Semillas de Verdad:Desde Génesis hasta Apocalipsis

Semillas de Verdad:Desde Génesis hasta Apocalipsis

Semillas de Verdad:Desde Génesis hasta Apocalipsis

por Mike Harding

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El texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960

Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera 1960™ es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada solamente bajo licencia.

Pastor Mike Harding

Love Gospel Church

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Semillas de Verdad: Desde Génesis hasta Apocalipsis

 

¿Cuál declaración es verdadera? (1). La Biblia fue escrita por Dios. (2). La Biblia fue escrita por aproximadamente 40 personas diferentes en un lapso de más de 1,000 años. ¿Cuál de estas es verdadera? ¡Por supuesto! Ambas respuestas son verdaderas.

 

Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. 2 Pedro 1:20-21

 

Alrededor de 40 personas diferentes fueron autores de la Biblia a través de más de 1,000 años. Ellos tenían personalidades diferentes y vivieron en tiempos muy diferentes, pero todos fueron inspirados por el Espíritu de Dios para contribuir con su parte a la Biblia. Lo más sorprendente es que la Biblia ha resultado ser un mensaje coherente e integrado, con un Autor – Dios mismo.

Hay muchos hilos o temas que se muestran a lo largo de la Biblia. La mayoría de ellos comienzan en Génesis, se desarrollan atreves de la Biblia, y finalizan en el Apocalipsis. Por esa razón, Génesis se llama un libro de “semillas de verdades”. Muchos de los temas principales de la Biblia en Génesis se presentan en forma de semilla. De las semillas en Génesis crecen y se convierten en poderosos árboles de verdad. Al final del libro del Apocalipsis, vemos el cuadro completo, el tema completamente desarrollado.

Qué sorprendente es que todos los autores humanos de la Biblia estaban desarrollando y contribuyendo a estos temas o hilos, muchos de ellos sin saber que lo estaban haciendo. ¡Es evidente que el Espíritu Santo es el verdadero autor!

¿Cuáles son los temas principales, o hilos que se desarrollan en toda la Biblia? Yo te daré siete de ellos. Probablemente esta no es una lista exhaustiva. ¡Pide al Espíritu Santo que te muestre un poco más!

Aquí están:

 

  1. Estás siendo formado en la imagen de Dios……………………………………………. página 4
  2. Fuiste creado para el dominio……………………………………………………………….. página 8
  3. Dios quiere que vivas con su bendición……………………………………………….. página 16
  4. La sangre de Jesús te redime……………………………………………………………….. página 22
  5. Tu justificación es por gracia (Abraham vs. Moisés)………………………………. página 29
  6. Eres llamado a ser la novia de Cristo……………………………………………………. página 35
  7. El sábado – el reposo del séptimo día – es la obra completa de Cristo……. página 41

 

 

1.   Estas siendo formando en la imagen de Dios

 

Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno…Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno…Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Génesis 1:11-12, 21, 24-25

 

Uno de los primeros principios que Dios nos muestra en la Biblia es que todo se reproduce según su especie. Dios lo diseñó de esa manera. Físicamente, a través de la biblioteca de información conocida como ADN, todo se reproduce y se duplica a sí mismo. Pero funciona espiritualmente también. Dios quería que entendiéramos esto. ¡Así que lo dijo DIEZ VECES antes de que nos diera el capítulo uno versículo 26 de Génesis!

 

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:26-28

 

Después de que dejó en claro que todo lo creado se reproduce según su especie, entonces Dios dijo la cosa más sorprendente: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” Dios quiere que entiendas que eres un ser muy especial e importante, creado con un propósito muy especial.

Hace muchos años, el Espíritu Santo llamó mi atención hacia dos palabras en Génesis 1:26: “hacer” y “crear”. Él me inspiro a buscar el significado de estas dos palabras y a considerar la diferencia de sus significados. La palabra “hacer” puede implicar un proceso a largo plazo o un proyecto que tiene un principio y un posible final. La palabra “crear” por lo general implica un acto inmediato. Es hecho en ese momento. Entonces, ¿por qué Dios usó estas dos palabras diferentes para hablar de la creación del hombre? Yo creo que es porque Dios primero nos creó instantáneamente a su imagen, y él quería que entendiéramos que somos seres muy especiales con un destino muy especial. Pero no había terminado con nosotros en la creación. Aún habría un proceso de conformarnos a su imagen. Sería un proceso de crecimiento, madurez y transformación. Sería un proyecto a largo plazo.

Yo no quiero decir que lleguemos a ser exactamente iguales a Dios. Dios no fue creado por nadie. Él es todopoderoso, omnisciente, eterno y auto-existente. Su nombre, más o menos traducido como Jehová, significa el “YO SOY”, el auto-existente. Es evidente que somos seres creados, que dependemos de él para siempre. Pero él nos hizo para un propósito muy especial. Existimos para convertirnos en su familia, sus seres queridos. Nosotros existimos para satisfacer su deseo de amar y ser amado. Pero nosotros no somos robots. Él nos dio libre albedrío. Podemos elegir amarlo o huir de él. Podemos optar por aceptar nuestro propósito dado por Dios, o rebelarnos en su contra. ¿Por qué él nos da una cosa tan arriesgada como el libre albedrío? Es porque el amor no tiene sentido si se impone o se requiere de ti.

Pero el libre albedrío sí causó problemas. Dios sabía que lo haría. La humanidad desobedeció a Dios rápidamente. La naturaleza del hombre cayó en pecado y se corrompió. La imagen de Dios fue dañada.

Pero Dios estaba preparado. Él tenía un plan para salvarnos, para redimirnos, para restaurarnos a su imagen. Pero tendríamos que elegir. Tendríamos que creer y aceptarlo.

Entonces podemos entender que la meta de Dios o el proyecto de “hacernos a su imagen” requiere nuestra cooperación. ¡En realidad, requiere nuestro permiso! Y si le damos nuestro permiso, si cooperamos, ¿En qué nos convertiremos? ¿Cómo seremos? Esa respuesta se encuentra en tres versículos del Nuevo Testamento:

 

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Colosenses 1:15

 

…en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 2 Corintios 4:4

 

…el cual, siendo el resplandor de tu gloria, y la imagen misma de tu sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de tu poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Hebreos 1:3

 

Todos estos tres versículos nos dicen que el hombre Jesucristo es la imagen de Dios. Si estamos destinados a ser hechos a imagen de Dios, ¡vamos a ser como Jesús! Claramente, eso no es algo que podemos hacer por nosotros mismos. Es la obra de Dios. Es el milagro de Dios. Es la gracia y el poder de Dios obrando en nosotros, si aceptamos este llamado y propósito.

Dios es una trinidad, es decir, un ser trino. Él es un ser de tres partes, sin embargo, él es Uno. Si él te hizo a su imagen, ¿entonces eres tú un ser de tres partes también? Sí, ¡lo eres!

 

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 1 Tesalonicenses 5:23

 

Eres una persona, con tu propio nombre e identidad, pero, al igual que Dios, tiene tres partes bien diferenciadas. Eres una trinidad.

¿Quién es Jesucristo? Él es la segunda Persona de la Trinidad, que vino al mundo hace dos mil años. Él nació sobrenaturalmente de una virgen llamada María. Creció como un hombre, un miembro de la raza humana a la que él mismo había creado. ¡Se hizo como nosotros, para que pudiéramos ser como él! Él murió en la cruz por nosotros y resucitó de entre los muertos. Después, él fue glorificado como un hombre, inmortal, vivo por siempre… ¡como un hombre! ¡Él es el hombre que también es Dios! Cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre…” las tres Personas de la Trinidad estaban hablando entre ellos. Dios estaba diciendo que su destino para nosotros iba a ser que fuéramos como Jesús, si aceptamos el llamado. Nos convertiríamos en su familia eterna. El rey David, quien también fue un profeta, escribió sobre esto en el Salmo diecisiete:
En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. Salmo 17:15

 

David estaba diciendo que aquellos que confían en el Señor serán resucitados, que verán su rostro, y cambiarán totalmente a su imagen en la resurrección.

El mismo pensamiento se expresa en las cartas de Pablo a los Corintios y a los Filipenses:

 

Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. 1 Corintios 15:49

 

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria tuya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Filipenses 3:20-21

 

Pero el destino de ser como Jesús no sólo se refiere a nuestro cuerpo. Se refiere en mayor parte a nuestra naturaleza y nuestro carácter. Vamos a ser como Jesús en muchos aspectos importantes. Vamos a pensar como Jesús, hablar como Jesús, amar como Jesús, vivir como Jesús, y ministrar como Jesús.

Un día, algunas personas religiosas estaban tratando de atrapar a Jesús a decir algo que pudieran usar en su contra. Ellos le preguntaron sobre el pago de impuestos al emperador romano, que era requerido pero impopular. Su respuesta fue prudente, pero también fue profética.

 

Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Más él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de tu respuesta, callaron. Lucas 20:20-26

 

Cuando Jesús preguntó de quien era la imagen en la moneda, él también estaba enseñando una lección espiritual. Si aceptas tu llamado a llevar la imagen de Dios, irás a Dios al final. Si rechazas a Dios y llevas la imagen del mundo (César), entonces perteneces al mundo caído. Vas a ir a donde va el mundo.

 

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Romanos 8:29

 

Pablo escribió que Dios predestinó a los que de antemano conoció a ser transformados a la imagen de Jesús. Yo creo que Dios nos conoció de antemano a todos nosotros, y que él nos predestinó a todos nosotros. Jesús murió en la cruz por todos nosotros. Él pagó por todos nuestros pecados. Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. (Joel 2:32, Hechos 2:21, Romanos 10:13), pero debemos llamar su nombre individualmente. Debemos creer. El evangelio debe ser predicado para que la gente pueda llamar en su nombre con fe.

En el momento en que invocas el nombre del Señor para la salvación, tu destino es activado. El Espíritu de Dios entra en tu corazón. Él comienza a trabajar para que te amoldes a la imagen de Jesús, como tú lo permitas y cooperes con él. El Espíritu Santo viene a enseñarte, a capacitarte y a transformarte.

 

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:18

 

Cada vez que pasas tiempo en oración, cada vez que pasas tiempo leyendo la Biblia, cada vez que pasas tiempo adorando al Señor, eres transformado. El Espíritu del Señor te está revelando a Jesús, revelando el corazón del Padre para ti, y transformándote a su imagen. Tú cambias de gloria en gloria. ¿Qué significa esto? Pasas de un nivel de gloria a otro nivel de gloria. Pasas de una medida de gloria a otra medida de la gloria. ¡Sucede cada vez que tienes un encuentro con Jesús!

Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno… Colosenses 3:10

Pablo nos enseña a ponernos nuestra nueva identidad aprendiendo quiénes somos en Cristo. A medida que aprendemos más acerca de Jesús, a medida que aprendemos más sobre el corazón de Dios, a medida que aprendemos más acerca de quiénes somos llamados y destinados a ser, somos renovados. Nos volvemos más conformes a la imagen de Dios, nuestro Creador.

 

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 1 Juan 3:2

El apóstol Juan escribió que “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” Cuando Jesús se revele desde el cielo en la resurrección, le veremos como él es. De inmediato seremos como él en la vida de resurrección y gloria. Sin embargo, hay otro significado de este versículo. Es el siguiente: Cada vez que vemos a Jesús como él es, llegamos a ser más como él. Cada vez que tenemos una revelación de Jesús, cada vez que tenemos un encuentro con Jesús, cada vez que vemos algo nuevo en el corazón de Dios, somos transformados. Llegamos a ser un poco más como él. Cuando lo vemos como la religión lo presenta, no cambiamos. Pero cuando lo vemos como realmente es, somos cambiados. El Espíritu Santo viene a revelarnos a Jesús, y entonces cada vez que tenemos una nueva revelación de Jesús, el Espíritu Santo nos transforma de esa manera.

¡Qué hermoso! Al final, en el libro de Apocalipsis, dice: “Veremos su rostro.” (Apocalipsis 22:4) Veremos su rostro, y seremos semejantes a él. Vamos a ser completados en su imagen. ¡Y vamos a ser su familia para siempre!

 

  1. Fuiste creado para el dominio

 

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a tu imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:26-28

 

Cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen…” y luego, “y señoree…”, estaba expresando algo de su propia naturaleza. Dios es un Dios de dominio. Cuando él nos creó a su imagen, él estaba impartiéndonos la naturaleza de dominio y autoridad. Cuando él decidió hacernos semejantes a Jesús, él estaba decidiendo convertirnos en la imagen de Aquel que calmó el mar, caminó sobre el agua y resucitó a los muertos. Jesús no era solamente un tipo realmente agradable. Él echó fuera a los demonios con una palabra, él sanó a los enfermos con un comando, y él confrontó sin temor a los religiosos hipócritas. Estamos destinados a ser como él.

Cuando Dios puso a Adán en el Jardín del Edén, él le dijo que lo “labrara y lo mantuviera.” ¿Qué significa esto? En el hebreo, “mantenerlo” significa protegerlo y velarlo. ¿Por qué sería necesario, salvo que ya hubiera un enemigo de quien protegerse? Dios dio a Adán y Eva el dominio en un lugar donde el enemigo ya estaba llegando a robar, matar y destruir. (Juan 10:10) Efectivamente, Satanás apareció en la forma de una serpiente en Génesis 3:1.

De la lectura de Génesis 1:26, es posible que te de la idea de que nuestro dominio es solo sobre “los peces, aves, vacas y reptiles”. ¿Es nuestro dominio limitado a los animales? Si fuera así, ¿por qué le dijo Dios a Adán que cuidara y protegiera el jardín? ¡Nuestro dominio era sobre enemigos espirituales también!

Dios nos diseñó para el dominio. Esta es una de las semillas de verdad, o temas, que se muestran a través de la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis. Al final del libro de Apocalipsis, vemos la humanidad gobernando y reinando con Jesús en su reino eterno.

Pero antes de eso, vemos a nuestro destino al dominio en otros libros de otros profetas:
¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de tus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra! Salmo 8

 

Salmo ocho, escrito por el rey David, es una grandiosa revelación del alto llamado del hombre a reinar y gobernar con Dios sobre su creación y su reino. El rey David, por supuesto, entendió algo acerca del llamado de Dios al dominio y la autoridad.

David escribe en el versículo tres sobre la creación de Dios: “tus cielos, obra de tus dedos.” Él las describe como “la luna y las estrellas”. En el versículo cuatro él pregunta por qué la humanidad es importante en el plan y propósito de Dios. “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” Él responde a la pregunta en los versículos cinco y seis. El verso cinco dice que fuimos hechos un poco menor que los ángeles. La palabra “ángeles” aquí es en realidad la palabra hebrea “Elohim”, es decir, seres celestiales o dioses. Se trata de una palabra en plural, pero casi siempre se traduce como “Dios” en el resto del Antiguo Testamento. (¿Sabías tú que en hebreo, “Dios” es una palabra en plural? Se refiere a la naturaleza trina de Dios.) Fuimos hechos un poco menor que Dios, o un poco menor que los ángeles. En realidad, fuimos hechos un poco menor que los ángeles en el poder y la capacidad, pero fuimos creados para estar por encima de los ángeles en nuestra posición eterna. 1 Corintios 6:3 dice que los santos “han de juzgar al mundo” y que vamos a “juzgar a los ángeles” también. Hebreos 1:14 dice que los ángeles son “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación”. Estamos destinados a ser los hijos e hijas de Dios, el cuerpo y la novia de Cristo. Los ángeles son los siervos de Dios. Así que podemos estar por debajo de ellos ahora en nuestra forma humana limitada, pero en la familia de Dios superamos a los ángeles y vamos a gobernar y reinar con Jesús para siempre.

El verso cinco dice también que somos coronados con gloria y honor. Esta es una declaración profética. Habíamos perdido la gloria y el honor en la caída. Jesús, nuestro campeón, llegó y ganó de nuevo la gloria y el honor. En un sentido profético, este versículo se aplica a Jesús primero. Él es el único hombre que merecía ser coronado de gloria y honor por Dios. Él es “el Hijo del hombre”. Sin embargo, entendemos que Jesús vino a restaurar la gloria y el honor para nosotros. ¡Los ganó de nuevo para nosotros, porque Adán y Eva los perdieron! Así que si estás en Cristo, ¡eres coronado con gloria y honor! Si no estás en Cristo, ¡todo está perdido! El versículo seis dice que Dios nos creó para tener dominio sobre todas las obras de sus manos. Dice que él ha puesto todas las cosas bajo nuestros pies. De nuevo, esto es profético de Jesús primero, y luego de nosotros. Adán y Eva fueron creados con el dominio, pero lo perdieron. Jesús lo ganó de nuevo y la restituyó a nosotros. Sin embargo, el dominio pertenece legalmente a Jesús en primer lugar. Si somos parte del cuerpo de Cristo, y parte de su novia, reinaremos con él. Estamos restaurados al dominio. Estamos aprendiendo el dominio y practicando el dominio. Estamos creciendo en el dominio a medida que crecemos en la fe.

¿Sobre qué señorearemos? “¡Sobre todas las obras de las manos de Dios!” ¿Qué ha puesto bajo nuestros pies? “¡Todas las cosas!” (Lee 1 Corintios 15:25-27 para ver que este Salmo profético se refiere a Jesús primero, y luego a nosotros en Cristo. También compara Efesios 1:22 y Efesios 2:06. Si todas las cosas están ahora bajo los pies del hombre Jesucristo, y si nosotros somos su cuerpo, ¡entonces todas las cosas también están bajo nuestros pies!)

Por si acaso piensas que este salmo está hablando sólo de “bestias y aves y peces” (versículos 7 y 8), recuerda esto: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste…” ¿Cuáles son las obras de sus dedos? “Los cielos, la luna, las estrellas…” ¿Son “las obras de sus manos” lo mismo que “las obras de sus dedos”? ¡Por supuesto que sí! Entonces, si fuimos hechos para tener dominio sobre las obras de sus manos, de la misma manera fuimos hechos para tener dominio sobre las obras de sus dedos. Fuimos creados para tener dominio sobre los cielos y las estrellas. ¡Fuimos hechos para gobernar y reinar con Jesús como su cuerpo y su novia! Si tú estás en Cristo, reinaras con él. Si no estás en Cristo, lo has perdido todo.

¿Qué sucedió cuando Jesús vino a recuperar el dominio? Podemos leer sobre esto en Lucas capítulo cuatro:

 

Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. Lucas 4:5-8

 

Satanás se acercó a Jesús para tentarlo a caer en la misma trampa que Adán y Eva. Satanás le mostró a Jesús todos los reinos del mundo, y le dijo: “A ti te daré toda esta potestad (dominio), y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada.” ¿Estaba Satanás diciendo la verdad? Sí – toda la autoridad se le había dado a él cuando Adán y Eva obedecieron a Satanás en lugar de a Dios. Adán y Eva se convirtieron en esclavos de Satanás y entregaron el dominio que Dios les había dado. (Romanos 6:16) Satanás reconoció que Jesús había venido a recuperar el dominio. Es por eso que le ofreció a Jesús un atajo – una tentación – una trampa. “Adórame y yo te lo daré.” Esa parte, como sabemos, era una mentira. ¡Pero el resto era verdad!

Jesús resistió la tentación de recuperar la autoridad adorando a Satanás. Jesús vino a recuperar el dominio, pero él lo haría obedeciendo al Padre y no obedeciendo a Satanás.

Jesús obedeció al Padre toda su vida. Luego murió por nosotros en la cruz y resucitó de entre los muertos al tercer día. Ahora mira lo que dijo Jesús después de resucitar de entre los muertos:

 

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… Mateo 28:18-19

 

Después de la resurrección, Jesús anunció: “Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra.” ¿Quién se la dio? No fue Satanás – ¡Satanás quería mantener la autoridad! Fue Dios el Padre. Dios el Padre, como un juez, le quitó la autoridad (dominio) a Satanás y se la otorgó a Jesús. ¿Por qué? Hay dos razones. Una de las razones es porque Satanás ilegalmente dio muerte a Jesús. Jesús nunca obedeció a Satanás. Él no cometió pecado. Así que Satanás no tenía derecho a dar muerte a Jesús en la cruz. La otra razón por la que Dios concedió a Jesús la autoridad se debe a que, a diferencia de Adán, Jesús obedeció al Padre perfectamente toda su vida. Entonces él murió para pagar por los pecados de la familia de Adán y Eva, la raza humana. Al morir por nosotros, él nos reconcilió a Dios y le quito a Satanás el derecho de gobernarnos.

Siempre pensé que era extraño que Jesús dijera: “Toda potestad me es dada…” Si Jesús era realmente Dios, ¿no tenía ya toda autoridad? ¿Acaso no creó los cielos y la tierra? ¿Por qué venir a la tierra y sufrir terriblemente sólo para recibir la autoridad que ya tenía? Parte de la respuesta es que él vino para recibir la autoridad como un hombre. Sí, él ya la tenía como Dios. Sin embargo, Filipenses 2:5-11 dice que Jesús se despojó de su poder divino, su ciencia divina y de su autoridad divina, cuando vino a la tierra como un hombre. Él vivió como un hombre de verdad, dependiendo de Dios el Padre en todos los sentidos. El resto de la respuesta, por supuesto, es que lo hizo por nosotros. Ganó la autoridad que Adán perdió para que nosotros pudiéramos vivir en el dominio de nuevo.

Es por eso que Jesús dijo: “Id, pues…” en el versículo 19. Él ganó el dominio de nuevo. Es de él para compartirlo contigo. Es de él para delegártelo a ti. Él estaba diciendo que si él es tú Salvador y tú Señor, entonces tú estás ahora autorizado a ir al mundo con la autoridad restaurada. Puedes ser su representante y su embajador. Tú puedes vivir en el dominio porque Dios te diseñó para el dominio.

Si estás en Cristo, eres restaurado en el dominio. Si no estás en Cristo, lo has perdido todo.

 

Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Romanos 5:17

 

El apóstol Pablo nos enseña que hemos de reinar en vida a través de Jesucristo. ¿Qué es reinar? Es lo que hacen los reyes. Ellos ordenan. Ellos viven en victoria. Caminan en autoridad. ¿Cuándo vamos a reinar? ¿Algún día en el cielo? No, aquí y ahora. En esta vida. En esta tierra. ¿Por qué podemos reinar? Es porque Jesús nos ha dado el don de la justicia delante de Dios. Es porque Jesús nos da gracia abundante. ¿Cómo podemos reinar? A través de Jesucristo. Con su nombre. Y su victoria.

¿Qué significa reinar en esta vida? Esto significa que vives en creciente victoria sobre el miedo, la depresión, la opresión, la pobreza, sobre la enfermedad y la dolencia, y sobre el pecado. Esto significa que los demonios no te detienen o te intimidan de cualquier cosa que Dios te llame a hacer. Te das cuenta de que Satanás está derrotado y vives en esa victoria.

Romanos 5:17 describe dos cabezas sobre la raza humana. Adán fue la primera cabeza. Adán cayó, y todos los nacidos bajo el primer Adán nacen en su caída, su esclavitud, su naturaleza pecaminosa, y su condenación. Jesús es la segunda cabeza, o “el último Adán”. (1 Corintios 15:45) Todos los nacidos en la familia de Dios a través de Jesús reciben la victoria de Jesús, el dominio de Jesús, la naturaleza divina de Jesús y la justicia de Jesús. Si estás en Cristo, reinarás. Si no estás en Cristo, lo has perdido todo.

 

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Romanos 8:15

 

En Romanos 8:15, Pablo identifica a las dos naturalezas espirituales que se encuentran en la raza humana en estos momentos. Si no eres nacido de nuevo, tienes el “espíritu de esclavitud”, y eres controlado por el miedo. Esclavitud significa cautiverio. Si no has aceptado a Cristo, sigues siendo un esclavo del pecado y de Satanás. Es parte de tu naturaleza caída. En un nivel espiritual, eres motivado y controlado por el miedo. Así es como funciona el reino de Satanás. Satanás controla a las personas con el miedo y la mentira. Dios motiva a la gente con amor y verdad.

Si has nacido de nuevo, entonces has recibido el “Espíritu de adopción por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”. ¿Qué significa eso? El Espíritu de adopción es el Espíritu Santo. El entra y renueva tu corazón en el nuevo nacimiento. Tienes una naturaleza nueva. Tienes la naturaleza de un hijo, no de un esclavo. Algo dentro de ti ahora grita: “¡Papá, Abba, Padre!” Ya no eres un esclavo. No tienes una naturaleza de esclavo. Tu es un hijo. Tienes una naturaleza de dominio. Ya no tienes que ser controlado o motivado por el miedo. Dios te trata con amor y verdad. Satanás está bajo tus pies.

Cuando Pablo dice, “no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor”, se está refiriendo a cuando Israel estaba en condiciones de esclavitud en la tierra de Egipto. Esto fue en el final del libro de Génesis y el comienzo del libro de Éxodo. Israel había ido a Egipto en una época de hambre. Ellos encontraron provisión en Egipto, pero después de varias generaciones terminaron en esclavitud bajo el Faraón de Egipto. Generaciones de israelitas nacieron y se criaron en la esclavitud. Tenían una mentalidad de esclavos. Ellos tenían una identidad de esclavitud.

Dios levantó a un hombre llamado Moisés para sacar a Israel de Egipto hacia la Tierra Prometida. Juicios sobrenaturales en contra de la tierra de Egipto convencieron al Faraón para liberar a los israelitas. Israel siguió a Moisés fuera de Egipto y se fueron a la frontera de la Tierra Prometida. Dios dijo a Moisés que enviara 12 espías para ver la tierra y traer de vuelta un informe. Cuando los 12 espías regresaron, dos de ellos dijeron: “Dios nos ha dado la tierra.” Sin embargo, diez de ellos dijo: “No podemos tomar la tierra. Los enemigos son demasiado grandes para nosotros. Vamos a morir aquí.” Israel cayó en el miedo y se negó a tomar la tierra que Dios les había mandado.

La respuesta de Dios fue la siguiente: Todos los de esta generación van a vagar por el desierto durante cuarenta años. Todos ellos morirán en este desierto, a excepción de los dos espías que dieron un buen informe. Después de cuarenta años, la próxima generación podrá entrar y tomar la tierra. (Números 14:26-38)

¿Por qué Dios tuvo que hacer esto? Es porque la primera generación que salió de Egipto tenía una mentalidad de esclavos. Tenían un carácter de esclavos. No podían verse a sí mismos como hijos de Dios o como conquistadores. Ellos fueron controlados por el miedo. La mentalidad de esclavo tenía que morir. Una nueva generación tuvo que crecer sin una mentalidad de esclavos. Ellos sí serían capaces de creer en Dios y conquistar la tierra.

Es por eso que Pablo dijo: “No habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor.” Él estaba diciendo que, como cristianos, hemos sido liberados de la vieja naturaleza de esclavos. Ya no estamos para ser controlado por el temor. Somos más que vencedores en Cristo Jesús. Somos hijos e hijas, motivados por el amor de Dios y la verdad. Vamos a reinar con Jesús. Viviremos en el dominio.

 

Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará.

2 Timoteo 2:12

 

Desde Génesis hasta el Apocalipsis, vemos esta semilla de verdad, esta revelación de la llamada al dominio. Pablo dijo a Timoteo: “Si sufrimos, también reinaremos con él…” Es nuestro destino.

En el libro de Apocalipsis, vemos este tema completamente desarrollado. Lo vemos realizado y cumplido:

 

No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. Apocalipsis 22:5

 

¡Aleluya!

 

Liberación del temor

 

Vivir en el dominio significa también vivir en victoria sobre el miedo. Echemos un vistazo a unos versos, otra semilla de verdad – que va desde Génesis hasta Apocalipsis:

 

Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Génesis 3:10

 

¿Sabías tú que Adán nunca sintió o experimentó el miedo hasta después de haber pecado? El miedo nunca fue parte de su naturaleza o su relación con Dios. Dios nunca quiso que el hombre sintiera, experimentara o fuera controlado por el miedo.

Pero después de la caída, Adán inmediatamente sintió miedo. Esto significa que el miedo se había convertido en parte de su naturaleza. Había contagiado su espíritu. De su espíritu, también infectaría su mente y su cuerpo. Sus emociones y pensamientos pronto serían habitualmente controlados por el miedo – todo a causa de la caída. Adán había caído bajo la autoridad de Satanás. El miedo infectaría y controlaría toda la raza humana. El miedo viene de Satanás. El amor viene de Dios. Mentiras vienen de Satanás. La verdad viene de Dios.

 

Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos. Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás, y de temor, porque no se acercará a ti. Isaías 54:13-14

 

A través del profeta Isaías, Dios prometió una liberación del miedo. En Isaías 54:14, Dios dijo que con justicia serás adornada. Esto significa que él nos redime del control de Satanás. Él nos perdona y nos da el don de justicia delante de Dios. Y él nos establece en la justicia. Esto significa que estaremos tan llenos de la realidad de nuestra condición de justos delante de Dios, por medio de Jesucristo, que no temeremos más. Cuando sabes que Dios te ama, te acepta y apoya, entonces el miedo pierde su control sobre ti. Cuando naces de nuevo y tienes un nuevo espíritu, una nueva naturaleza justa, ya no tienes un carácter miedo. Ya no tienes un espíritu de temor.

Dios también dijo en el versículo 14 que “estarás lejos de opresión, porque no temerás…” Esto no tiene sentido para la mente natural. Tendría sentido si Dios hubiera dicho: “Yo te protegeré de la opresión, y después tú no tendrás que temer.” Pero eso no es lo que Dios dijo. Él dijo: “Estarás lejos de opresión, porque no temerás…” Esto significa que Dios cambiará tu naturaleza del miedo a la fe. Se te afianzará en la justicia, y no temerás. “El justo está confiado como un león…” (Proverbios 28:1) Dios está diciendo que, debido a que no temerás, ¡la opresión se mantendrá lejos de ti! El miedo permite que el enemigo te persiga. Si no temes, tu fe te trae la protección de Dios ¡y el enemigo no tiene poder sobre ti!

Zacarías también profetizó de nuestra liberación del miedo, después del nacimiento de su hijo Juan el Bautista:

 

Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a tu pueblo, Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David tu siervo, Como habló por boca de tus santos profetas que fueron desde el principio; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de tu santo pacto; Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. Lucas 1:67-75

 

Zacarías dijo en el versículo 74 que seremos liberados de la mano de nuestros enemigos. Por la redención y perdón de Dios, Satanás no tiene autoridad sobre nosotros. ¿Por qué Dios hizo esto? Para que “Sin temor le serviríamos…todos nuestros días.” ¿Cómo podemos servirle sin temor? Es porque, según el versículo 75, somos hechos justos y santos delante de Dios por la obra completa de Cristo.

 

Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:6-7

 

¿Qué significa este versículo? Dios no te ha dado un espíritu de cobardía. Ya no tienes un carácter de miedo. Ya no eres un esclavo del pecado o de Satanás. Tú eres un hijo de Dios. La gente no salva, por naturaleza, son esclavos del miedo. Pueden ocultarlo, pero está en el centro de su ser. Ellos no pueden escapar. Ellos no pueden cambiar.

Pero tú has nacido de nuevo. Tu espíritu es nuevo. Tu espíritu ahora tiene la naturaleza de Dios. Vives por el amor y la verdad. Debido a que tienes una naturaleza justa, estás llegando a ser tan valiente como un león. Tu nueva naturaleza espiritual, como un hijo de Dios, es uno de fortaleza, de amor y una mente sana y saludable.

A medida que aprendas la palabra de Dios, a medida que renueves tu mente, vas a superar el miedo en tus pensamientos y en tus emociones. Incluso tu cuerpo va a ser sanado de los efectos del miedo, preocupación y ansiedad. El miedo, que es un malvado enemigo de Dios, ya no podrá controlarte. Vas a ser más que un conquistador y vencedor a través de Jesucristo.

 

En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 1 Juan 4:17-19

 

El miedo es de Satanás. El amor es de Dios. Cuanto más cerca estés a Satanás, más serás controlado por el miedo. Cuanto más cerca estés de Dios, más serás influido por el amor. A medida que eres transformado en la imagen de Dios, serás “perfeccionado en el amor”. Esto significa que tu corazón y tus motivos serán todos llenos del amor de Dios. Tu mente y tus pensamientos serán todos llenos del amor de Dios. Tu carácter y naturaleza manifestarán el amor de Dios.

A medida que te perfeccionas en el amor de Dios, todos tus miedos se desvanecen. Incluso el temor del juicio final va a desaparecer. Tendrás la confianza de que Dios te ama y que estás parado justo y limpio delante de Dios por el sacrificio perfecto de Jesucristo. También te darás cuenta de que “tal como él es, también eres tú en este mundo”. Eres un hijo o hija de Dios. Eres un embajador del reino de los cielos. Tú eres parte del cuerpo de Cristo. Tú representas a Jesús al mundo. Tú no vas a enfrentar el juicio. Jesús ya tomó tú juicio en la cruz. No hay más juicio para ti. Tú estás completamente perdonado, completamente justificado, completamente aceptado y completamente justo delante de Dios. Tú no estás tratando de llegar al cielo. Tú ya eres un ciudadano del cielo y un embajador del cielo. Tú estás trayendo el cielo a la tierra, como Jesús lo hizo. Tú ya estás viviendo en la vida de resurrección. La cruz está detrás de ti.

Tú reconoces que el miedo y el amor son de dos reinos diferentes. Uno es luz y el otro es oscuridad. No hay temor en el amor. Ellos no se mezclan. Dios usa el amor. Satanás usa el miedo. A medida que te acercas a Dios, el miedo es echado fuera de tu vida. A medida que te llenas con el amor de Dios, el miedo pierde su poder sobre ti. Tú ya no eres motivado por el miedo, y ya no usas el miedo para motivar a los demás. Tú ministras y motivas a las personas con el amor de Dios y la verdad.

No temes el castigo, porque Jesús ya tomó todo tu castigo. No motivas a otras personas con el miedo al castigo. Tú hablas la verdad en amor.

Tú amas a Dios ahora, porque él te amó primero. Tú no amas a Dios porque se te ordena. Tú reconoces que el amor forzado era parte del Antiguo Pacto, el pacto de la ley. Fue un pacto diseñado para revelar nuestra necesidad, no para salvarnos. En el Nuevo Pacto, recibes gratuitamente el amor de Dios con un corazón abierto. A medida que Dios llena tu corazón con su amor, también comienzas a amarle a cambio. También comienzas a amarte a ti mismo de una manera saludable. También comienzas a amar genuinamente a tu familia y tus amigos y tus vecinos con el desbordamiento del amor de Dios en ti.

Ya no vives en el miedo. El miedo puede tratar de atacarte de vez en cuando, pero tú lo superas. Tú lo ves como un espíritu enemigo derrotado. Tú vives en el dominio con Jesucristo, y eres motivado por su amor.

 

Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. Apocalipsis 21:8

 

Al final, el pueblo de Dios ha sido totalmente redimido del miedo y han superado el miedo a través del amor de Dios y su dominio restaurado. Aquellos que murieron con una naturaleza caída, con una naturaleza miedosa, como esclavos del pecado y de Satanás, han perdido todo. Los que están en Cristo han ganado todo.

 

  1. Dios quiere vivas con su bendición

 

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:26-28

 

A menudo pensamos en la bendición de Dios como una recompensa. Creemos que si hacemos el bien, Dios nos bendecirá. Pero ¿cuando Dios bendijo a Adán y Eva? ¡Fue lo primero que hizo después de que él los había creado! Adán y Eva no habían hecho nada aún por lo que él podía recompensarlos. ¡La bendición de Dios no era una recompensa, sino que era una capacitación! ¡Lo primero que hizo Dios después de haber creado al hombre a su propia imagen fue bendecirlo! La bendición de Dios es una necesidad para la humanidad. Necesitamos su bendición. No fuimos diseñados para vivir en forma independiente de la gracia de Dios. Fuimos diseñados para vivir con su bendición.

La bendición de Dios es también una revelación del corazón de Dios. Si lo primero que hizo fue bendecirlos, entonces es claro que Dios es un Dios de bendición. Su naturaleza es bendecir. Su corazón es un corazón de bendición. ¡Fue lo primero que hizo! Él no esperó un día o una hora o un minuto. ¡Él los bendijo inmediatamente! Él no les hizo realizar o pasar una prueba. ¡Él sólo les bendijo! La bendición fluye desde el corazón de Dios para toda su creación, y en especial a las personas que él ha creado a su imagen.

¿Qué es la bendición de Dios? Es su favor y su gracia. Es salud y prosperidad. Es el éxito, la felicidad y la plenitud. Es dirección, sabiduría y poder. Dios define la bendición diciendo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread…” ¡Así que la bendición es la eficacia, el éxito, la multiplicación, la victoria, el dominio y señorío!

¿Cómo impartió Dios la bendición? ¡Habló palabras! “Dios los bendijo, diciendo…” Dios habló la bendición, y el Espíritu de Dios vino y activó la bendición.

 

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Génesis 3:17

 

También tendemos a pensar que la maldición es un castigo por la desobediencia. Es cierto que la desobediencia trajo la maldición, pero en realidad la maldición no era un castigo. Era una consecuencia. Dios no es un Dios de castigo, sino que él es un Dios de consecuencias. Antes de la caída, Adán y Eva estaban en armonía con Dios. Ellos estaban de acuerdo con Dios. Ellos estaban conectados y en relación correcta con Dios. La bendición fluía del corazón de Dios para sus vidas. Pero después de su desobediencia, ellos estaban fuera de alineación con Dios. La conexión se había roto. La alineación se había roto. El flujo de la bendición se había perdido. Satanás había ganado una entrada en sus vidas, y el mal produciría una maldición. El deseo de Dios no es castigar, sino redimir. Dios no es realmente un Dios de castigo, pero es un Dios de consecuencias, y estas consecuencias fueron muy malas. La maldición no era un castigo que se tenía que soportar, sino una consecuencia, una pérdida de la alineación que necesitaba ser arreglada. Algo se había perdido que necesitaba ser restaurado, porque Dios es un Dios de bendición. Es su plan y su naturaleza.

 

Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra… Génesis 9:1

 

Después de la caída, la raza de Adán llegó a ser tan corrupta que la inundación fue la única respuesta. Dios tenía que extirpar el creciente cáncer del pecado y tratar de poner en marcha un nuevo comienzo. Él eligió a un hombre llamado Noé y su familia. Inmediatamente después de la inundación, ¿qué hizo Dios? Lo primero que Dios hizo fue bendecir a Noé y a sus hijos. Era un nuevo comienzo. Dios puso una bendición fresca en su hombre de pacto, porque así es como Dios nos diseñó para vivir.

Pero la semilla del pecado todavía estaba en Noé y en su familia. La gente comenzó a multiplicarse sobre la tierra otra vez, pero el cáncer del pecado también creció y se multiplicó. Así que el Señor miró a otro hombre para ser su amigo y compañero de pacto. Dios eligió a Abraham. A través de la simiente de Abraham (Jesucristo), Dios intentó eliminar la maldición completamente y restaurar bendición para siempre.

 

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Génesis 12:1-3.

 

Dios encontró un amigo y un nuevo socio de pacto en Abraham. Dios reveló su corazón y su naturaleza de nuevo al declarar de inmediato una bendición sobre Abraham. Dios quería traer la bendición a la tierra. Dios quería bendecir a la gente que hizo en su propia imagen.

Dios revela a través de Abraham otra parte de su plan para nosotros: “Te bendeciré…y serás bendición.” Dios iba a bendecir a su hombre del pacto y convertirlo en una bendición para otros. El deseo de Dios es que tengamos un corazón como su propio corazón – un corazón de bendición. Dios quiere bendecirnos (a su pueblo del pacto) y hacernos una bendición para otros. Sin embargo, todas las bendiciones fluyen de Dios. Tú no puedes llegar a ser una bendición si no recibes las bendiciones de Dios. ¡Tú no puedes dar lo que no tienes!

Dios también le dio a Abraham una promesa increíble – ¡la promesa del Mesías! Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Esta fue la promesa de que Jesucristo el Salvador nacería como descendiente de Abraham, el amigo de Dios. ¿Y cómo expresó Dios su promesa? ¡En el lenguaje de bendición! “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” El plan de Dios era que Jesucristo revertiría la maldición por completo y restauraría la bendición “a todas las familias de la tierra”. Esta es la “bendición de Abraham” para cualquier persona que quiera recibir la salvación de Jesucristo.

Pero Dios también menciona una maldición para aquellos que maldicen a Abraham. Esto era el lenguaje de pacto: “Tu amigo es mi amigo. Tu enemigo es mi enemigo.” Pero echemos un vistazo a esta idea un poco más de cerca:

 

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; Mateo 5:44

 

Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Romanos 12:14

 

A pesar de que Dios dijo a Abraham que él  maldeciría a los que maldijeran a Abraham (lenguaje de pacto), el verdadero corazón de Dios es bendecir. Jesús nos enseñó a bendecir incluso a aquellos que nos maldicen, porque esto es el corazón de Dios. Dios, básicamente, dijo, “Estoy dispuesto a maldecir a tus enemigos, porque este es tu derecho en el pacto. Pero mi corazón es realmente un corazón de bendición. ¿Cederías tu derecho a maldecir a tus enemigos? ¿Quieres estar de acuerdo conmigo y bendecir incluso a tus enemigos? ¿Podrías orar por su salvación? ¿Les perdonarías y les desearías la misma salvación que tú tienes? Entonces tú estarás realmente de acuerdo con el corazón de Dios. ¡Entonces sí mostrarás que eres un hijo de Dios!”

Cuando bendecimos a la gente en lugar de maldecirlos, impartimos más de la gracia y el poder de Dios. Cuando bendecimos en lugar de maldecir, afectamos el destino de la gente. El Espíritu de Dios puede obrar en sus vidas para salvarlos, en lugar de destruirlos. Este es el verdadero deseo de Dios. De esta manera, revelamos el corazón de Dios. De esta manera, realmente trabajamos en sociedad con él.

¿Cómo bendecimos? Hablamos palabras de perdón y bendición, y el Espíritu de Dios respalda nuestras palabras. ¿Cómo maldecimos? Hablamos palabras de acusación y juicio, y los demonios son atraídos y activados por nuestras palabras.

 

Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren. Génesis 27:26-29

 

En algún lugar en Génesis, en la historia temprana del hombre, se convirtió en una costumbre que los padres bendijeran a sus hijos, especialmente el hijo primogénito. ¿Por qué hacían esto? Ciertamente sabían que Dios había bendecido a Adán y Eva, y a Noé y Abraham. Probablemente estaban imitando a Dios y siguiendo su ejemplo. ¡Eso es una buena cosa! ¿Por qué había una bendición especial para el primogénito? El hijo primogénito era un símbolo profético de Jesús. Jesús es el Hijo unigénito de Dios, y el “primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29)

Esta bendición era tan importante y poderosa que Jacob, el hijo de Isaac, engaño tanto a su hermano primogénito como a su padre para conseguirla. Dios no aprobó la manera de Jacob de obtener la bendición. Sin embargo, Dios amó que Jacob valoraba la bendición lo suficiente para ir tras de esta. El hermano primogénito de Jacob, Esaú, no valoraba la bendición y la vendió por un plato de guisado.

¿Cómo fue impartida la bendición? ¿Cómo fue activada? La bendición se impartió por la palabra hablada, la palabra profética del Espíritu de Dios.

 

Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré. Números 6:22-27

 

Incluso bajo el pacto de la ley, el que trajo una maldición por la desobediencia, ¡Dios quería que su pueblo fuera bendecido! No es la naturaleza de Dios maldecir. Su naturaleza es bendecir. Dios estaba tratando de luchar contra la maldición con su bendición. ¡Esa sí es gracia! Pero necesitaba a sus sacerdotes para ayudarlo. Dios realmente instruyó a los sacerdotes a bendecir regularmente al pueblo de Israel. ¿Cómo iban a hacerlo? Dios les dijo que hablaran la bendición sobre ellos. Dios quería bendecir a Israel, pero necesitaba que los sacerdotes hablaran la palabra de bendición. Entonces Dios los bendeciría. ¡Entonces el Espíritu Santo podría venir y activar la bendición para ellos!

Los pastores y líderes en el cuerpo de Cristo deben bendecir a sus iglesias y a sus congregaciones en la actualidad. Los pastores y los ministros deben impartir la bendición de Dios sobre la iglesia con regularidad, ¡porque Dios quiere bendecir a la gente y él necesita tus palabras de fe para impartir esa bendición! No hables maldiciones sobre la iglesia de Dios. El corazón de Dios no es un corazón de juicio, acusación o castigo. El corazón de Dios es para bendecir, sanar, redimir y transformar. ¡Habla la bendición! ¡Imparte la bendición!

 

Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió. 1 Crónicas 4:9-10

 

En 1 Crónicas capítulo cuatro, leemos acerca de un hombre llamado Jabes que se hizo famoso por una cosa: le pidió a Dios por su bendición. ¿Cómo sabía Jabes que podía hacer eso? ¿Qué le inspiró a orar esta oración? Jabes sabía que Dios había bendecido a Adán, a Noé y a Abraham. Y Jabes sabía acerca de la bendición sacerdotal. Jabes discernió la naturaleza y el corazón de Dios. Jabes sabía que Dios es un Dios de bendición.

Muchos de nosotros pensamos que pedirle a Dios su bendición es egoísta. Pero Jabes sabía mejor. Jabes oraba así: “¡Oh, si me dieras bendición!” ¿Qué significa eso? Significa: “¡Bendíceme mucho! La bendición extra-grande, ¡por favor! ¡Bendíceme como bendijiste a Abraham! Yo soy tu amigo también. ¡Yo soy tu hombre de pacto también! Hazme prosperar y estar bien de salud. ¡Enséñame y llévame y guíame y concédeme el éxito y la victoria por tu gracia y favor en mi vida!”

También pidió a Dios que ensanchara su territorio. ¿Qué significa eso? Para Jabes, probablemente significaba más tierra – un pedazo más grande de la Tierra Prometida. Para nosotros, hoy, significaría una mayor influencia, un ministerio más grande, con más fruto.

También oró para que la mano de Dios estuviera con él. Él estaba pidiendo el favor y la gracia. Él estaba pidiendo que la unción y el poder del Espíritu Santo estuvieran con él. Él estaba pidiendo dirección y sabiduría.

También oró para ser guardado del mal: “y me libraras de mal, para que no me dañe…”

La Biblia dice que Dios le concedió su petición. ¡Dios no se enojó con él por toda la bendición que pidió! A Dios le gusta cuando entendemos su corazón. Y no fue una oración egoísta. ¿Te acuerdas de Abraham? Dios dijo: “¡Yo te bendeciré… y serás una bendición!” Dios quiere traer la bendición a la tierra. ¡Tú no puedes compartir lo que no has recibido! ¡Jabes sabía eso!

 

Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

Marcos 10:13-16

 

Todos los padres desean que sus hijos sean bendecidos. Y Jesús quería bendecirlos. ¡Fueron los discípulos de Jesús que no entendieron esto! ¿No es eso extraño? Los discípulos de Jesús pensaron que Jesús tenía cosas mucho más importantes que hacer como para bendecir a algunos niños pequeños. ¡No se acordaron de Génesis 1:28!

Jesús enseñó a sus discípulos que el reino de Dios es para las personas con corazón de niño. (¡El cielo es realmente un lugar muy divertido!) Las personas que son demasiado serias no saben cómo recibirlo o disfrutarlo. El reino de Dios es un regalo, no una recompensa. Es recibido por la fe, no se gana.

¿Cuál es la bendición que los padres querían para sus hijos pequeños? Ellos querían el Espíritu de Dios sobre ellos. Ellos querían que se les asignaran ángeles. Ellos querían favor, gracia, protección, éxito, dirección, sabiduría, salud y prosperidad.

¿Cómo impartió Jesús la bendición sobre los niños? (Presta atención – esto es un principio importante del reino.) Cristo puso las manos sobre ellos e impartió el Espíritu Santo sobre ellos. Y entonces él habló unas palabras sobre ellos. Es probable que él hablara bendiciones generales y promesas de la Biblia sobre ellos. Es probable que también hablara palabras proféticas individuales para cada niño con respecto a sus llamamientos y sus destinos. También los tomó en sus brazos. (Presta atención – esto también es un principio importante del reino.) ¡Los amó! ¡Él les mostró afecto! ¡Haz esto por tus hijos también! Y si tú eres un pastor o un líder de la iglesia, ¡hazlo por todos los niños pequeños en tu iglesia! ¡Jesús lo hizo!

 

Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Lucas 3:21-22

 

En este pasaje de Lucas tres, vemos lo que se llama la bendición del Padre. Jesús recibió públicamente la bendición del Padre. ¡Cada hijo e hija necesita esto! Nuevamente, esto no es una recompensa. Esto es una capacitación. Se trata de un padre dando abiertamente amor, aprobación, aceptación y la identidad a su hijo o hija. Todos los niños necesitan esto. Cada padre debe hacer esto para cada uno de sus hijos.

Si tú eres un pastor o un líder espiritual, tú puedes hacer esto por tus hijos espirituales y los miembros de tu iglesia. Ellos prosperarán y crecerán fuertes bajo tu bendición. Si no reciben tu bendición, no se sentirán queridos, aceptados o aprobados. No van a crecer muy bien.

¡Y Dios quiere hacer esto por ti! Pasa algún tiempo con el Padre. Pídele que le hable a tu corazón. Pídele que te muestre su amor por ti. ¡Él lo hará! ¡La bendición del Padre va a cambiar tu vida y tu ministerio!

 

Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Lucas 24:50-51

 

Cuando Dios hizo a Adán y Eva a su imagen, los bendijo. Y él les dio una comisión: multiplicarse, ser fructíferos, y llenar la tierra. Después de que Jesús fue resucitado de entre los muertos, sus seguidores habían nacido de nuevo a su imagen. Y Cristo los bendijo y les dio una nueva comisión: predicar el evangelio y hacer discípulos a las naciones. En otras palabras, multiplicarse y llenar la tierra… espiritualmente.

Jesús instituyó el Nuevo Pacto. Y ¿qué hizo justo antes de regresar al cielo? Levantó las manos y los bendijo. Él restauró la bendición. (¿Sabes lo que la última palabra del Antiguo Testamento es? La última palabra es “maldición”.) Jesús restauró la bendición en el Nuevo Pacto, al igual que en Génesis 1:28. La bendición no es una recompensa. Es una capacitación. Es un regalo. Necesitamos esta bendición. ¡Tenemos una gran comisión que cumplir! Y el corazón de Dios es para bendecirnos. Es su naturaleza y su deseo.

 

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo… Efesios 1:3

 

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Gálatas 3:13-14

 

Había la maldición de la caída y la maldición de la ley. La maldición de la caída vino del pecado de Adán y Eva. La maldición de la ley provino de no obedecer las leyes de Dios bajo el pacto de Moisés. Jesús nos redimió de las dos maldiciones en la cruz. La inversión total de la maldición de la caída se verá en su segunda venida, cuando recibamos cuerpos resucitados e inmortales. Sin embargo, ¡la reversión de la maldición de la ley es para ahora! Jesús tomó la maldición en la cruz – en realidad él se convirtió en una maldición por nosotros – para que pudiéramos recibir la bendición de Abraham en Cristo Jesús. Abraham fue declarado justo delante de Dios porque él creyó en la promesa de Dios. (Génesis 15:6. Ver Abraham vs. Moisés) Abraham fue bendecido ricamente, no por su actuación, no porque guardara las leyes o mandamientos, sino porque estaba en pacto con Dios. Abraham recibió la promesa de Dios y la gracia de Dios por la fe. En Cristo, nosotros podemos tener la misma bendición.

Haz lo que hizo Jabes. No trates de calificar para la bendición de Dios. No es una recompensa. Se trata de una capacitación. Jesús ya te calificó. Sólo pide a Dios por sus bendiciones. Pide con un corazón de niño. ¡Pide todos los días! ¡Más bendición, Señor! ¡Bendíceme a mí y hazme una bendición, al igual que Abraham!

 

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán. Apocalipsis 22:1-3

 

En el final del libro, en el final de la historia del hombre, la bendición está completamente restaurada. La maldición se habrá ido para siempre. No más maldición. ¡Así Dios lo quiere! Adán, el primer hombre, trajo la maldición, pero Dios se hizo hombre y venció la maldición en una cruz romana. ¡Él restauró la bendición para siempre!

  1. La sangre de Jesús te redime

 

Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

Apocalipsis 13:8

 

Con el fin de entender por qué el mensaje de la sangre de Jesús comienza en el libro de Génesis, debemos ver primero en el libro del Apocalipsis. El apóstol Juan escribió que el Cordero de Dios, Jesús, fue inmolado desde el principio del mundo. ¿Qué significa esto? Esto significa que antes de que Dios creara los cielos, la tierra, los ángeles o a Adán y Eva, Jesús ya había sido crucificado. ¿Cómo puede ser eso? Ya había sido hecho en el corazón y la mente de Dios. Ya había sido planeado y realizado en la mente de Dios. Dios había planeado todo esto. Él sabía que Lucifer se rebelaría, aunque Dios no le hizo rebelarse. Dios sabía que Adán y Eva iban a caer, aunque él no los hizo caer. Dios ya había planeado, en la eternidad pasada, para dar a luz lo que ahora llamamos la iglesia, los hijos de Dios, el cuerpo de Cristo, y la novia de Cristo. Dentro de la Trinidad, la encarnación ya estaba prevista y acordada. La segunda Persona de la Trinidad se convertiría en un hombre, Jesús el Mesías, nacido de una virgen. Dentro de la Trinidad, la crucifixión y la resurrección ya estaban previstas y acordadas. Jesús tomaría los pecados del mundo sobre sí mismo. Él derramaría su sangre – sangre humana inocente – para pagar por el pecado humano y satisfacer la justicia de Dios. Él resucitaría de entre los muertos y daría el perdón a quien creyera en él.

Y creó Dios los cielos y la tierra. Y Dios creó el tiempo mismo. El tiempo tiene un principio y un fin. Fuera del tiempo esta la eternidad, donde Dios vive (Isaías 57:15). Dios puede mirar en el tiempo de cualquier dirección en la eternidad. Él puede ver el comienzo del final. Él puede ver desde el principio hasta el fin. En algún lugar de la línea de tiempo de la raza humana – hace dos mil años desde donde estamos ahora – Dios colocó la cruz. Dios escogió el momento en la historia en que él nacería en la tierra como el hombre Jesucristo. Él eligió el momento en el tiempo, donde sería crucificado y resucitado. Él se preparó para ese momento con mil años de profetas y profecías. Esos profetas y profecías predijeron cientos de detalles del nacimiento, vida, ministerio, crucifixión, resurrección, la segunda venida y el reino eterno de Jesucristo.

Había dos razones por las que Dios dio todas esas profecías detalladas de la vida de Jesucristo. La primera razón fue para que el mundo reconociera al Mesías cuando él vino – para que reconocieran el tiempo elegido por las señales. Sólo el hombre que cumpliera con todas las profecías podría ser el Mesías. Jesús es ese hombre.

Pero había otra razón por la cual Dios preparó el camino con cientos de profecías sobre la vida del Mesías. ¡La razón es que Jesús necesitaría un mapa del camino para su propia vida y ministerio!

Cuando la segunda Persona de la Trinidad nació en la tierra a través de la virgen María, vino como un bebé. Él vino a vivir como un hombre. Él se despojó de su conocimiento y poder como Dios. Filipenses 2:5-7 dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.” El versículo dice que “se despojó a sí mismo”. Esto significa que él se despojó de su conocimiento y poder divinos. Él llegó a ser el segundo Adán – a vivir como un hombre en obediencia al Padre – y a no cometer el mismo error que el primer Adán hizo.

Esto significa que el niño Jesús que estaba acostado en el pesebre no sabía que él era Dios. El niño Jesús no sabía que él era Dios. No sabía que él era el Mesías. No sabía que había nacido para morir en una cruz. Cuando era niño, él probablemente sólo sabía que tenía comunión con Dios de una manera que otras personas no la tenían. ¡Él sabía que era diferente! ¡Y su madre también sabía algunos secretos que el ángel Gabriel le había dicho!

Como un niño judío, Jesús comenzó a leer las Escrituras. Mientras leía, el Espíritu Santo comenzó a hablar con él a través de las Escrituras. El Espíritu Santo le estaba dando la revelación y la iluminación a través de las profecías. Jesús comenzó a identificarse en las profecías. Empezó a comprender quién era él. El Espíritu Santo le estaba enseñando. Descubrió su destino. Él vio que él era Dios encarnado. (¿Cómo te gustaría estar leyendo la Biblia y saber que tú eres Dios? ¡Qué gran sorpresa!) Él vio que él era el Mesías prometido. Leyendo pasajes como Isaías 53 y Salmo 22, él vio que iba a morir en una cruz y derramar su sangre por los pecados de la raza humana. Como hombre, ¡él tuvo que vivir y seguir su destino puramente por fe en la Palabra escrita de Dios! (Jesús modeló para nosotros la manera de encontrar nuestra identidad y nuestro destino por la lectura y la obediencia a la Biblia. ¡El Espíritu Santo nos ayudará!)

Después de su resurrección, después de su victoria, él fue restaurado a su divinidad – o sea, a sus capacidades y facultades divinas. Pero también seguía siendo plenamente humano. Jesús sigue siendo humano. Después de regresar al trono en el cielo, él no se quitó el viejo cuerpo humano para tirarlo a la basura. ¡Dios se hizo hombre para siempre! Se trata de un compromiso eterno. Sentado a la diestra del Padre en este momento es un hombre, ¡nuestro Hermano mayor!

Por lo tanto, si entendemos que el Cordero de Dios fue inmolado desde la fundación del mundo, entonces podemos entender cómo el mensaje de la sangre de Jesús comienza en Génesis. ¡Todo había sido previsto!

 

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

 

Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.

Génesis 3:7, 21

 

Tan pronto como Adán y Eva habían caído en el pecado, trataron de cubrirse con hojas de higuera. Esto es simbólico de la religión. A través de la religión – a través de ceremonias y rituales y buenas obras – tratamos de cubrirnos. Nosotros tratamos de arreglar lo que rompimos. Pero no funciona.

Dios vino e hizo algo muy extraño. Vistió a Adán y a Eva con la piel de un animal. ¿Por qué es extraño? Es porque, hasta este momento, no había habido ninguna muerte. ¡Y los animales no renuncian voluntariamente su piel! Dios mató a un animal – un animal inocente – con el fin de cubrir a Adán y Eva. ¡La sangre inocente fue derramada a causa del pecado humano!

De esta manera, Dios estaba diciendo simbólicamente que el animal representaba cómo Jesús vendría y derramaría su sangre para que nuestros pecados fueran cubiertos. Es muy sencillo: las hojas de higuera representan la religión. Pero sólo la sangre de Jesús nos puede redimir. Esto se comprueba en el libro de Hebreos:

 

Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Hebreos 9:22

 

¿Sabía usted que la sangre habla? Si lo hace. Por lo menos, le habla a Dios. Dios la oye:

 

Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Génesis 4:10

 

…a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. Hebreos 12:24

 

En Génesis 4:10 y Hebreos 12:24, vemos que la sangre puede hablar, y que puede decir varias cosas. La sangre de Abel clamó en acusación. Clamaba por venganza, justicia y castigo. Testificaba de un crimen cometido, exigiendo justicia.

Pero la sangre de Jesús, de acuerdo a Hebreos 12:24, habla “cosas mejores” que la sangre de Abel. ¿Qué es lo que dice? Clama por misericordia y perdón. Testifica que la justicia de Dios se ha cumplido, y el pecado ha sido pagado.

Cuando clamamos al nombre de Jesús, su sangre nos cubre. Le habla a Dios por nosotros. Dice, “¡Perdonado! ¡Justificado!” Cuando ores o intercedas por un amigo o un ser querido no salvo, ¡cúbrelos con la sangre de Jesús! ¡Cúbrelos en la sangre que clama a Dios por misericordia y gracia!

 

Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Éxodo 12:7, 13

 

Dios estaba tratando de conseguir que Israel entendiera, mil años antes, que solo la sangre del Cordero podía salvarlos. El “Cordero Pascual”, como se llamaba, era un símbolo o una imagen profética de Jesús. Cuando Juan el Bautista vio a Jesús venir, anunció: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Juan 1:29) Dios le dio a Israel la sangre del Cordero antes de que él les diera la Ley. Él ya estaba diciendo: “La Ley no puede salvarlos. ¡La sangre del Cordero si puede!”

Justo antes de ir a la cruz, Jesús comió la tradicional cena de Pascua con sus discípulos. ¡No se dieron cuenta de que estaban comiendo la cena de Pascua con el verdadero Cordero de la Pascua! Jesús confirmó que él era el Cordero de Pascua profetizado. Por su sangre somos redimidos, y por su sangre el nuevo pacto es establecido y sellado.

 

De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. Lucas 22:20

 

En el libro de Josué está otra parte del hilo, o el tema, de la sangre de Jesús:

 

He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre. Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare. Y si tú denunciares este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este tu juramento con que nos has juramentado. Ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de grana a la ventana. Josué 2:18-21

 

Rahab, la ramera de Jericó, se convirtió en parte de la nación de Israel. ¿Cómo ocurrió esto? Cuando Josué envió a los espías a la ciudad de Jericó, Rahab los escondió y protegió. Ella creía en el Dios de Israel. Ella creía que el Dios de Israel era el Dios verdadero, y que le daría a Israel la victoria en la tierra. Ella quería unirse a ellos. Dios vio su fe. ¡Ella fue salva por fe! (La sangre de Jesús nos redime tan completamente que la ex-prostituta, la gentil Rahab, ¡se convirtió en parte de la genealogía de Jesucristo mismo! Ver Mateo 1:5).

Rahab pidió a los espías que tuvieran piedad de ella y su familia cuando su Dios les diera la victoria sobre la ciudad. Los dos espías le dijeron que tenía que atar un cordón de grana en su ventana. Cualquier persona bajo la cobertura del cordón de grana, ¡se salvaría! El cordón de grana es la sangre de Jesús. El cordón de grana representa el mensaje de la sangre de Jesús que va desde Génesis hasta el Apocalipsis. ¡La sangre de Jesús es el cordón de grana que recorre toda la Biblia!

 

Ahora, ve de nuevo al libro de Levítico:

 

Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Levítico 16:14-15

 

Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona. Levítico 17:11

 

Dios dio a Israel, bajo la Ley, un sistema de sacrificios de animales. Cada sacrificio de animales tenía por objetivo simbolizar el sacrificio de Jesucristo. Casi todo en la Ley – el templo, los sacerdotes, los sacrificios, los días de fiestas y los días santos, casi todo – representa a Jesucristo.

En Levítico 17:11, Dios dijo que nos había dado la sangre para hacer expiación por nuestras almas. Sólo la sangre inocente puede pagar por nuestros pecados y redimirnos. ¿Por qué? Es debido a que la sangre representa la vida. La paga del pecado es la muerte. (Romanos 6:23) La muerte significa el derramamiento de una vida inocente como el pago por el pecado. La sangre representa la vida. El derramamiento de sangre es el precio del pecado.

Dios dijo en Levítico 17:11, “La vida de la carne en la sangre está.” Dios estaba revelando algo muy importante aquí. Si la vida de la carne esta en la sangre, entonces la sangre animal tiene la vida animal. Y la sangre humana tiene la vida humana. Si eso es cierto, entonces la sangre de un animal nunca puede pagar por el pecado de un ser humano. Los humanos y los animales no son iguales. Los seres humanos son creados a la imagen de Dios. Hebreos 10:4 lo confirma:

 

Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Hebreos 10:4

 

Así que si la sangre de animales no puede redimir a un ser humano, ¿por qué dio Dios los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento? Evidentemente, eran un símbolo de Jesucristo.

El pecado humano requiere el derramamiento de sangre humana. De hecho, se requiere el derramamiento de sangre humana inocente. Un ser humano culpable no puede pagar por el pecado de otro ser humano culpable. El sustituto, el sacrificio, debe ser un ser humano sin pecado. Dado que todos los seres humanos sobre la tierra eran caídos, corruptos y culpables, sólo había una solución posible: ¡Dios se hizo hombre!

Dios se hizo hombre para que pudiera derramar sangre humana inocente para redimir a los seres humanos.

Pero había otro problema: un hombre inocente sólo puede morir por un hombre culpable. Una vida paga por una vida. Esa es la justicia. Pero hay miles de millones de seres humanos que necesitaban ser redimidos.

Y había otro problema: si un hombre inocente muere por un hombre culpable, el hombre culpable es perdonado. Pero si el hombre perdonado peca una vez más, él es culpable de nuevo. Otro hombre inocente tiene que morir en su lugar para redimirlo. ¡Cada vez que peca, cuesta otra vida inocente!

Pero Dios tiene la solución. La solución está en Levítico 17:11. “La vida de la carne está en la sangre.” Si Jesús era sólo humano, si su sangre era sólo humana, entonces su sangre sólo podía redimir a otra persona. Una vida paga por una vida. Y si Jesús era sólo humano, su sangre podía pagar solo por los pecados cometidos en el pasado. Todos los nuevos pecados exigirían un nuevo sacrificio.

Pero si Jesús es ambos humano y Dios, entonces su vida también es humana y divina. Y su sangre es también humana y divina. “La vida de la carne está en la sangre.” Si Jesús es humano, entonces su sangre humana puede pagar por los pecados humanos. Y si Jesús es Dios, entonces su sangre es divina. Su sangre es eterna e infinita. Su sangre puede pagar por todos los pecados humanos cometidos por todos los seres humanos en todos los tiempos: ¡pasado, presente y futuro! Ahora, ¡esa es la solución perfecta de Dios! Jesús tiene que ser Dios y hombre al mismo tiempo. De lo contrario, todos estamos perdidos. De lo contrario, su sacrificio no puede salvarnos.

Sin embargo, ¡somos salvos! Veamos Hebreos 9:12-14:

 

Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Hebreos 9:12-14

 

¿Te diste cuenta en este pasaje, que sólo la sangre de Cristo puede limpiar tu conciencia? Si tú tienes fe en Jesucristo, eres perdonado y justo delante de Dios por la sangre de Jesús. Si eres salvo, Dios te ve limpio. Él está dispuesto a responder a tus oraciones. Él responde a tu fe. Sin embargo, tu propia conciencia todavía podría condenarte. Si tu propia conciencia te está condenando, esto mata tu confianza hacia Dios. ¡Desploma tu fe! 1 Juan 3:21-22 dice: “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él…”

A veces Dios nos ha perdonado por algo, pero nuestro corazón aún nos condena. Nuestra propia conciencia nos acusa todavía. Esto debilita nuestra confianza hacia Dios. Desploma nuestra fe. ¿Cómo puedes limpiar tu conciencia? ¡Por la sangre de Jesús! Aplica la sangre de Jesús a tu corazón, tu alma, tu conciencia. Optar por recibir el perdón que te proporciona su sangre. Esto renovará tu confianza en Dios. ¡Esto fortalecerá tu fe por las oraciones contestadas!

 

En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. Efesios 1:07

 

En el Nuevo Testamento, Dios ya no habla en símbolos o profecías. Tenemos redención por su sangre. ¡Ahora mismo! Tenemos el perdón de los pecados. ¡Ahora mismo!

 

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Efesios 2:13

 

Efesios 2:13 dice que nosotros, quienes un tiempo estuvimos alejados (gentiles, no judíos) hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Tú tienes esta posición ahora. Tú ya estás cerca de Dios. Tú estás tan cerca de Dios como lo puedes conseguir. Se logra por la sangre de Jesús.

Así que, ¿por qué Santiago 4:8 dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”? Es porque muchas verdades del reino son como dos caras de una misma moneda. Tú puedes desarrollar una amistad más estrecha con Dios, pero tú no puedes conseguir una posición más cercana a Dios. Tú ya has llegado a estar cerca por la sangre de Jesús. ¡Utiliza este regalo – aprovéchate de esta cerca posición – para desarrollar una amistad más estrecha con Dios!

 

…por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.

Colosenses 1:19-23

 

Pablo nos enseña que, por la sangre de Cristo, Dios hizo las paces contigo. Por la sangre de Cristo, tú eres santo y sin mancha y por encima del reproche ante sus ojos. Esto no es algo que tú hayas hecho. ¡Esto es algo que Dios ha hecho! Es posible que no siempre te sientes de esta manera, pero Dios dice que es hecho por la sangre de Jesús. ¡Confía en esto!

 

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Apocalipsis 5:8-10.

 

El hilo se completa en el libro de Apocalipsis. Todo está cumplido. Vamos a estar en la sala del trono de Dios, adorando y cantando: “¡Tú nos has redimido para Dios con tu sangre! ¡Aleluya!”

  1. Tu justificación es por gracia (Abraham vs. Moisés)

Desde que Adán y Eva desobedecieron a Dios y cayeron en el pecado en el Jardín del Edén, la humanidad caída ha conocido y sentido en su corazón que no estaban bien con Dios. Mientras que muchos tratan de negar su culpabilidad o incluso correr más lejos de Dios, muchas personas han buscado la manera de estar de nuevo bien con Dios. Esta búsqueda está representada por lo que hicieron Adán y Eva en el jardín después de la caída. Hicieron delantales de hoja de higuera para sí mismos. Pero Dios les respondió quitándoles sus hojas de higuera y cubriéndolos con túnicas de pieles de animales. Esto fue por supuesto la manera de Dios de decir: “Tu no puedes cubrirte, pero yo puedo cubrirte si tú me lo permites.” Así que el hombre siguió inventando religiones y ritos y ceremonias y las normas y leyes. Ellos tratan de establecer su propia justicia. (Ver Romanos 10:3.)

En los libros de Génesis y el Éxodo, Dios presenta a dos hombres. Estos dos hombres son los símbolos de dos formas posibles de alcanzar la justicia ante Dios. El primer hombre es Abraham.

 

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Génesis 12:1-3.

 

Dios llamó a Abraham a dejar todo y seguirlo. Dios dijo a Abraham que dejara atrás la casa de su padre y la familia de su padre. Esto quiere decir que tenía que dejar atrás su vieja identidad y su antigua fuente de seguridad. Él tenía que tomar una nueva identidad como amigo de pacto de Dios. Él tenía que buscar su destino, su provisión y su seguridad en Dios. Entonces Dios le dio algunas grandes promesas a Abraham. Dios prometió hacer de él el padre de una gran multitud de personas, que lo bendeciría y lo haría una bendición. Dios también le prometió a Abraham que iba a traer el Salvador, el Mesías, al mundo a través del linaje de Abraham. A través de este Mesías, Dios restauraría la vida y la bendición para todas las familias de la tierra.

Dios hizo todas estas promesas a Abraham simplemente por su gracia. Él quería. Él lo eligió. Abraham no lo estaba pidiendo o buscando. Era gracia pura.

 

Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Génesis 15:5-6

 

Abraham no tenía hijos todavía a pesar de la promesa de Dios. Parecía imposible. Se estaba poniendo viejo, y su esposa no sólo era estéril, pero ahora más allá de los años de maternidad. Así que Dios sacó a Abraham afuera y le dijo: “¡Mira a las estrellas, trata de contarlas! ¡Eso es el número de descendientes que tendrás!”

En el versículo siguiente, Dios introduce una de las semillas de verdades más sorprendentes de la Biblia. Génesis 15:6 es la clave para obtener justicia delante de Dios. Y en el resto de la Biblia, Abraham es el símbolo de esta justicia. Abraham es un modelo para todos nosotros a seguir. Génesis 15:6 es citado cuatro veces por el apóstol Pablo y una vez por Santiago. (Romanos 4:3, Romanos 4:9, Romanos 4:22, Gálatas 3:6, Santiago 2:23)

Génesis 15:6 dice que “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” En otras palabras, Abraham creyó en la palabra de Dios, la promesa de Dios, la naturaleza de Dios y el poder de Dios. Y Dios lo llamo justo.

Abraham no tenía ninguna religión o reglas a seguir. No había diez mandamientos. No había rituales, ceremonias o leyes. Él simplemente creyó a Dios y fue contado justo.

 

En los libros de Éxodo a Deuteronomio, Dios introduce a otro hombre. Este hombre es llamado Moisés. Moisés es un símbolo de otra manera de alcanzar la justicia ante Dios. Dios hace a Moisés el líder de su pueblo. A través de Moisés, Dios da los Diez Mandamientos y el resto de sus normas, leyes y estatutos. A través de Moisés, Dios establece un Pacto de Ley, que ahora se llama el Antiguo Pacto.

Esta fue la manera de Dios de decir: “Si tú piensas que puedes establecer tu propia justicia, no hagas tus propias reglas o leyes o normas de justicia. No hagas tus propias religiones o dioses. Yo soy el único Dios verdadero. Si tú piensas que puedes obtener tu propia justicia, yo te daré Mi estándar. Yo te daré mis leyes y mis mandamientos. Estos son perfección moral. Son la perfecta pureza y la justicia. No se permiten errores.”

Cuando Dios le dio a Israel sus leyes y mandamientos, les dio otra semilla de verdad de la Biblia. Levítico 18:5 es un versículo clave, al igual que lo es Génesis 15:6. Levítico 18:5 dice:

 

Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová. Levítico 18:5

 

Levítico 18:5 se cita por lo menos otras cuatro veces en la Biblia – dos veces por el profeta Ezequiel y dos veces por el apóstol Pablo. (Ezequiel 20:11, Ezequiel 20:21, Romanos 10:5, y Gálatas 3:12)

Lo que debes notar de inmediato es que Génesis 15:6 y Levítico 18:5 son dos cosas muy diferentes. Ellos se contradicen entre sí. No están de acuerdo. Moisés representa el tratar de alcanzar tu propia justicia por tu comportamiento, manteniendo las leyes y mandamientos de Dios. Pero lo que Abraham representa es recibir el don divino de la justificación por la fe.

Mediante la introducción de estos dos hombres como símbolos, Dios nos va a contar una historia. Él nos va a enseñar cuál de los dos es la forma correcta de alcanzar la justicia ante Dios.

Entonces, ¿qué le sucedió a Abraham? Ya hemos leído que él fue declarado justo el momento en que creyó a Dios.

¿Qué pasó con Moisés? Léelo en Deuteronomio 34:4-5:

 

Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Deuteronomio 34:4-5

 

Moisés representa la ley. Moisés fue el representante principal de la Ley para el pueblo de Israel. Pero Moisés no podía entrar en la Tierra Prometida.

Dios les había prometido la tierra de Canaán a Abraham y a sus descendientes. Abraham no tenía leyes o mandamientos. Él recibió una promesa por gracia y creía en la promesa de Dios. Los descendientes de Abraham heredarían sin duda la tierra.

Pero Moisés no podía entrar en la tierra. ¿Por qué no? Según la Ley, la perfección era la norma. Y Moisés hizo por lo menos un error. Él desobedeció a Dios al menos una vez. Tú puedes leer sobre esto en Números 20:8-12.

Si el propio Moisés, quien representaba la Ley, no pudo alcanzar la justicia por la ley, ¡nadie más podría!

Dios está diciendo: “Aquí hay dos maneras de alcanzar la justicia delante de mí. Sólo una de ellas funciona realmente. ¡Haz la elección correcta!” Es como tener un examen en la escuela, pero sólo hay una pregunta y dos posibles respuestas. ¡Y es una “prueba de libro abierto”!
En el resto de la Biblia, Dios nos sigue dando la respuesta correcta:

 

Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué.” Isaías 51:1-2.

 

Dios habla a Israel, y a nosotros, a través del profeta Isaías. Él dice: “Oídme, los que seguís la justicia.” Él está diciendo, si deseas la respuesta para alcanzar la justicia, escucha. Yo te daré la respuesta correcta. Yo te ayudaré. Después dice: “Mirad a Abraham vuestro padre.” ¿Por qué mirar a Abraham? “Abraham creyó en el Señor, y le fue contado por justicia.” (Génesis 15:6) Él no dice: “Mirad a Moisés.” Él dice: “¡Mirad a Abraham!”

 

He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. Habacuc 2:4

 

A través del profeta Habacuc, Dios lo deja en claro para nosotros. La justicia viene por la fe en Dios. Es por la gracia de Dios. Se trata de un regalo para aquellos que confían en él. El apóstol Pablo lo entendió, pero sólo después de haber tenido un encuentro con Jesucristo. Pablo lo cita al menos tres veces. (Romanos 1:17, Gálatas 3:11, Hebreos 10:38)

El Pacto de la Ley estaba vigente desde la época de Moisés hasta el momento en que Jesús dijo en la cruz, “Consumado es.” (Juan 19:30) Bajo el Antiguo Pacto, había una maldición por romper la ley. ¿Alguna vez has notado lo que dice Malaquías?

 

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

Malaquías 4:6

 

¡Vaya! La última palabra del Antiguo Testamento es la palabra “maldición”. ¿Crees que es un accidente? ¿O piensas que es a propósito? ¿Crees que Dios está tratando de decir algo acerca de lo que Moisés representa, lo que el Pacto de la Ley representa?

 

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6:33

 

Jesús dijo que debemos buscar primero el reino de Dios y su justicia. Durante muchos años, yo leía este versículo y pensaba que yo sabía lo que significaba. Pensaba que quería decir, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y trata con mucho, mucho esfuerzo de ser justo.” Pero un día el Espíritu Santo me susurró algo. Él dijo: “¿Te diste cuenta de que dice buscar SU justicia, no la tuya?” ¿Qué es SU justicia? La respuesta está en Romanos 10:3-4: Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

 

Ahora mira a una historia que Jesús contó acerca de un hombre rico y un hombre pobre.

 

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. Lucas 16:19-31

 

Un día yo estaba leyendo esta historia, y yo sentí que necesitaba que el Espíritu Santo me ayudara a entender. Parecía, por esta historia, como que los ricos van al infierno, y los pobres son justos. Pero yo ya sabía que eso no era cierto. Le pedí al Señor que me mostrara el significado de la historia.

Él me dijo: “¿Te diste cuenta de que la historia es acerca del ‘seno de Abraham’? ¿Por qué no dice ‘el seno de Moisés’?” ¡Entendí de inmediato!

Antes de la cruz y la resurrección, los que confiaron en Dios por su salvación fueron a un lugar llamado “el seno de Abraham”. El pobre hombre en la historia de Lázaro, se fue al seno de Abraham, porque él confió en Dios, al igual que lo hizo Abraham, y fue contado como justo. No hay ningún lugar llamado “el seno de Moisés” porque nunca nadie alcanzó la justificación por la Ley, ¡incluyendo el propio Moisés!

 

¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Romanos 4:1-3

 

El apóstol Pablo entendió la justificación por la gracia mediante la fe. Pero sólo lo entendió después de que él tuvo un sorprendente encuentro con Cristo Jesús. (Hechos capítulo 9) Antes de que Pablo conociera a Jesús, él era un fariseo. Él era un judío que creía en lograr su propia justicia por guardar la Ley de Dios. Pero después de su encuentro con Jesús, sus ojos se abrieron. Empezó a estudiar las Escrituras de nuevo. El Espíritu Santo le abrió los ojos y le dio entendimiento. Él vio que Abraham fue el modelo para nosotros, no Moisés.

 

Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. Romanos 4:20-25

 

Pablo escribió que Abraham creyó en la promesa de Dios y fue declarado justo. Ahora, para nosotros en el nuevo pacto, hemos de creer en el evangelio. Debemos creer que Jesucristo murió por nuestros pecados en la cruz y resucitó de entre los muertos. Si creemos en este mensaje, somos declarados justos delante de Dios de la misma manera que Abraham lo fue. ¡Aleluya!

 

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Romanos 10:1-4

 

Pablo se entristeció porque Israel estaba todavía tratando de establecer su propia justicia a través de la Ley de Moisés. Ellos no entendían. Por su orgullo, estaban cegados a la gracia de Dios. Ellos fueron cegados a la justicia por la fe.

Cristo cumplió la ley perfectamente. Él es el único que lo ha hecho. Mediante el cumplimiento de ella, él le puso fin. Él trajo la Ley a su fin. Ahora, confiamos en Cristo, no en la ley. Ahora, recibimos el don de justicia, creyendo como Abraham creyó.

 

Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. (Levítico 18:5) Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Romanos 10:5-10

 

Pablo cita Levítico 18:5. Habla de “la justicia que es por la ley”. Pero contrasta ese tipo de justicia con “la justicia de la fe”. Es Abraham vs. Moisés. Si tu crees que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, tu logras la justicia. ¡Aleluya!

 

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham “creyó a Dios, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6). Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá (Habacuc 2:4); y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas (Levítico 18:5). Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Gálatas 3:1-14

 

En Gálatas 3:1-14, Pablo cita los tres versos claves acerca de la justicia: Génesis 15:6, Habacuc 2:4 y Levítico 18:5. Él lo resume perfectamente. Es Abraham vs. Moisés. ¡Abraham gana!

Por cierto, ¿te diste cuenta que se llama la “bendición de Abraham”? ¿Te diste cuenta de que no se le llama la “bendición de Moisés”? ¡Apuesto a que sí!

Por último, ten en cuenta una cosa más. Génesis 15:6 es la semilla de verdad donde se establece la manera de Dios de alcanzar la justicia. Así que, ¿quién escribió Génesis 15:6? ¡Fue Moisés! ¿Quién escribió los primeros cinco libros de la Biblia? ¡Moisés! Todo buen estudiante de la Biblia te dirá que Moisés escribió los primeros cinco libros de la Biblia. ¡Moisés sabía que la justicia se logra a través de la fe! ¡Moisés escribió ese versículo! Moisés era un hombre de fe. Él está en el cielo ahora mismo. Moisés también, sin duda sabía que Dios iba a usarlo como el símbolo de tratar de alcanzar la justicia a través de la ley. Moisés sabía que él no podía entrar en la tierra prometida terrenal, porque él representaba la ley. Pero él sabía que iba a entrar en el reino celestial de Dios, porque, como Abraham, Moisés era un creyente que alcanzó la justificación por confiar en la salvación de Dios. ¡Aleluya!

 

  1. Eres llamado a ser la novia de Cristo

 

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. Génesis 2:18-25

 

Vemos en Génesis otra semilla de verdad, el comienzo de un hilo que corre a través de la Biblia. La iglesia de Jesucristo está llamada a ser su novia. Estamos llamados a ser el eterno objeto de su amor y devoción, su interés amoroso en la historia más grande jamás contada. Estamos llamados a ser su compañero de pacto sobre toda la creación para siempre.

¿Cómo sabemos esto? El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia de Éfeso, nos trae esta revelación. Al explicar la dinámica de una buena relación de esposo y esposa en Efesios capítulo 5, Pablo cita Génesis 2:24: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Entonces él dice esto: Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. (Efesios 5:31-32)

Pablo sabía, por revelación del Espíritu Santo, que la primera relación de marido y mujer, Adán y Eva, era una figura profética de Cristo y la iglesia. ¿Qué nos dice esto? Nos dice que Dios había planeado desde antes de la creación del mundo el preparar una novia para su Hijo. Nos estaba haciendo saber que, en su corazón y mente, esto era su propósito y plan eterno al crearnos.

¿Qué otras grandes revelaciones están ocultas en este pasaje de Génesis capítulo dos?

En el versículo 18, Dios dijo, “No es bueno que el hombre esté solo; Le haré ayuda idónea para él”, al decir: “No es bueno que el hombre esté solo”, Dios no solo estaba revelando algo acerca de Adán, sino también algo acerca de sí mismo. Adán fue diseñado para ser una criatura social. Fue creado para necesitar relación y compañerismo. Pero Adán fue creado a imagen de Dios. Esto significa que Dios mismo tiene hambre de relación y compañerismo. Dios ya tenía la comunión y la comunidad dentro del círculo de la Trinidad. (“Hagamos al hombre a nuestra imagen.” Génesis 1:26)

Dios es un ser trino, un ser plural, un círculo de amor y comunidad en sí mismo. Pero él quería más. Dios el Padre quería tener hijos. Hemos sido creados para este propósito. Dios el Padre también quería una novia para la segunda Persona de la Trinidad, que sería su Hijo encarnado. Para ello también hemos sido creados. Fuimos creados y destinados para un romance divino.

Pero Dios también dijo en el versículo 18, “Le haré ayuda idónea para él.” ¿Qué significa esto? Un ayudante para Adán no significaba un sirviente. Significaba un compañero para compartir su vida y su asignación con él. Para Adán, significaba que Dios le daría a Eva. Eva no sería en modo alguno inferior a Adán. Ella no sería menor que él. Una relación desigual no seria auténtica o satisfactoria. Ella sería su igual. Ella sería tomada de su costado, hecha de la misma esencia y naturaleza. Adán sería la cabeza de la relación, pero él no la dominaría. (Por eso, en lo general, los hombres se les proponen a las mujeres. Las mujeres no suelen proponerse a los hombres.) Ellos vivirían en sociedad. Ellos vivirían en dominio juntos como socios bajo Dios. Ellos se amarían y honrarían mutuamente. Ellos disfrutarían de su compañía mutuamente, y satisfacerían las necesidades uno del otro.

Sin embargo, proféticamente, Adán representa a Jesús y Eva representa a la iglesia. ¿Qué significa esto para nosotros? Esto significa que seremos presentados a Jesús como su novia, una novia gloriosa, sin mancha ni arruga. (Efesios 5:27)

Esto significa que nosotros, la iglesia, la novia de Cristo, no seremos inferiores a Jesús. No estaremos más bajo que él. Él bajó a nuestro nivel, para levantarnos a su nivel. Él asumió la naturaleza humana (Hebreos 2:14-17) para que pudiéramos tomar de su naturaleza divina (2 Pedro 1:4). Una relación desigual no sería auténtica o satisfactoria. ¡Vamos a ser un ayudante, un compañero, idónea para él!

Seremos tomados de su costado, nacidos de su Espíritu, hechos de su esencia y su naturaleza. Jesús será la cabeza de la relación, pero él no nos dominará. (Es Jesús el que nos persiguió y nos propuso matrimonio a nosotros. Nosotros no lo perseguimos o nos le propusimos a él.) Viviremos en sociedad. Viviremos en dominio juntos como socios bajo de Dios. Vamos a amarnos y honrarnos el uno al otro. Vamos a disfrutar de nuestra compañía mutuamente, y satisfaceremos las necesidades el uno del otro. En todo sentido, ¡vamos a ser una novia digna de nuestro novio!

¿Qué otras grandes revelaciones están ocultas en este pasaje de Génesis capítulo dos?

Versículo 21: Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. De la misma manera que Dios puso a Adán en un “sueño profundo” con el fin de tomar a su novia de su lado, Jesús entró en un “sueño profundo” producir a su novia de su costado. Jesús fue crucificado y puesto en una tumba, pero, al igual que Adán, ¡se levantó de ese sueño! De este sacrificio nació la Iglesia. Fuimos tomados de su costado, hemos nacido de su Espíritu, su esencia y su naturaleza.

Versículo 22: Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Así como Dios presentó Eva a Adán, el Espíritu Santo está ahora en la tierra atrayendo a los hombres y mujeres hacia Jesucristo. Para aquellos de nosotros que aceptamos su propuesta, el Espíritu Santo nos está preparando para ser presentados a Jesús como una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga. Esto también es representado proféticamente en Génesis 24, cuando Abraham envió a su criado para ir en un viaje a su patria y su pueblo para traer de vuelta una novia adecuada para su hijo Isaac.

Versículo 24-25: Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Al igual que un hombre deja a su padre y a su madre para perseguir y unirse a su mujer, Jesús dejó a su padre en el cielo para venir a la tierra y buscar a su novia. Cuando un hombre y una mujer son unidos en matrimonio, se convierten en una sola carne. Pero cuando tú y yo estemos unidos a Cristo Jesús, experimentamos el equivalente espiritual. Lee lo que dijo Pablo en 1 Corintios 6:15-17:  ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne (Génesis 2:24). Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.

Pablo cita Génesis 2:24, reconociendo que una unión sexual produce una relación de “una sola carne” ante los ojos de Dios. Pero después dice, “Pero el que se une al Señor es un espíritu con él.” ¡Aleluya! El marido y la mujer juntos hacen una sola carne. Pero Jesús y su novia son un solo espíritu. Somos una sola vida. Una identidad. Un destino. Una naturaleza. Un propósito. Una esencia. Somos uno con él – ¡somos parte de él! ¡Aleluya!

Versículo 25: Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. Debido a nuestro perdón perfecto, nuestra redención perfecta, nuestra justicia perfecta, no es necesario tener ningún tipo de vergüenza o temor ante Jesús. No tenemos nada que esconder de él. Él lo ve todo. Somos justificados delante de él por su sangre. Nosotros somos amados y aceptados. Y por su Espíritu y su palabra obrando en nosotros, llegaremos a la santidad perfecta y la santificación perfecta en él. Vamos a ser como él. Él quien comenzó tan buena obra en nosotros, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. (Filipenses 2:6) Vamos a estar completamente abiertos y transparentes delante de él para siempre, perfectos en santidad, sin vergüenza y sin miedo para siempre. ¡Aleluya!

 

Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti. Ester 2:17

 

En el libro de Ester, también vemos un cuadro profético de Cristo y su novia. El rey persa Jerjes I, también llamado Asuero, una vez llamó a su esposa, Vasti, para venir a comparecer ante sus invitados en una fiesta. Vasti rehusó venir, así que él se divorció de ella y comenzó a buscar una nueva esposa. La novia que eligió finalmente fue una joven mujer hebrea, llamada Ester.

Por supuesto, Jerjes fue un rey terrenal cuyas intenciones hacia Vasti probablemente no eran nobles, pero él es un símbolo profético de todos modos. Esto podría representar cómo, bajo del Pacto de Moisés, Israel, a menudo no respondía a Dios cuando él los llamaba. Así que Dios finalmente se apartó de la nación de Israel y el Pacto Mosaico. En la Nuevo Pacto, él comenzó a buscar a una nueva novia fiel, tomada de ambos judíos y gentiles creyentes.

El nombre Ester significa estrella. El nombre de “estrella” es el símbolo de la iglesia. ¿Por qué? Debido a que en Génesis 13:16, Dios dijo a Abraham que él haría a sus descendientes como el “polvo de la tierra”. Sin embargo, en Génesis 15:5, Dios dijo a Abraham que él haría a sus descendientes como las “estrellas del cielo”. En ambos casos, Dios estaba hablando de la gran cantidad de descendientes que Abraham tendría. Pero había otro significado. El polvo de la tierra representa los descendientes naturales de Abraham, los nacidos de su linaje físico. Ellos son de este mundo. Son los descendientes naturales de Israel, además de muchos otros descendientes de Abraham. Pero las estrellas del cielo representaban los descendientes espirituales de Abraham, los que creerían en Dios de la misma manera que Abraham creyó a Dios. Ellos son nacidos de nuevo por la fe en Jesucristo. Ellos son ciudadanos del cielo. ¡Se trata de la iglesia! Ester representa a la iglesia, ¡la novia de Cristo!

 

Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres. Ester 2:12

 

Antes de que Ester entrara en la presencia del rey, recibió doce meses de tratamientos de belleza. Ella fue ungida con aceites y perfumes. ¿Qué significa esto? Ester representa a la iglesia, que está siendo preparada por el Espíritu Santo para ser presentada a Jesús. Estamos siendo ungidos con el aceite del Espíritu Santo. Estamos recibiendo los perfumes de los Cielos. Vamos a ser hermosos para Jesús. ¡Vamos a oler como el cielo!

 

Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento. Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro. Dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará. Ester 5:1-3

 

El rey Asuero finalmente eligió y se casó con Ester. Ella se convirtió en su reina. Pero no fue un final feliz todavía. En el Imperio Persa había un hombre malvado llamado Amán, que simbólicamente representa a Satanás. El odiaba a la gente de Dios, los judíos. Él trajo acusaciones contra el pueblo judío que vivía en el imperio. Él encontró una manera de condenarlos como infractores de la ley. Él encontró una manera de exterminarlos a todos. Esto hubiera funcionado, pero él no contaba con Esther.

Ester utilizó su posición como reina para defender a su pueblo. Ella utilizó su privilegio y su acceso a la presencia del rey. Ella llegó como un intercesor. El rey le concedió su petición. Su pueblo fue salvado.

Ester representa a la iglesia orando, la iglesia intercediendo. Como la novia de Cristo, tenemos acceso especial al rey. Tenemos acceso a la sala del trono. Podemos orar por los perdidos. Podemos interceder por nuestro pueblo, que son el blanco de Satanás para su destrucción. Como la iglesia que ora, ¡podemos salvar a muchas personas!

 

Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar. Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán. Marcos 2:18-20

 

Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Mateo 25:1

 

Jesús sabía que él tenía que venir a tomar una novia del mundo. Sabía que él era el novio. Él sabía que volvería al Cielo, después de su crucifixión y resurrección, para esperar a que su novia estuviera lista.

 

Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Juan 3:28-29

 

Incluso Juan el Bautista reconoció que Jesús había venido para tomar una novia del mundo. Habló de esto en términos muy claros. Juan el Bautista se veía a sí mismo como un amigo del novio. Como un profeta, él se veía como el que estaba tratando de ayudar a preparar a la gente para Jesús. Estaba sirviendo a Jesús. Él estaba haciendo su parte sirviendo al novio.

Sin embargo, en el final, Juan el Bautista, así como todo el resto de los creyentes del Antiguo Testamento, es parte de la novia. ¡Todos los redimidos de la raza humana será la novia de Cristo!

 

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. Efesios 5:22-33

 

El apóstol Pablo reconoció que el plan de Dios para el matrimonio estaba destinado a ser siempre un símbolo de Jesús y la iglesia. Como un apóstol de Jesucristo, Pablo había recibido gran revelación sobre el plan eterno de Dios y su propósito. La iglesia es el plan eterno y el propósito de Dios.

Este pasaje es profético. Es la palabra de Dios. Tiene que cumplirse. Se cumplirá. Jesús tendrá una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga. Jesús no va a volver por una iglesia derrotada. Él no va a volver por una iglesia derrotada que necesita ser rescatada del diablo. Él va a regresar por una iglesia que será santa, ungida y victoriosa. La iglesia de los últimos días impactará al mundo. Vamos a predicar el evangelio con poder, y muchas más personas entrarán en el reino. La iglesia tendrá una gran unidad. (Efesios 4:13) La novia será digna del novio. ¡Ella realmente va a reflejar y representarlo a él!

Así que la iglesia es la novia de Cristo. Y una novia siempre goza de la misma condición y posición social de su marido. La esposa de un rey es llamada la reina. Ella es una cogobernante. Ya estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales, a la diestra del Padre. (Efesios 1:20 y 2:6) Estamos entrenándonos para reinar. Jesús ya venció al mundo y el diablo. Si vencemos – si nos mantenemos fieles a él – nos sentaremos con él en su trono. (Apocalipsis 3:21, 1 Juan 5:4-5) Si nos mantenemos firmes, reinaremos con él. (2 Timoteo 2:12)

Si el esposo y la esposa son una sola carne, entonces ellos son copropietarios de todo lo que poseen, no importa cómo llegaron a tomar posesión de ella. Si Jesús y la iglesia son un solo espíritu, entonces ellos son copropietarios de todo lo que poseen, y no importa cuál de los dos de ellos lo poseyera primero. Jesús lo ganó todo, ¡pero somos copropietarios!

Note que el versículo 33 dice, Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo… Somos su novia. Somos “miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (versículo 30). Si se supone que el marido tiene que amar a su esposa como a sí mismo, entonces por favor, reconoce que Jesús te ama a ti de la misma manera. Él te ama como a sí mismo. Tú eres uno con él. Tú eres parte de él. Él no te rechaza. Tú eres su cuerpo. Él te sustentará y te cuidará (versículo 29). Tú debes saberlo. Tú debes creerlo. ¡Tú debes sentirlo!
Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Apocalipsis 19:1-8

 

Al final, habrá una gran cena de las bodas del Cordero. Los santos, los que han sido lavados y justificados por la sangre de Jesús, serán reconocidos y recompensados ​​por sus actos de justicia. Seremos presentados a Jesús para una gran ceremonia de la boda, para una gran celebración. Cantares 2:4 se cumplirá: Me llevó a la casa del banquete, ¡Y su bandera sobre mí fue amor!

 

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

Apocalipsis 22:17

 

A medida que nos acercamos a la segunda venida de Jesús, nuestro Novio, hay un clamor creciente en nuestros corazones. Hay un deseo que está creciendo más fuerte. Clamamos a un acuerdo, en armonía con el Espíritu Santo: “¡Jesús, ven!” Nuestros corazones están ardiendo con amor y pasión. No se trata de religión. No se trata de recompensas. No se trata de reconocimiento. Nos estamos enamorando cada vez más de Jesús. Él se revela a nosotros, y él captura nuestros corazones. Cada vez que lo experimentamos, cada vez que tenemos un encuentro con él, somos conquistados más por su amor. Nada más podrá satisfacer. Todo lo demás se desvanece. Nosotros le amamos. Queremos ver su rostro. Queremos que regrese por nosotros.

Todavía hay espacio para que más gente se una a nosotros. Todavía hay más espacio en la mesa de banquetes. Todavía hay más espacio en su corazón. Quienquiera que tenga sed puede venir. Quienquiera que desee puede tomar del agua de la vida gratuitamente.

Una ola de oración está creciendo en la tierra. Un grito de intercesión se está levantando en todo el mundo. El Espíritu y la novia dicen: “¡Ven, Señor Jesús, ven!”

 

  1. El sábado – el reposo del séptimo día – es la obra completa de Cristo

 

Una de las reglas principales para entender las Escrituras es interpretar todo – desde Génesis hasta el Apocalipsis – a la luz de la obra completa de Jesucristo.

¿Por qué?

Dios sabía el final desde el principio. Dios planeó el fin desde el principio. Dios tenía un propósito eterno en mente cuando creó los cielos y la tierra. Dios tenía un propósito eterno en mente cuando creó a los ángeles y la raza humana.

 

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28

 

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad…

Efesios 1:11

 

…conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor…

Efesios 3:11

 

…quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos2 Timoteo 1:9

 

Estos versos y muchos otros nos enseñan que Dios tenía un propósito eterno – UN SOLO propósito eterno – en todo lo que él hizo. Su propósito eterno es la iglesia, también llamada los hijos e hijas de Dios, también llamada la esposa de Cristo, también llamada el cuerpo de Cristo. La iglesia fue y es el propósito eterno de Dios. La iglesia nació de la obra completa de Cristo – la cruz y la resurrección.

Puesto que Dios planeó el fin desde el principio, y puesto que Dios tenía un propósito eterno en la mente desde el principio, entonces todo en la Biblia se entiende mejor si se interpreta a la luz del propósito eterno de Dios.

El Antiguo Pacto era la preparación para el Nuevo Pacto. El templo representaba a Jesús. Los sacerdotes representaban a Jesús. Los sacrificios representaban a Jesús. Las fiestas representaban a Jesús. Adán y Eva representaban a Jesús y la iglesia. Las túnicas de piel que Dios usó para cubrir a Adán y Eva representaba el sacrificio de la sangre de Jesucristo. Todo en el Antiguo Testamento representaba a Jesús, su sacrificio y su propósito eterno, la iglesia.

Todo debe ser interpretado a la luz de Jesucristo y la salvación que él nos da. Esta interpretación siempre traerá luz y verdad. Cualquier otra interpretación será inferior. Cualquier otra interpretación producirá la religión y la esclavitud.

Y así, en los dos primeros capítulos de Génesis, Dios introduce la semilla de la verdad del sábado – el día de reposo. Dios crea por seis días, y luego descansa el séptimo día.

Esto es en realidad una profecía simbólica de la historia del hombre. De acuerdo con la cronología bíblica, había unos cuatro mil años desde Adán hasta Jesucristo. Creemos que la era de la iglesia será de unos dos mil años, tal vez un poco más. Por lo tanto es probable que haya unos seis mil años desde Adán hasta la segunda venida de Jesús. ¿Corresponderá esto a los seis días de la creación? Y el gran proyecto de los seis días era hacer al hombre a imagen de Dios. Entonces comienza el milenio – ¡el séptimo día, el día de la obra completa, el día de reposo! Al final del séptimo día, Dios crea nuevos cielos y una nueva tierra. A continuación, salimos fuera del tiempo y entramos en la eternidad.

Siete días de la creación, incluyendo un día de reposo. Siete mil años de historia de la humanidad, incluyendo un milenio de reposo. Moisés dijo: Porque mil años delante de tus ojos Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche. (Salmo 90:4) Pedro dijo: Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. (2 Pedro 3:8)

 

Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Génesis 2:1-3

 

En este pasaje, Dios introduce el séptimo día. ¿Cuáles son las palabras claves en este pasaje? “Acabados… acabó… hizo… reposó… hizo… bendijo… santificó”, y otra vez, “reposó”.

¿Qué esta tratando de decir Dios? Si lo interpretas a la luz de Jesús y la iglesia, Dios esta simbólicamente prediciendo la obra completa de Cristo. Él está introduciendo una salvación perfecta, una salvación completa. Él está introduciendo la salvación que es la obra completa de Cristo. No es algo que podríamos lograr por nosotros mismos. ¡Es la obra de Dios a nuestro favor! Es algo que está preparado para nosotros. Es algo en lo que entramos. Es un estado de reposo, bendición y santificación. ¡El sábado es la obra completa de Cristo, profetizado desde el principio de Génesis!

En el libro de Éxodo, Dios introduce el concepto del día de reposo – el sábado – a Israel. Bajo el Pacto de la Ley, el día de reposo toma la forma de un mandamiento y una ley.

 

Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. Éxodo 16:23-29.

 

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Éxodo 20:8-11

 

Dios les enseña que en el día de reposo, no se les permite trabajar. Ellos tienen que descansar en Dios. ¿Cuál es el significado? Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9

¿Sabías que? De los Diez Mandamientos, sólo el mandamiento de guardar el día de reposo tenía un significado puramente simbólico o profético.

 

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11:28-30

 

Cuando Jesús comenzó su ministerio, él hizo muchas afirmaciones de ser el Mesías. Él hizo muchas afirmaciones de ser Dios encarnado. Pero hizo la mayor parte de estas afirmaciones de manera que sólo pudiera ser entendido por alguien que conociera las Escrituras. Por ejemplo, en Juan 10:11, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el buen pastor.” Eso pudiera no significar mucho para un no-Judío. Sin embargo, los judíos entenderían exactamente lo que Jesús estaba diciendo, porque el Salmo 23:1 dice: “Jehová es mi pastor.” Al decir: “Yo soy el buen pastor,” Jesús estaba afirmando ser Jehová, Dios encarnado.

Así también, en Mateo 11:28-30, Jesús estaba haciendo una afirmación asombrosa: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Él no dijo: “Busca a Dios.” Él dijo: “Venid a mí.” Si él no fuera Dios, eso sería una blasfemia. Luego él dijo, “todos los que estáis trabajados y cargados.” Él no estaba hablando sólo de las personas que tienen una vida dura. Él estaba hablando de personas que vivían bajo la ley, tratando de alcanzar su propia justicia. Él dijo: “Yo os haré descansar.” Él estaba diciendo que él era el fin de la ley. Él era el cumplimiento de la ley. Él era el reemplazo de la ley. Jesús estaba diciendo, “YO SOY el sábado- el día de reposo. Voy a proveerte con Mi salvación perfecta. Te traeré dentro del verdadero descanso.”

 

Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito? Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo. Marcos 2:23-28

 

Si usted lee a través de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, veras que Jesús tuvo grandes conflictos con los líderes religiosos de su época, sobre el significado del día de reposo. Jesús estaba siempre en conflicto con los fariseos sobre el sábado. Los líderes judíos habían creado reglas muy estrictas con respecto a la observancia del sábado. Y ellos mismos se habían puesto a cargo de hacer cumplir esas reglas. Jesús y sus discípulos estaban rompiendo sus reglas.

Los líderes judíos no entendieron el propósito o el significado del sábado. Jesús sí.

Así que cuando los discípulos de Jesús estaban recogiendo el grano y comiendo mientras caminaban por los campos en un día de reposo, los fariseos se enojaron. En los Evangelios, los fariseos siempre representan el espíritu religioso. Ellos no conocían o representaban el corazón de Dios. Ellos no se preocupan por la gente o por las necesidades de la gente. Ellos sólo se preocupaban por la religión, las normas, la reputación, el dinero, el poder y control.

Así que cuando desafiaron a Jesús en cuanto a recoger el grano en el día de reposo, Jesús respondió con la historia de David. El joven David, huyendo por su vida del rey Saúl, ilegalmente tomó algunos de los panes de la proposición del templo. Jesús defendió las acciones de David. ¿Cuál era el punto? Cuando David tenía necesidad, Dios se preocupó más por David que por las reglas del templo.

¿Qué era más importante: David o el templo? Fue David. Jesús se preocupaba por las necesidades de la gente. Los fariseos, que representan el espíritu religioso, sólo se preocupaban por la religión y las reglas.

Jesús también hizo una declaración sorprendente: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.” Esa declaración desafió todo en lo que los fariseos creían. Era un desafío revolucionario para el espíritu religioso.

Los fariseos creían que el hombre fue creado para servir y obedecer a Dios. Ellos creían que la humanidad fue creada para ser sujeto a las leyes y normas religiosas. Ellos creían que el hombre era inferior o que estaba por debajo del día de reposo.

Jesús sabía que la humanidad fue creada para que fueran hijos de Dios. Él sabía que el hombre fue creado para caminar con Dios en un lugar de amistad, honor y dominio. Jesús sabía que el día de reposo estaba destinado a ser una bendición para el hombre. Jesús entendió que el día de reposo realmente representaba su obra completa de la salvación para el hombre.

Por lo tanto, Jesús es el Señor del día sábado. Y estamos llamados a reinar y gobernar con él. Como hijos de Dios nacidos de nuevo, no somos súbditos del día de reposo. ¡Somos señores del día de reposo! No fuimos hechos para el día de reposo. El día de reposo fue hecho para nosotros.

 

Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle. Marcos 3:1-6

 

Una vez más, Jesús demostró su amor por la gente y su preocupación por sus necesidades. Jesús sanó a un hombre a propósito el día de reposo, mientras que los fariseos estaban viendo. Él no se dejó intimidar por ellos. Él no se sometido a su control religioso. Pero le dolió la dureza de sus corazones. Estaba furioso de que podían pretender representar a Dios y sin embargo no tuvieron compasión por la gente.

Los fariseos estaban observando para ver si podían acusar a Jesús. El espíritu religioso quería matar a Jesús. El espíritu religioso quería mantener a la gente en la servidumbre, la esclavitud, en una posición de inferioridad. Jesús animaba y valoraba a las personas. Jesús estaba trayendo la liberación y dominio. Jesús estaba trayendo una revolución. Estaba restaurando a las personas a su alta vocación como hijos e hijas de Dios.

 

Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Juan 19:30-33

 

Cuando Jesús terminó de pagar el precio completo por nuestros pecados, él dijo, “Consumado es.” Terminó su obra. Y él “descansó” en el día de reposo, así como Dios en Génesis. Luego se levantó de entre los muertos en la mañana del domingo.

Desde el momento de la resurrección, el Nuevo Pacto estaba en efecto para siempre. El sábado ya no es un día. El sábado es ahora nuestra salvación, nuestra vida, nuestra eternidad. Hemos entrado en la obra completa de Cristo. Hemos dejado nuestras propias obras. Estamos viviendo en el sábado.

 

¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. Romanos 14:4-6

 

En la iglesia primitiva, hubo desacuerdo y controversia sobre el día sábado. Algunas personas creían que los cristianos no necesitan observar el sábado como un día determinado de la semana. Se trata de la obra completa de Cristo. Otros consideraron que un cristiano todavía debe guardar el día de reposo, al igual que en el Antigua Pacto.

La respuesta de Pablo revela que lo más importante es honrar a Dios. No estamos obligados a mantener un día de reposo. El sábado representa la obra completa de Cristo. Pero algunas personas no entenderán eso. O tal vez lo entiendan, y optan por mantener el día de reposo de todos modos. ¡Lo importante es que estén honrando a Dios!

 

Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo… Colosenses 2:16-17

 

Colosenses 2:16-17 puede ser la declaración más clara por el apóstol Pablo sobre el tema del día de reposo. Aquí dice claramente que el día sábado era una sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo – la realidad – es de Cristo. El día de reposo es mejor interpretado bajo la luz del propósito eterno de Dios. Tiene que ser interpretado a la luz de la obra completa de Cristo y la iglesia. El día de reposo era un símbolo. El símbolo es ahora completo. El hombre no fue hecho para el sábado. El día de reposo fue hecho para el hombre. Somos señores del sábado. Es la salvación perfecta de Cristo.

 

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad. Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones. Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. Hebreos 3:7-4:11