salvo sin la revelación de Dios, pero cada vez que alguien le da su corazón a Cristo, con sinceridad, en confianza, en arrepentimiento, el Espíritu Santo les puede dar esa revelación y los puede añadir a la familia de Dios.

Jesús continúa edificando Su iglesia sobre la roca de revelación. Cuando le buscamos, Él nos da más revelación. Cuando recibes la revelación de que Jesús es el que bautiza en el Espíritu Santo, o el Sanador, o el Proveedor o cualquier otra cosa que Él te revele, entonces tienes algo que nadie te puede quitar. Tienes algo que puedes compartir y darlo y usarlo para edificar el reino. ¡Es cierto! ¡Bravo, Jesús!

 

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.            Lucas 10:17-22

 

Jesús recién había enviado a un grupo de Sus discípulos a anunciar el reino de Dios, sanar a los enfermos y echar fuera demonios. Cuando ellos regresaron estaban emocionados. ¡Había funcionado! “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu…” Creo que quizás danzó, clamando en alta voz, “¡Lo están entendiendo! ¡Lo están entendiendo!” Ellos habían echado fuera a demonios, habían sanado a los enfermos y habían predicado el reino; todo en Su nombre. Entonces Jesús dijo: “Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños.” Aparentemente Dios esconde cosas de aquellos que se creen auto suficientes o más inteligentes que cualquier persona, porque le parece correcto. Él odia el orgullo y la arrogancia; le es repulsivo a Su naturaleza. Él aparentemente les revela cosas a los niños. Eso significa que Él les revela verdades del reino, realidades del reino, autoridad y poder del reino a personas que son enseñables como niños, a personas que confiarán en Él y le obedecen. No puedo recibir esta revelación con mi propio entendimiento, con mis capacidades mentales, no importa qué tan buenos sean.  Puedo estudiar la Biblia hasta que no pueda más, pero todavía necesito ese fluir de “Espíritu a espíritu” de la revelación de Dios para realmente recibir Su reino, para realmente operar en Su autoridad y poder. ¡Por eso es que pedimos el Espíritu de revelación en el conocimiento de Dios, como Pablo nos enseñó!

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.  Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.                  1 Corintios 2:9-12

“¿Ojo no vio? ¿Ni oído oyó?” ¿De qué está hablando Pablo? Él está citando el Antiguo Testamento. Dios estaba diciendo que ningún hombre jamás podrá, por sus sentidos o razonamientos humanos, ver o entender o siquiera imaginarse las cosas que Dios ha preparado para aquellos que le aman. ¿Qué es lo que Dios preparó? Su plan fue el de hacernos Sus hijos e hijas, para levantarnos en Cristo y sentarnos a Su mano derecha, al lado de Él en Su trono (Efesios 1:20 y 2:6) como el cuerpo y la novia de Cristo, para que reinemos con Cristo para siempre. (Todo esto está en la Biblia) Es un buen plan, ¿No crees? El hombre nunca lo entenderá. Es un amor incomprensible. Es una gracia inimaginable.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (versículo 10). Él la reveló a los apóstoles y a los profetas. Fue grabado en la Biblia. Obviamente tenemos que leer y estudiar la Biblia para comenzar a recibir esta revelación. Ahí es donde Dios la puso, para que la podamos encontrar. ¡Podemos leerla y tratar de entenderla, pero solamente la podemos recibir cuando Dios nos la revele! Por eso es que este versículo dice que Dios nos ha dado al Espíritu Santo para que nosotros realmente conozcamos y entendamos, por revelación, por la comunicación de Espíritu a espíritu; las cosas que Dios nos ha dado gratuitamente. “¿Dadas gratuitamente? ¿Dadas gratuitamente?” Si Dios nos ha dado cosas gratuitamente (tales como Su amor, perdón, salvación, sanidad, vida eterna, autoridad y dominio restaurado, unción y poder, una herencia del reino, un lugar en el trono con Cristo, etc.), yo quisiera tener mucha revelación de eso, ¿No crees? Por eso es que oramos por el Espíritu de revelación en el conocimiento de Dios, ¡como Pablo nos enseño!   

 

En la próxima parte de la oración, Pablo ora que “los ojos de nuestro entendimiento sean alumbrados”. Claro, el “entendimiento” es parte de la familia de la sabiduría y de la revelación y del conocimiento. Pero Pablo está también aludiendo a la idea de que tú puedes tener tus ojos espirituales abiertos para “ver” cosas que no podías ver antes.

 

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.           Juan 3:1-6

 

Cuando Nicodemo vino a ver quién realmente era Jesús, Jesús le contestó una pregunta que no se había preguntado todavía. (Jesús hace esto mucho.) Él dijo, “Tienes que nacer de nuevo”. Jesús está hablando espiritualmente y Nicodemo está pensando físicamente. (De nuevo, la necesidad de la revelación de Dios para que penetre nuestra mente carnal.) Jesús dijo que si no eres nacido de nuevo, no puedes entrar al reino de Dios. Él también dijo que si no eres nacido de nuevo, no puedes ver al reino de Dios. Muchos de nosotros, si recibimos instrucción religiosa equivocada, posiblemente pensaríamos “Yo entraré al reino de Dios, y veré el reino de Dios cuando vaya al cielo. O cuando Cristo regrese”. Pero eso no es lo que Él está diciendo. Él quiere decir que, en el momento que naces de nuevo, tú entras en el reino de Dios. Ahora mismo. Tú ya estás en el Reino, si has nacido de nuevo. Él también quiere decir que si estás despierto espiritualmente y tus sentidos espirituales están abiertos, tú puedes ver el reino de Dios en ahora mismo.

Cuando Jesús comenzó Su ministerio, Él anunció, “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). ¿Qué es lo que Él quería decir? Jesús vio el reino. Él llevaba el reino. Él demostraba el reino. Todo lo que Él hacía tenía que ver con el reino. Él era una fuerza invasora de un solo hombre. Él era todo el reino de los cielos, fluyendo por un Hombre. El reino de Dios era Él, y Él vino para invadir y tomar posesión. Él vino a reconectar la tierra con el cielo, para ser un puente o una puerta abierta entre los dos. Lo que el primer Adán perdió a través del pecado, el segundo Adán (Jesús) lo restablecía a través de Su obediencia. El reino de Dios era realidad, viviendo y fluyendo a través de Jesucristo.

La persona que no conoce a Cristo está muerta espiritualmente, ciega y sorda a la realidad del reino de Dios que está avanzando en medio de nosotros. Pero cuando eres nacido de nuevo, puedes ver al reino de Dios obrando entre nosotros. Puedes ver lo que otros no pueden. Pero vemos en medidas diferentes. Lo que un cristiano puede ver, otro todavía no puede verlo. (¿Bautismo en el Espíritu? ¿Sanidades? ¿Milagros de provisión?) Lo que un cristiano ve claramente, otro lo ve vagamente. Mientras más ves, por revelación, al abrir tus ojos espirituales, puedes operar más personalmente en el reino con la autoridad y el poder de Cristo. ¡Es por eso, que pedimos el Espíritu de revelación, como Pablo nos enseñó! ¡Es por eso, que pedimos que los ojos de nuestro entendimiento sean iluminados!

 

“… para que sepáis cuál es la esperanza a que Él os ha llamado…

 

Dios quiere que sepas cual es la esperanza de tu llamado. No solamente doctrina. No solamente religión. Él quiere que sepas, por revelación, que eres llamado y destinado a ser conforme a la imagen de Cristo (Romanos 8:29, 1 Juan 3:2). Dios quiere que sepas que eres llamado a reinar con Jesús en Su reino eterno (2 Timoteo 2:12, Apocalipsis 3:21, Apocalipsis 5:10, Apocalipsis 20:6, Apocalipsis 22:5). Dios quiere que sepas que eres llamado a vivir con Él en gloria eterna (Romanos 8:17, Romanos 8:30, 1 Corintios 2:7, Hebreos 2:10). Dios quiere que sepas que Él tiene una eternidad de cosas buenas y de amor planificadas y preparadas para ti, cosas mucho mas allá de tu imaginación (1 Corintios 2:9, Efesios 2:7). ¡Nada de estar simplemente flotando en las nubes tocando un arpa, claro que no! ¿Por qué todo esto? De acuerdo con Efesios 2:7, esto es “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de Su gracia en Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”. El corazón de Dios está lleno de amor. Él quiere a alguien a quien amar, alguien sobre quien derramar Su bondad. ¡Es Su naturaleza! ¡Él quiere hacerlo! Pero tiene que ser alguien que lo elige a Él, alguien que le ame (1 Corintios 2:9). Nuestro Dios es un Dios celoso (Éxodo 34:14, Deuteronomio 4:24). Él quiere todo tu corazón. Él quiere tu entrega total y tu amor por completo. Él no quiere competir con nadie ni con cualquier cosa por tu devoción. “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen un corazón perfecto para con Él”. (2 Crónicas 16:9)

 

“… y cuáles las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos…”

 

Analicemos esto un poco. ¿Qué es una herencia? Es algo que vas a recibir. Te va a llegar. La estás esperando. ¡Y es muy valiosa! ¡Y estás casi como loco de anticipación por recibir tu herencia! La Biblia dice que somos los herederos del reino de Dios (Mateo 25:23, Romanos 8:17, Santiago 2:5). Entonces tenemos una gran herencia. Pero este pasaje no está hablando de nuestra herencia; ¡está hablando de la herencia de Dios! “Su herencia en los santos…” ¿Cuál es la herencia de Dios? Somos tú y yo; son los santos. Son todos aquellos que han sido lavado y limpiados por la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios. Son todos aquellos que confían que Jesús pagó la pena de sus pecados con Su propia vida en la cruz del Calvario. Son todos aquellos que creen que Jesús se levantó de entre los muertos, victorioso sobre el pecado y la muerte. ¡Somos la herencia anticipada por Dios! ¡Eso hace que tú y yo seamos muy valiosos! No solamente somos Su herencia, sino que dice que somos “las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos…” ¡Somos las riquezas de la gloria de Su herencia! ¿Qué significa eso? Significa que eres tan valioso y tan importante para Dios que Él pagaría cualquier precio para redimirte de la caída. De hecho, Él lo hizo. Él pagó la vida de Su Hijo para poder tenerte otra vez (Romanos 8:32). Si recibes a Cristo, Dios te limpiará de todos tus pecados y comenzará a obrar en ti para restaurarte, transformarte y conformarte a la imagen de Cristo, para traerte a la “esperanza de tu llamado”. Él quiere que sepas que eres “las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos”.

Muchas personas en este mundo luchan con un profundo sentido de rechazo y falta de valor. Este sistema del mundo, bajo la influencia de satanás, está diseñado para que te sientas sin valor, rechazado como basura. Sin embargo, Dios quiere que sepas que eres precioso y valioso para Él. Permite que la revelación de tu valor para Dios te levante y te haga caminar como realeza. Haz un pequeño estudio bíblico. Lee Éxodo 19:5, Deuteronomio 7:6, Deuteronomio 14:2, Malaquías 3:16-17, Juan 17:23, Efesios 2:4, 1 Pedro 2:9. Hay muchos más, pero ¡estos echarán a andar tu motor!

 

(2) El Poder

 

“…y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.”

 

La segunda parte de esta oración se enfoca en el poder. Jesús dijo, “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). La palabra “poder” es la palabra griega “dunamis”, de donde sale la palabra dinamita. ¡Jesús está hablando del poder milagroso, del poder de sanidad y de gran valentía! Dios quiere llenarte con Su poder, la unción de Su Espíritu. Él quiere enviarte al mundo a tu alrededor como testigo de Jesucristo, ¡pero necesitas poder! ¡El evangelio necesita ser demostrado, no solamente explicado!

Cuando Jesús comenzó Su ministerio, Él demostraba el poder de Dios mientras Él predicaba Su mensaje del reino. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. (Mateo 4:23) En Hechos 10:38 también dice, cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. Él no trajo un mensaje sin poder, sino que echó fuera las aflicciones demoníacas y sanó las enfermedades para enseñar la realidad del amor y poder de Dios hacia las personas. Mas tarde, Él extendió y multiplicó Su ministerio; Él entrenó a doce discípulos y les dio poder. Entonces, llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus impuros, para que los echaran fuera y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. (Mateo 10:1) Entonces los envió para que hicieran todo lo que Él mismo había estado haciendo. Y yendo, predicad, diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado”. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. (Mateo 10:7-8) ¡Después de eso, Él entrenó y envió a setenta más! Después de estas cosas, el Señor designó también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos… (Lucas 10:1) Él les dio poder y les dijo que hicieran las mismas cosas. “Y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: ‘Se ha acercado a vosotros el reino de Dios’”. (Lucas 10:9) ¿Crees que todo terminó con eso? ¡No! Después de Su resurrección, Él dijo, “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” (Hechos 1:8) ¡Él quiere que todos recibamos poder! ¡Él quiere que todos hagamos estas cosas!

El apóstol Pablo también se movió en gran poder mientras predicaba el evangelio. Y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. (1 Corintios 2:4-5) Pablo predicó con la demostración del Espíritu y poder. ¿Qué significa eso? Personas estaban siendo sanadas y siendo libertadas mientras Pablo les ministraba y oraba por ellos. El poder de Dios estaba trabajando, demostrando la realidad del mensaje del evangelio. Pablo no quería que las personas confiaran en un evangelio de palabras o de explicaciones solamente. Él quería que ellos tuvieran fe en el poder de Dios. ¡Él lo dijo!

Muchas de nuestras iglesias y ministerios hoy día están sin poder. Son palabras, palabras, palabras. Pues el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. (1 Corintios 4:20) ¡Por eso es que tenemos que orar por el poder, por el fluir y la manifestación del poder de Dios a través de nosotros! (Vea Hechos 4:29-32.) Pablo ora en la oración por los Efesios que ellos, y nosotros, recibamos la revelación de “la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos”. En otras palabras, si creemos en Cristo, si creemos en el poder de Dios, entonces Su poder está disponible para fluir en nosotros y a través de nosotros. Él aclara que es  “la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos…” ¡Es el poder de resurrección de Dios! ¡Es el poder de Dios para sanar al enfermo, para liberar al cautivo, para abrir los ojos ciegos! Debemos orar por la revelación de ese poder. ¡Debemos orar para que ese poder fluya en nuestras vidas, nuestras oraciones y ministerios! Y tenemos que continuar orando hasta que veamos una victoria, hasta que veamos las obras del poder de Dios confirmando nuestro mensaje del evangelio.

 

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones…

 

Pablo continúa su oración en Efesios capítulo tres, versículo catorce. Todavía estamos hablando del poder, pero ahora estamos hablando acerca de otros miembros de la familia del poder. La oración es que tu seas fortalecido con poder a través de Su Espíritu en el hombre interior. En otras palabras, que el Espíritu de Dios fluya dentro de ti, fortaleciendo y fortificándote en tu espíritu. ¿Por qué? Porque este mundo es el territorio enemigo. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. (1 Juan 5:17) Gracias a Dios, mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo. (1 Juan 4:4) Estamos adelantando el reino, y algún día Jesús regresará y tomará control absoluto, pero mientras tanto estamos en territorio enemigo. Y en este mundo hay problemas, ataques, persecuciones, pruebas y tribulaciones. Jesús dijo que la habría. (Vea Juan 16:33.) Entonces Pablo nos enseña a que oremos para que seamos fortalecidos, cada día, por el poder del Espíritu Santo, de modo que no vamos a ceder o renunciar o ser consumidos. ¡Si no oramos, no podemos estar firmes!

 

(3) El Amor

 

“… a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”                 Efesios 3:17-19

 

La tercera cosa que Pablo ora es por el amor. ¿Por qué? Porque Dios es amor. (1 Juan 4:8) Es Su naturaleza. Es Su esencia. Si no conoces el amor de Dios, no conoces a Dios. Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. (1 Juan 4:7-8) Si nos falta el amor de Dios, sólo tenemos una religión vacía; no tiene ningún valor. Dios te ha amado con amor eterno. (Jeremías 31:3) La razón primordial del evangelio es el amor de Dios por nosotros. (Juan 3:16)

Porque vivimos en territorio enemigo, porque somos el producto de la rebelión de Adán y Eva y la caída de la raza humana, porque fuimos dominados como raza por un odioso y rebelde arcángel llamado Satanás, estamos hambrientos de amor. La raza humana fue casi totalmente separada de Dios. (Isaías 59:2) Eso significa que fuimos privados del fluir de Su amor. No fue Su culpa; fue la nuestra, desde el Huerto del Edén. Después de la rebelión, después de la caída, Su amor no fluyó al mundo, a nuestras naciones y culturas, a nuestros matrimonios y familias. Por eso es que estamos hambrientos de amor. Tenemos un déficit de amor; una escasez. Al vivir en este mundo, nos acostumbramos a este déficit de amor. Endurecemos nuestros corazones. Nos ponemos máscaras. Pretendemos ser fuertes y que no nos importa. Hacemos guerra. Herimos. Nos medicamentamos con drogas, sexo, entretenimiento, dinero y poder. Pero todavía estamos hambrientos de amor. Solo somos una sombra de lo que somos destinados a ser.

Los seres humanos fueron diseñados a “correr” con amor, así como los carros están diseñados a correr con gasolina. Fuimos creados a la imagen de Dios. Dios es amor. Fuimos diseñados a recibir y a dar amor libremente. La persona que no recibe amor no sabe como dar amor. Tú no puedes dar lo que no tienes. Y la cadena continua, de generación a generación, hasta que alguien rompe la cadena; hasta que alguien acepta a Cristo, y se reconecta con Dios, la fuente de amor, sanidad y totalidad. Cuando nacemos de nuevo y nos reconectamos con Dios, Su amor puede fluir en nosotros, sanando y restaurando. Pero muchos cristianos no lo están entendiendo.

Somos como huérfanos tomados de la calle, que son adoptados y colocados en un hogar amoroso y con mucho dinero. Ahora tenemos riquezas, amor y sanidad, pero no podemos liberarnos de ese sentir de ser huérfanos en las calles frías y solas. No nos atrevemos a abrir nuestros corazones para recibir el amor porque tememos que no es real. Tememos que tan pronto que dejemos que ese amor entre, desaparecerá. Que seremos tirados a las calles otra vez. Eso es lo que un déficit de amor te provoca. El reino de Satanás es un vacío de amor. Estamos acostumbrados a eso.

Tenemos que entender que el amor de Dios es real. Estamos siendo reconectados con la Fuente. Él nunca nos fallará. Podemos bajar nuestras defensas, abrir nuestros corazones y confiar en Él. Podemos quitar nuestras murallas, deshacernos de nuestra mentalidad de huérfanos y recibir Su amor. Podemos disfrutarlo, ser saturados, descansar y regocijar en eso. Nuestros corazones son como esponjas secas. Podemos venir y empaparnos en Su amor. Cuando ya tenemos suficiente, podemos comenzar a derramar Su amor sobre los demás. Podemos comenzar a amar, incondicionalmente, como Jesús lo hizo. Recibimos gratuitamente y así lo damos. (Mateo 10:8) Podemos llegar a entender lo que significa que nosotros lo amamos a Él porque Él nos amó primero. (1 Juan 4:19)

Jesús vino para gratuitamente derramar el amor de Dios a este mundo hambriento de amor, así como si alguien derramara agua sobre una tierra desértica y verla florecer. Como seres humanos, no podemos fabricar el amor; solamente lo podemos recibir y después darlo. Todo el amor es de Dios. Y por eso, Pablo ora para que nosotros seamos “arraigados y cimentados en amor”. Dios es un poeta. Él usa un lenguaje de imágenes y símbolos para traernos un punto. Su punto aquí es que somos como un árbol. Si ponemos nuestras raíces (nuestro hombre espiritual nacido de nuevo) bien profundo en el amor de Dios y las empapamos, entonces seremos sanados y fructíferos. Seremos restaurados a nuestro diseño y propósito original. ¡Es por eso que oramos para que estemos arraigados y cimentados en el amor de Dios!

Pablo también ora para que seamos “plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo”. La palabra comprender habla del entendimiento mental, de poder captar algo totalmente. El comprender las dimensiones del amor de Dios es un poco como tratar de captar totalmente las dimensiones y la profundidad de los océanos. ¡Buena suerte con eso! De todos modos, como personas nacidas de nuevo, tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2:16) ¡Así que vamos a intentarlo!

Entonces Pablo ora “que conozcamos el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento”. En otras palabras, él reconoce que nosotros nunca podremos captar en su totalidad la inmensidad del amor de Dios, pero ora para que nosotros conozcamos ese amor que sobrepasa entendimiento. La palabra “conocer” aquí significa conocer a través de la experiencia propia y la relación personal. No es una comprensión mental; es un conocimiento personal e íntimo del amor de Dios. Es algo que logras mientras caminas con el Señor día a día, año tras año. A través de las pruebas y las tribulaciones, a través de hermosos encuentros y victorias, creces más y más profundamente arraigado en Su fiel amor. Es entonces que vienes a ser un árbol de justicia. En ese momento es que puedes reclamar que realmente conoces a Dios. Es cuando puedes afirmar que eres un padre o una madre espiritual en el cuerpo de Cristo, uno que trae el amor sanador de Dios al herido y al hambriento de amor en este mundo. (1 Juan 2:12-14)

Después de orar que puedas “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, Pablo continúa, “para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”. Aparentemente hay una conexión directa entre el “conocer el amor de Cristo por una relación personal y por experiencia” y “el ser lleno con la plenitud de Dios”. Es algo de causa y efecto. ¿Quieres ser lleno con la presencia de Dios? ¿Con el poder de Dios? ¿Con Su unción? ¡Busca Su amor! ¡Ríndete a Su amor! ¡Empápate de Su amor! ¡Sé transformado por Su amor! ¡Si!

 

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Y aquí la oración termina. Dios puede hacer las cosas “mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”. Por eso… si Él puede, ¿Por qué Él no lo hace de todos modos? ¿Por qué Él no los salva a todos? ¿Por qué Él no sana a todos ahora mismo? “Según el poder que actúa en nosotros… según el poder que actúa en nosotros… según el poder que actúa en nosotros”. Bueno. ¿Dios se limita por nosotros? ¿Ha escogido Dios, en Su soberanía, el limitarse a sólo lo que puede hacer a través de nosotros? ¿Ha escogido Dios, por respeto y honor por nosotros como el pueblo de Su pacto, Su Iglesia, Su cuerpo, obrar sólo a través de nosotros de acuerdo a la medida de la fe que tenemos en Él? ¿De acuerdo a la medida de nuestra obediencia? ¿De acuerdo a la medida de Su poder que hemos buscado y recibido? Si es así, ¿no es esa la demostración de Su colaboración verdadera con nosotros? ¿De Su amor y compromiso con nosotros? ¿De Su respeto y honor por nosotros como pueblo de Su pacto? “A Él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”.

¡Es por eso, que debemos de orar por el Espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Él! ¡Es por eso, que debemos de orar por la revelación de la extraordinaria grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos! ¡Es por eso, que debemos de orar para que seamos arraigados y cimentados en amor, en la comprensión de la inmensidad de Su amor, el conocer personalmente por una relación y experiencia el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento, para que podamos ser llenos de la plenitud de Dios! ¡Es por eso, que Dios quiere que le pidas estas tres cosas todos los días!