El Misterio: El Eterno Plan y Propósito de Dios en Cristo

El Misterio:  El Eterno Plan y Propósito  de Dios en Cristo

El Misterio:El Eterno Plan y Propósito de Dios en Cristo

por Mike Harding

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El texto Bíblico ha sido tomado de la

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Pastor Mike Harding

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Introducción

 

Introduciendo el misterio

 

Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.  1 Corintios 2:1-9

 

En este pasaje de la primera carta de Pablo a la iglesia de Corinto, nos encontramos con una referencia a un “misterio” – el misterio de la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria. Este misterio, como se le llama, es mencionado muchas otras veces en las Escrituras, y es una doctrina principal del Nuevo Testamento. Pablo, en su vocación como maestro, reveló y enseñó la doctrina del misterio a la iglesia primitiva, y lo registró en las páginas de las Escrituras.

En los años que siguieron, sin embargo, el misterio se convirtió en un misterio nuevamente, no revelado a la mayoría de la iglesia. Por el contrario, se ocultó de nuevo – esta vez por la negligencia.
Explorar y comprender la revelación de este misterio es el propósito de este libro. Si usted no ha oído hablar del misterio, o si se trata de una nueva enseñanza para usted, prepárese para ser maravillosamente sorprendido e impresionado por la profundidad del amor y la sabiduría eterna de Dios. El misterio, una vez comprendido y aceptado, le dará una seguridad en la profundidad y la inmutabilidad del amor de Dios más grande que cualquier otra cosa nunca podría darle.
Si usted ya ha explorado el tema del misterio, mi oración es que este libro contribuya aún más a su conocimiento del plan eterno de Dios y a su aprecio por Su gran amor.

Al mirar de nuevo a 1 Corintios 2:1-9, es útil entender primero que el apóstol Pablo caminaba y funcionaba en varios oficios ministeriales al mismo tiempo. Se llaman los “cinco oficios del ministerio”, y los encontramos en el capítulo 4 de Efesios.

 

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo…  Efesios 4:11-12

Estos oficios del ministerio existen con el propósito de dar a conocer a Jesucristo a los pecadores perdidos, y luego ayudarlos a ser maduros santos de Dios, capaces de reproducirse espiritualmente y discipular a otros. Es un proceso cíclico – desde el nacimiento espiritual a la madurez espiritual – se repite constantemente.
Estos cinco dones del ministerio operan un poco diferente cada uno, para ministrar a las personas en los diferentes niveles de su crecimiento espiritual.
El evangelista, por ejemplo, se preocupa principalmente por el primer paso en el proceso, el de exhortar a los perdidos a recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. El corazón (de él o ella) late con el mensaje salvador del Evangelio y el amor de Dios le inspira a ganar a los perdidos para Jesucristo.
El apóstol es un pionero y el que asienta la fundación. Él es un pionero del reino, enviado por el Espíritu Santo para invadir las fortalezas del diablo, e introducir el Evangelio a las culturas y grupos étnicos no alcanzados. Él coloca las bases para nuevas iglesias.
El pastor ve a los cristianos como hijos suyos, como su rebaño, que tienen que ser alimentados y cuidados, protegidos y amados. Él proporciona un hogar y una familia para ellos. Él es el sub pastor de Jesús, y el portavoz de Dios a su congregación en particular.
El profeta es un timón en el cuerpo de Cristo. Cuando el cuerpo, o una congregación local, se están saliendo del camino, o confundiendo sus prioridades, el profeta puede escuchar a Dios y entregar un mensaje de corrección a tiempo. O puede moverse en dones de revelación sobrenatural, confirmando a los cristianos el llamado y la dirección que están recibiendo de parte de Dios.
Finalmente, el maestro está interesado con ver la formación y maduración de los santos. Él se deleita en tomar cristianos no preparados y enseñarles las verdades profundas de Dios. Por el ministerio de la revelación del Espíritu Santo (Efesios 1:17), él abre las Escrituras a los santos para mostrar el eterno propósito y los principios de Dios.
Todos estos dones del ministerio trabajan juntos para producir santos maduros de Dios – ¡un proceso completo!

Por las Escrituras, también sabemos que un ministro puede estar en diferentes oficios del ministerio al mismo tiempo, haciendo múltiples contribuciones al crecimiento de la familia de Dios. Este fue el caso con el apóstol Pablo.

 

Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad.  1 Timoteo 2:7

Pablo dijo a Timoteo que se encontraba en tres cargos ministeriales: evangelista (predicador), apóstol y maestro. Tenía la vocación y la unción para operar en las tres funciones. ¡No es extraño que Pablo fuera muy poderoso en las cosas de Dios!
Esta información también nos ayuda a entender el mensaje de Pablo a los Corintios. En 1 Corintios 2:2, vemos que Pablo llegó a los Corintios por primera vez como un evangelista.Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
            La necesidad más urgente y crucial para cualquier pecador es poder escuchar el evangelio y tener la oportunidad de creer y ser salvo. ¡Nada es más importante que esto! Ninguna cuestión “religiosa” debería empañar este mensaje fundamental – la salvación o la condenación.
Pablo continuó, diciendo: ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

Poderosas manifestaciones del Espíritu Santo son mucho más comunes y necesarias en los ministerios de los apóstoles y los evangelistas, ya que tratan con personas que no conocen a Dios. ¡Necesitan convencerlas!
Pablo comenzó su relación con los Corintios como evangelista y apóstol.
Pero después, en el versículo seis, Pablo cambia de dirección un poco, y aquí es donde vemos su vocación de maestro salir a la superficie.
Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria…  1 Corintios 2:6-7

Pablo estaba diciendo que para los que son maduros, es decir, que estén establecidos en su fe en Cristo y hayan pasado de “sólo leche” (Hebreos 5:12-14), hay una abundancia de revelación disponible sobre el propósito eterno y el plan detrás del mensaje del Evangelio que todos conocemos. Pablo, el maestro, enseña esta revelación a la iglesia para edificarlos, para informarles del plan de Dios, para ayudar a llevarlos a una mayor madurez. El diablo y los “gobernadores” espirituales de este mundo no entienden – o más bien, no entendieron, cual era el eterno plan y propósito de Dios, “porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.” ¡Aleluya!
Pablo se refiere a este plan como el “misterio”. Nótese también que él dijo que estaba “predestinado antes de los siglos…” Esto nos dice que “el misterio” no es una doctrina de poca importancia – que es de naturaleza eterna. Echemos un vistazo a las dos otras escrituras que confirman esto.
A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor…  Efesios 3:8-11

 

También,
Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos…  2 Timoteo 1:8-9

Es claro en estos pasajes que Dios, en la eternidad pasada, formuló en su corazón un plan – un plan eterno – que implicó la creación de la humanidad, la encarnación de Dios como hombre, y el matrimonio de Dios y el hombre a través de lo que conocemos como la iglesia de Jesucristo.
El evangelio de la salvación no es un accidente, no es una solución desesperada de último minuto al problema de la trágica rebelión de Adán y Eva. Dios, a través de los ojos del entendimiento, vio esta caída inevitable, y planeaba usarla como su oportunidad de unirse en amor a su propia creación en una forma que hoy asombra las mentes de los que se han beneficiado de este plan.
Estos pasajes también dejan claro que no hay otro plan en el universo de igual o mayor importancia. Si el misterio es el “propósito eterno” de Dios, entonces no hay ningún otro propósito, ningún otro plan.
Esto nos dice que lo que Dios está llevando a cabo en la tierra, ahora mismo, es la cosa más importante que sucede en todo el universo, en todo el tiempo y la eternidad. La humanidad, en el planeta tierra, es el centro de atención de Dios. ¡El proyecto más importante de Dios se está cumpliendo aquí y ahora, y usted es parte de ello!
Piense en esto: Dios se hizo hombre. Eso no fue un arreglo temporal, sino que fue un compromiso eterno. Jesús no se despojó de su cuerpo humano y lo echó fuera cuando regresó al cielo. Él lo conservó, en forma resucitada y glorificada. Nunca antes, y nunca más, será Dios miembro de cualquier otra raza de su creación. El acuerdo de Dios con la humanidad representa un matrimonio eterno, una unión eterna, de Dios y el hombre.
Comprender el misterio, el propósito eterno de Dios, nos da respuestas a algunas de las preguntas más importantes que el hombre se ha preguntado alguna vez:

¿Cuál es el verdadero significado y propósito detrás de todo el universo? (¡Una pregunta razonable!)

¿Cuál es el propósito eterno de Dios?

¿Cuál es el propósito del hombre? ¿Por qué fuimos creados? ¿Por qué estamos aquí?
¿Cuál es el propósito y llamado eterno de la iglesia? ¿Qué vamos a hacer en el reino de Dios, en el futuro de la eternidad?
¿Cuál es la motivación de Dios para todo esto? ¿Por qué hace Dios las cosas que hace?
¿Cuál es el propósito de Satanás, el arcángel rebelde, de estar aquí en la tierra? ¿Fue un accidente, o Dios permitió que estuviera aquí para servir a un propósito más grande?
¿Cuáles son las prioridades de la iglesia aquí en la tierra? ¿Qué se supone que debemos estar haciendo mientras estamos aquí?
Todas estas preguntas son contestadas por la revelación del misterio, y las respuestas son una bendición y un fundamento de la verdad, de las que cada cristiano debe beneficiarse.

Volviendo al pasaje de 1 Corintios 2:6-9, vemos que Pablo arrojó un poco de luz sobre el misterio en este momento. Tres cosas que él señala aquí son las siguientes:

(1) El misterio estaba “oculto”, lo que significa que no fue revelado anteriormente. Estuvo presente en el Antiguo Testamento, pero oculto a la comprensión del hombre.
            (2) El misterio estaba “predestinado antes de los siglos…” Como ya hemos visto, Dios concibió su plan mucho antes de que se hayan creado los cielos y la tierra, Adán y Eva, o incluso a los ángeles. Toda la creación, incluyendo a los ángeles, fueron creados para servir al cumplimiento de este misterio.
(3) El resultado previsto del misterio era “para nuestra gloria”. Note que no dice “para su gloria.” Ciertamente, la gloria de Dios es la preocupación principal y más alta, pero la esencia del misterio es que Dios planeó con mucha anticipación vestirnos, a sus santos, en su gloria manifiesta. ¡Tenía la intención de compartir su gloria con nosotros!

El propósito de este libro es explorar con precisión el significado del “misterio”, y su importancia para nosotros como pueblo de Dios. Entender el plan eterno de Dios y su propósito es fundamental para comprender las relaciones de Dios con la humanidad, desde Génesis hasta Apocalipsis. ¡Cooperar con el plan eterno de Dios y su propósito debe ser la cosa más importante que nosotros, como cristianos, podemos hacer!
Este plan es tan increíblemente maravilloso, tan alucinante, tan impresionante y más allá de nuestros sueños más extravagantes, que Pablo se inspiró para escribir por el Espíritu de Dios,

 

“Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.”

1 Corintios 2:9

 

Qué impresionantes palabras. Dice que ningún hombre nunca ha concebido o imaginado, a través de medios humanos naturales, las cosas maravillosas que Dios ha planeado para los que le aman. ¡Pero mira lo que viene después!

 

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.  1 Corintios 2:10

¡Alabado sea Dios! Este conocimiento estaba oculto. Pero bajo el nuevo pacto, para gente nacida de nuevo en quienes habita el Espíritu Santo, Dios ha revelado el misterio de su plan eterno – y los apóstoles y los profetas lo han registrado para nosotros en las Escrituras. ¡Nosotros podemos comprender y cooperar con el propósito eterno de Dios!

El misterio oculto, el misterio revelado

 

Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.  Romanos 16:25-27

En este pasaje final de la carta de Pablo a la iglesia de Roma, hace referencia a “la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora…” Esto se hace mención en conexión con “mi evangelio y la predicación de Jesucristo.” Vemos que la predicación del evangelio en el nuevo pacto coincide con la revelación del “misterio”. Los dos temas están estrechamente relacionados e interconectados.
Entendemos que los elementos del Evangelio – la salvación por la fe, la encarnación de Dios como Salvador humano y Mesías – fueron expresados en el Antiguo Testamento. Sin embargo, fueron colocados de tal manera que el lector ocasional no lo habría visto o entendido. Sólo un lector inspirado por el Espíritu Santo podría ver las verdades depositado allí, y sólo en “partes” como el Espíritu lo permitiera.
El pleno entendimiento y la revelación del Evangelio llegaron con el establecimiento del nuevo pacto, y ahora podemos sencillamente leer sobre esto en las páginas del Nuevo Testamento.
Hay un término usado para describir esto. Es, “En el Antiguo Testamento oculto, en el Nuevo Testamento revelado”.
El mismo fenómeno ocurre con la doctrina del misterio. Los elementos del misterio – el plan eterno de Dios y su propósito – fueron depositados en el Antiguo Testamento, pero pasó casi desapercibido por los intérpretes humanos. Pero con la escritura del Nuevo Testamento, el misterio fue revelado y grabado en las páginas de las escrituras del Nuevo Testamento.
Más que cualquier otro hombre, fue el apóstol Pablo a quien Dios utilizó para registrar el misterio para que toda la iglesia lo entendiera.

 

El apóstol Pedro escribió acerca de esto:

 

Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.  2 Pedro 3:14-16

Pablo era conocido y reconocido por los ancianos de la iglesia por haber recibido una revelación especial de Dios con respecto al propósito de la “era de la iglesia”, el tiempo en que el plan eterno de Dios se estaba cumpliendo tanto entre los judíos y el mundo gentil. Pablo mismo reconoció que Dios le había dado este entendimiento, y la comisión para darlo a conocer a la iglesia.

 

Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de JesucristoDespués, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé….expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles…y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo…  Gálatas 1:11-12; 2:1,2,9

Pablo recibió su conocimiento del Evangelio y del misterio por revelación de Dios, y más tarde sometió su mensaje a los demás apóstoles en Jerusalén, para asegurarse de que existía un acuerdo entre ellos. Pablo enseñó la doctrina del misterio a la iglesia primitiva, y repitió y grabó los elementos del misterio en sus cartas a las iglesias.
Debido a que las cartas de Pablo a menudo eran recordatorios de las cosas que ya les había enseñado en persona, los elementos del misterio se imparten en pedazos, que se encuentra a lo largo de sus epístolas. Sólo nos queda buscarlos, ponerlos juntos con la ayuda del Espíritu Santo, y ver el cuadro completo: “¡En el Antiguo Testamento oculto, en el Nuevo Testamento revelado!”

En este momento, debemos clarificar algo sobre la naturaleza del “conocimiento por revelación”, en lo que Pablo se basó, y en lo que nosotros confiamos.
La palabra griega que traducimos como “revelación”, es “apokalupsis”, que significa “un descubrimiento”. Una revelación es cuando el Espíritu Santo, el autor de la Biblia, “descubre” el significado de algo que ya ha sido registrado en lsa Escrituras. Esto no significa venir con una enseñanza que no está de acuerdo con la fundación de la Escritura registrada.
Toda la revelación se basa en las Escrituras. La Palabra y el Espíritu siempre están de acuerdo. Los elementos del evangelio, incluyendo la salvación por la fe y la encarnación de Dios como el Cordero del sacrificio, se enseñan en forma de semilla en los primeros capítulos del Génesis. La “semilla de la mujer” (Jesús nació de una virgen), Adán y Eva cubiertos de pieles de animales (Cristo como el sacrificio que nos cubre), y la ofrenda del sacrificio de Abel frente a la ofrenda de obras de Caín (la fe contra las obras), son semilla de la verdad del evangelio. El resto de la Biblia desarrolla estas semillas de verdad.
La revelación siempre mejora, pero nunca contradice, nuestra comprensión de estas verdades fundamentales.
El punto aquí es que el misterio es una doctrina que se encuentra en las Escrituras como la revelación del designio eterno de Dios y su propósito, que encuentra su plena realización en la iglesia de Jesucristo. El “misterio”, como doctrina, debe ser bien entendido por todos los ministros del evangelio, y se les debe enseñar a todos los santos, tan pronto como hayan terminado con la leche, y estén listos para comenzar a madurar.
¡El misterio, una vez oculto, se ha revela ahora y debe permanecer revelado! No debe ser descuidado, malentendido o tratado con menos importancia que la que se merece. Es la verdad fundamental detrás de la Biblia, detrás del Evangelio, y detrás de la encarnación de Dios.

Siete elementos del misterio

 

Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él…  Efesios 3:1-12

Este pasaje en Efesios 3 nos presenta varios de los elementos del misterio. En los versículos 2 al 13 de este capítulo, Pablo da una de las descripciones más detalladas de su vocación de entender y enseñar el misterio del eterno propósito de Dios para la iglesia. Él utiliza el conocimiento de este llamado para animar a la iglesia de Éfeso, en el versículo 13, a comprender la razón de sus tribulaciones y persecuciones, para que no pierdan el ánimo.
Obviamente, el diablo, ahora que sabe lo que es el misterio, ¡no quiere que Pablo se lo diga a todos los demás! (Si usted fuera el diablo, ¡usted estaría molesto también!)

Hay siete partes o elementos del misterio revelado en el Nuevo Testamento. Tres de estas se encuentran aquí en Efesios 3:6. Vamos a identificarlos brevemente, y luego explorarlas a mayor profundidad en los capítulos siguientes.

1.         que los gentiles son coherederos

El primer elemento del misterio es que ambos judíos y gentiles son coherederos de Dios. Este conocimiento fue una sorpresa para algunos de los primeros creyentes judíos, que habían llegado a la conclusión errónea de que Dios no tenía ningún uso o deseo por los gentiles inmundos. Los judíos y los gentiles fueron predestinados a ser uno en Cristo. Ambos iban a recibir una rica herencia en Cristo, ¡y no iban a recibir la herencia eterna fuera de Cristo!

2.         y miembros del mismo cuerpo

Lo que ni los judíos (del Antiguo Pacto) ni los gentiles (sin pacto) podrían haber imaginado es que en Cristo, se habrían hecho miembros de su cuerpo. Esto no sería una identificación simbólica, sino una unión verdadera y literal de nosotros como el cuerpo y Cristo como la cabeza. Estarían eternamente unidos a Jesús, y el uno al otro, por el Espíritu Santo. Tendrían el privilegio de la comunicación directa con la cabeza, compartiendo su vida, su autoridad y su identidad, y llevando a cabo su voluntad.

3.         y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio…
Hace miles de años, Dios hizo ciertas promesas a Abraham, el padre de los judíos y un modelo de fe. Dios hizo un pacto con Abraham, y el resultado sería que Abraham y sus futuros descendientes en este pacto heredarían todo el reino de Dios y compartirían el trono de Dios con el futuro Mesías. La tercera parte del misterio es que ambos judíos y gentiles tienen derecho a heredar esta antigua promesa, ¡y coheredar el trono de Jesús Cristo el Rey!

4.         dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad…  Efesios 1:9-11

Con el fin de obtener legítimamente una herencia, usted debe ser un heredero legal. Con el fin de ser un heredero legítimo, debe ser un hijo o hija del testador. El cuarto elemento del misterio es que en Cristo hemos sido hechos hijos e hijas literales del Dios vivo. Una vez más, ningún significado simbólico y vacío se pretende aquí, somos hechos verdaderos hijos e hijas de Dios Todopoderoso – ¡y si hijos, también herederos! Somos también predestinados a ser conformes a la imagen del Hijo Número Uno de Dios, ¡Jesucristo!

5.         Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Efesios 5:31-32

El hombre natural, Adán, y la mujer natural, Eva, se casan ​​y se convierten en una sola carne. ¡El hombre sobrenatural, Jesús, y su esposa sobrenatural, la iglesia, se convierten en un solo espíritu! Así como la esposa de un rey comparte en su nombre, su identidad y su trono, ¡también la novia espiritual de Jesucristo hereda su nombre, su identidad, y su trono! La quinta parte del misterio es la iglesia como la esposa de Jesucristo, ¡la formación en la tierra para reinar en el cielo!

6.         …de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria…   Colosenses 1:25-27

¿Podría alguien bajo el antiguo pacto soñar que un día su Dios viviría dentro de ellos? ¿Que Cristo Jesús, el Mesías, haría de su corazón su hogar, a través de la presencia interior del Espíritu Santo? O que, el día en que el Rey Mesías fuera revelado a todo el pueblo de la tierra, serían revelados con El en su brillante, manifiesta gloria, resplandeciente como el sol? El sexto elemento del misterio es Cristo viviendo dentro de usted, su esperanza y la expectativa de la gloria.

7.         E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria1 Timoteo 3:16

Dios se hizo hombre. Dios, el Creador, se convirtió en un miembro de su propia creación. Su razón para hacer esto era el amor. Él bajó del cielo, y se unió a la humanidad, para que pudiera llevar a la humanidad hacia el cielo, y unirnos a sí mismo. El séptimo elemento del misterio es el misterio de la encarnación, donde Dios habita, no sólo en Jesucristo el hombre, sino en todos los hombres y mujeres que se convierten en parte del cuerpo de Jesucristo. Elemento siete es Dios y el hombre unidos en Cristo.

Estos son los siete elementos del misterio. De nuevo en orden, son:

  1. Judíos y gentiles, coherederos de Dios
    2. Miembros del cuerpo de Cristo
    3.  Partícipes de la promesa de Dios
    4.  Hijos y herederos
    5.  La esposa de Cristo
    6.  Cristo en usted – la esperanza de la gloria
    7.  La encarnación – Dios y el hombre unidos en Cristo
    En los capítulos siguientes, vamos a explorar cada uno de estos elementos en mayor detalle. Pablo dijo, en Colosenses capítulo uno, que la revelación del misterio fue una administración que Dios le otorgó para nuestro beneficio. Vamos a tomar ventaja de esta administración y aprender acerca del plan eterno de Dios, el misterio.

 

  1. Judíos y Gentiles, Coherederos de Dios

Judíos y gentiles uno en Cristo

 

Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.  Efesios 2:11-22

El versículo 13 dice que los que antes estaban lejos han sido hechos cercanos a Dios. Esta cercanía nos habla de tener una relación de pacto con el Señor. Pablo está citando de Isaías 57:19, donde Dios proclama, Paz, paz al que está lejos y al cercano.” El que estaba “lejos” era el gentil, que no tenía pacto con Dios. El “cercano” era el judío, que tuvo el beneficio del antiguo pacto. Lo que trajo a los gentiles cerca de Dios fue la sangre de Jesús.
Pero también fue la sangre de Jesús que trajo al judío y el gentil como un solo hombre, con una identidad en Cristo y en una posición de igualdad en la familia de Dios. Esto nos dice que siempre fue el plan de Dios de tratar al judío y gentil igualmente. Ambos tienen sólo una vía real de la salvación eterna – la fe en la Palabra de Dios.

Por eso Dios dijo a los judíos en Isaías 51:1-2

 

Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados. Mirad a Abraham vuestro padre…”

Isaías 51:1-2

Todo lo que Abraham tuvo a su favor fue que, ante todo tipo de prueba y desaliento, él creía en la promesa de Dios. Por eso Dios lo justificó, y cualquier judío que busca estar bien con Dios sólo tiene que creer en la palabra de Dios – toda la Palabra de Dios. Bajo el nuevo pacto, esto significa creer en Jesús el Mesías.

¡Es lo mismo para el judío como también para los gentiles!

Podemos concluir que Dios no se preocupa mucho por las diferencias entre los judíos y gentiles, ¡sino que él se preocupa por las similitudes entre los judíos y gentiles! ¿Qué es lo más obvio que ambos tienen en común? ¡La respuesta es que ambos son descendientes de Adán y Eva, son miembros de la raza humana!

El plan de Dios para la raza de Adán

En este mundo, hombres y mujeres viven su vida cotidiana sospechando rara vez el maravilloso plan que Dios ha realizado para la raza humana. Se ocupan sobre sus asuntos creyendo que Dios (si es que creen en Dios) está ocupado trabajando en proyectos sumamente importantes en el universo – cosas grandiosas que tienen que ver con los ángeles, el sistema solar, nuevas galaxias, etc., mientras que la humanidad avanza con dificultad como si fuéramos un experimento de tubo de tercera categoría en el universo. Incluso cristianos nacidos de nuevo que conocen a Dios personalmente, con frecuencia sospechan, si no entiende las intenciones de Dios, que son un asunto de segunda prioridad en el universo tan ocupado de Dios, y que tal vez Él está decepcionado con la forma en que ellos han resultado.
¡La buena noticia es que esto no es cierto! ¡Por el contrario, la Biblia nos muestra que la humanidad es la única y la más importante prioridad en toda la creación de Dios! Si la falsa humildad o el escepticismo previene que cualquier persona acepte esto, vamos a examinar algunos hechos bíblicos:

En el principio, Dios creó los cielos y la tierra y dijo: “Sea la luz”. Él paso seis días completando el proyecto. Los científicos nos dicen que el universo se ha expandido con la velocidad de la luz desde entonces, y Dios no ha prestado más atención a ella desde entonces.
En el sexto día, sin embargo, Dios creó al hombre.

 

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.  Génesis 1:26-27

Note en el versículo 27 que Dios creó al hombre a su imagen. “Crear” es una palabra que significa una obra instantánea de la creación. Se ha hecho y terminado en un momento. El hombre fue creado con la capacidad de amar, de tener comunión, de comunicar, y de tomar decisiones morales. Fue creado como un ser trino – espíritu, alma y cuerpo – en la imagen de un Dios trino.
Pero fíjese que lo que Dios dice en el versículo 26 fue: Hagamos al hombre a nuestra imagen”. La palabra que se traduce “hagamos” es una palabra totalmente diferente. Significa hacer, realizar o lograr, en el sentido más amplio de la palabra. Lo que se quiere decir es que Dios quería comenzar un proyecto a largo plazo. Este fue el proyecto de formar al hombre en la madurez y el carácter de Dios. El deseo del corazón de Dios y su motivación eran hacer de la humanidad un pueblo con quien Dios mismo podría tener una comunión intima.
Para que dos caminen juntos, deben tener un acuerdo. Para que Dios y el hombre tengan una verdadera comunión, deben ponerse de acuerdo en todas las cosas. Deben tener los mismos valores, el mismo carácter, el mismo criterio en todos los asuntos. Deben amarse y apreciarse el uno al otro.
El proyecto “hombre-en-la-imagen-de-Dios” es el plan de Dios para llevar a la humanidad a un lugar de madurez, en espíritu y en carácter, en el que podemos tener verdadera comunión mutuamente satisfactoria con Dios. Porque Dios es un rey y un gobernante, Él le dio al hombre el mando para gobernar sobre la tierra, a practicar el dominio, para que el hombre podría llegar a sentarse al lado de Dios en su trono y cogobernar en el universo.
La posición que Dios planeó para que el hombre llenara en su reino es la posición más próxima a Dios mismo. ¡No hay mayor lugar!
Como se mencionó anteriormente, Dios no ha prestado mayor atención a la expansión del universo desde que lo habló a la existencia. Sin embargo, ha centrado toda su atención desde ese momento específicamente sobre nosotros, los descendientes de Adán y Eva. El potencial que fue construido en nosotros por la creación es el potencial que Él está trabajando para realizar: el hombre a imagen de Dios.

Otra evidencia del plan prominente de Dios para la humanidad es el hecho de la redención.

 

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.  Hebreos 2:14-17

La Escritura dice que Dios no hizo ningún intento de redimir a los ángeles que cayeron del cielo. No hizo ningún plan de salvación para ellos. Su suerte estaba sellada en el momento que decidieron seguir a Lucifer en su rebelión.
Pero Dios ayuda a los descendientes de Abraham – ¡y a todos los descendientes de Adán y Eva! Dios hizo esto al convertirse en uno de nosotros, compartiendo en carne y hueso, y legalmente nos rescató del poder de Satanás. Su encarnación fue un compromiso permanente, que nunca se repetirá con ninguna otra raza creada. ¡Esto demuestra que Dios tiene planes para nosotros! De hecho, Dios sabía de antemano que Adán y Eva eventualmente cederían a las tentaciones de Satanás, ¡y Él ya tenía un plan de redención en su lugar! Apocalipsis 13:8 dice que el Cordero fue asesinado desde la fundación del mundo. En el corazón de Dios, la provisión fue prevista antes de la necesidad.

 

Como una prueba más, vemos que la humanidad está destinada a una posición por encima de los ángeles de Dios.

pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, O el hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, Le coronaste de gloria y de honra, Y le pusiste sobre las obras de tus manos;  Hebreos 2:6-7

           
¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?  1 Corintios 6:2-3

            Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?  Hebreos 1:13-14

Es evidente que los ángeles, creados mucho antes que nosotros, fueron creados con el propósito de servirnos y ministrarnos a nosotros – en particular aquellos de nosotros que heredaremos la salvación. En nuestro lugar final definitivo con Dios en su trono, reinaremos con Cristo sobre toda la creación.
Este conocimiento no puede hacer que nos sintamos orgullosos y arrogantes, si lo entendemos correctamente. Seremos humildes, sabiendo que este glorioso privilegio es la obra de Dios y la elección de Dios, no la de nosotros.
Un ejemplo que me gusta utilizar es el caso de un hombre muy rico que tiene una casa grande, llena de mayordomos, camareras, cocineros – todo tipo de servidores. Él tiene todo el poder y la riqueza que jamás podría desear, pero falta una cosa: una novia con quien compartirlo. Por eso el hombre busca una novia que se venga a vivir con él, y disfrutar de toda su riqueza con él. El único requisito es que ella realmente lo ame. No va a ser engañado con halagos simples. Después de la boda, todos los sirvientes de ese hogar, preparados antes de que ella llegue, se encuentran en su servicio, y toda la riqueza de la finca se encuentra bajo un mando compartido.
Lo mismo sucede con Dios. Los siervos, los santos ángeles de Dios, ya están listos y en su lugar. La riqueza y la herencia del reino de Dios están esperando. El único requisito para ser la novia es amar verdaderamente al Señor Jesús, conocerlo a Él como su Salvador, y serle fiel a Él. ¡Todo lo demás está listo!
El punto de todo esto es para mostrar que el hombre no es una parte insignificante del universo que Dios ha rescatado por compasión, sino que Dios planeó para la humanidad y, específicamente, la iglesia de Jesucristo, que tuviéramos comunión y reináramos con Él para siempre. Estábamos destinados desde la eternidad para ocupar la posición más alta en el universo junto a Dios mismo.
Cuando entendemos esto, podemos ver que el ser judío o gentil poco importa a Dios en el contexto de su plan eterno. Ambos fueron hechos para ser uno en Cristo Jesús, y tienen la misma oportunidad de recibir la redención por fe.

 Los tiempos de los judíos y los gentiles

Pero sabemos que Dios escogió tratar de una manera diferente a los judíos y gentiles a lo largo del tiempo.


            Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo…  Romanos 11:24-26

Parte del misterio incluye lo que a veces se llaman la “era de la iglesia”. Los judíos leyendo el Antiguo Testamento vieron las profecías de la venida del Mesías, y las profecías del reino de Dios establecido sobre la tierra, con sede en Jerusalén. Pero lo que no vieron fue un período de alrededor de 2,000 años, cuando Dios a su vez dejaría de tratar principalmente con la nación de Israel, y tendría una cosecha de almas de las naciones gentiles. Este período de tiempo quedó oculto en las profecías del antiguo pacto, y los judíos no lo vieron.
Dios pasó cerca de 2,000 años ocupándose de la nación de Israel. A través de sus profetas, estableció su palabra en la tierra. A través de Israel Él preparó el camino para el nacimiento del Mesías. El resto de los creyentes de Israel estaban embarazados por dos mil años con el Salvador del mundo, y a través de ellos el Verbo se hizo carne.

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.  Apocalipsis 12:1-2

La tragedia es que, después de dar a luz, una gran parte de Israel rechazó al Mesías que ellos habían dado a luz. Así que Dios pronto se dirigió al mundo de los gentiles, y comenzó a derramar su Espíritu sobre ellos. Los gentiles, del “olivo silvestre”, fueron injertados en el “buen olivo”, la gente del pacto de Dios. Cuando el número total de gentiles entre en el reino, Dios regresará una vez más hacia Israel, que esta vez estará totalmente listo para recibir a Jesús en fe. Una cosecha final de creyentes judíos será recogida por el movimiento del Espíritu de Dios entre ellos, ¡y entonces el misterio de la iglesia será completo!
Los lavados en la sangre de Jesús, judíos y gentiles, recibirán la herencia completa destinada a ellos ¡y encontrarán su lugar preparado en el trono de Cristo!

  1. Miembros de su Cuerpo


El cuerpo – ¿literal o simbólico?


            …y (Dios) sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.  Efesios 1:22-23

Era el plan eterno de Dios llevarnos a una comunión tan íntima con Él que, literalmente, pasáramos a formar parte de él – una extensión de sí mismo. Sólo el amor sobrenatural de Dios podría concebir y ejecutar dicho plan.
Es cierto. Ser “el cuerpo de Cristo” no debe de ninguna manera ser tomado simbólicamente. Es literal al pie de la letra.
El cuerpo humano comienza con una sola célula: una célula fertilizada. En esta unidad se invierte todo el potencial para el ser humano. Desde este punto de partida, comienza a multiplicarse rápidamente. Al principio, las células parecen iguales. Pero dentro de muy poco tiempo, las células comienzan a especializarse, siendo formadas y preparadas para las diferentes funciones necesarias en el cuerpo. Cuanto más se multiplican las células, y cuanto más crece el cuerpo en tamaño y complejidad, mas especialización es necesaria. Todas las células se forman en la imagen de la original (con la misma huella genética), pero cada una tiene un lugar especializado asignado en el cuerpo.
Por supuesto, es lo mismo en el cuerpo de Cristo. Jesús es el Hijo de Dios original. En Él estaba todo el potencial de lo que el cuerpo de Cristo iba a ser – ¡una extensión de sí mismo! Cada miembro de su cuerpo está hecho a su imagen, con la “huella genética” espiritual del Hijo de Dios, pero cada uno es llamado y predestinado a un área de especialización. Cada uno es único en su apariencia y personalidad. Cada uno tiene un área diferente del llamado y de unción. El tamaño y la complejidad del cuerpo de Cristo requieren una gran especialización para poder disfrutar de salud y la eficacia.
Cuando Jesús estaba en la tierra, pasó la mayor parte de sus tres años y medio de ministerio entrenando a sus doce discípulos. Jesús nunca tuvo la intención de ministrar personalmente a todas las personas perdidas en todo el mundo. Con tiempo suficiente, podría llegarlo a hacer, pero eso no era el plan. Su prioridad número uno durante este tiempo fue invertir a sí mismo en sus discípulos y capacitarlos para duplicar su ministerio.
Después de haber sido crucificado y de resucitar, llegó el momento en que estos discípulos fueron convertidos oficialmente en parte de su cuerpo.

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.  Juan 20:19-23

En el instante en que Jesús sopló sobre ellos, recibieron el Espíritu Santo y nacieron de nuevo. En ese momento, se convirtieron en miembros de su cuerpo – una extensión de sí mismo.
Jesús se había, al igual que el óvulo fecundado, duplicado a sí mismo y a su ministerio. Aunque Él muy pronto volvería al cielo para estar con su Padre, podría extender su presencia y su ministerio en la tierra a través de estos nuevos miembros de su cuerpo. Su identidad como una extensión autorizada del mismo Cristo fue tan literal que les dijo, en efecto, “A quienes perdonéis los pecados, ya es oficial. Ellos están libres de ese pecado. Es como si yo lo hubiera hecho yo mismo. Si usted tiene sus pecados en contra de ellos, ellos están atados. El sentimiento de culpa y la esclavitud se mantiene.”
Jesús dejó en claro en su enseñanza de que debemos ser perdonadores generosos. El perdón libera a la gente de todo tipo de ataduras y cadenas, tanto espirituales, emocionales y físicas. Por supuesto, esto no elimina la necesidad de la gente para encontrar el perdón definitivo a través del arrepentimiento y la fe en la sangre de Jesús, pero sí nos da la autoridad y la responsabilidad de ministrar la libertad a través del perdón siempre que podamos.
El punto es que somos ahora una extensión del mismo Jesús. Incluso nuestros cuerpos son ahora parte de Él. Como tales, son santos y sagrados.

 

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.  1 Corintios 6:15
Nuestro cuerpo es santo, la propiedad de Dios. Todo lo que hacemos, es como si Jesús mismo lo estuviera haciendo, porque somos parte de Él.
Este hecho trae consigo a la luz algunas verdades gloriosas. Piense un usted mismo: ¿Su cuerpo tiene una identidad diferente de la cabeza? ¿Su cuerpo va por un nombre, y su cabeza por otro? ¿Va su cabeza a algún lugar especial o experimenta algún privilegio que su cuerpo no puede? Por supuesto que no.
Somos, como miembros del cuerpo de Cristo, partícipes de todos los beneficios y todos los privilegios que Jesús mismo recibe.
Nosotros fuimos crucificados con Él y con Él resucitado. Estamos sentados con Él en lugares celestiales, en su trono:

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús…  Efesios 2:4-6

 

Ejercemos su nombre con la verdadera autoridad: Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios…  Marcos 16:17

 

Toda la gloria que el Padre le concede a Él, nosotros la recibimos con él: La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos unoJuan 17:22

Compartimos su nombre y su identidad. Somos, para toda intención y propósito, Cristo en la tierra. Jesús sigue siendo la única cabeza, el único Señor, el segundo miembro de la Divinidad hecho carne, pero Él nos ha hecho ser, literalmente, no simbólicamente, miembros de su propio cuerpo, una extensión viviente de sí mismo. Somos, ahora, uno con Él y entre nosotros.

El Espíritu Santo en el cuerpo

¿Cómo es todo esto posible? Si el cuerpo es literal y no simbólico, ¿cómo se hace? La respuesta se encuentra en 1 Corintios capítulo doce.

Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos… Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.  1 Corintios 12:12-14,27

Recuerde de Juan, capítulo 20, que los discípulos se convirtieron en miembros del cuerpo cuando Jesús sopló sobre ellos, y recibieron el Espíritu Santo. 1 Corintios doce dice que es el Espíritu Santo que nos pone, o nos sumerge en el cuerpo de Cristo (“bautizar” significa sumergir) y todos bebemos de ese mismo Espíritu. Es el Espíritu Santo que literalmente nos une, haciéndonos un cuerpo interconectado.
Piense de nuevo en su propio cuerpo. Todas las células de su cuerpo son suministradas y se mantienen vivas por un complejo sistema de vasos sanguíneos. Levítico 17:11 dice que, “la vida de la carne en la sangre está.” Si cualquier célula de su cuerpo es cortada de la circulación de la sangre, se muere. La célula necesita constantemente oxígeno, alimentos y limpieza.
Así podemos ver que la única cosa que conecta todo el cuerpo físico, y provee vida a cada parte es la sangre. ¿Cuál es el equivalente de la sangre en el cuerpo espiritual de Cristo?

            “El espíritu es el que da vida…”  Juan 6:63

Como vimos en Juan capítulo veinte, y en 1 Corintios doce, es el Espíritu Santo quien nos infunde la vida eterna, quien nos une a Jesús como miembros de su cuerpo, y quien nos une como una sola unidad funcional viviente.
¿Cuando se siente tan espiritualmente vivo como cuando usted ha estado bajo la unción del Espíritu Santo? Ya sea que usted este adorando, ministrando, o siendo ministrado, la fuerte presencia del Espíritu Santo lo carga de vida eterna y poder, y lo hace amorosamente consciente de la unidad que usted comparte con otros miembros del cuerpo de Cristo.
Incluso cuando no estamos en la manifiesta presencia del Espíritu Santo, Él está allí, dentro de nosotros, manteniéndonos vivos y funcionando tan ciertamente como nuestra propia sangre. Esto no es el bautismo en el Espíritu Santo, con su unción y poder. Esta es la morada del Espíritu Santo, nuestro Maestro, nuestro Guía, nuestro Consolador, presente en cada hijo de Dios desde el momento del nuevo nacimiento.

Esto es a lo que se refería Jesús cuando dijo,

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.  Juan 14:16-17

El Espíritu Santo viene a vivir dentro de nosotros para siempre en el nuevo nacimiento. Ya que siempre seremos parte del cuerpo eterno de Cristo, el Espíritu Santo estará siempre con nosotros y en nosotros.
Cristianos – los ungidos
Pero hay otra obra del Espíritu Santo bajo el nuevo pacto llamado el bautismo en el Espíritu Santo.

 

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.  Hechos 1:4-5,8
Unos cincuenta días después de que los discípulos recibieron el Espíritu Santo en ellos en la resurrección de Jesús, fueron bautizados o llenos, con el mismo Espíritu Santo, que vino sobre ellos para darles el poder en calidad de testigos.
Esto es de gran importancia en nuestra función como miembros del cuerpo de Cristo. Para ver esto, primero debemos entender lo que la palabra “Cristo” significa: “Cristo” es la forma griega de la palabra “Mesías”, que en hebreo significa “el ungido”. Cuando decimos “Cristo Jesús” lo que estamos haciendo en realidad es combinando un nombre y un título.
Por ejemplo, podríamos decir que el presidente George Washington fue el primer presidente de los Estados Unidos de América. Todos sabemos que “George Washington” fue su nombre, mientras que “presidente” era su título. Su nombre dice quién era, el título dice lo que fue. Su nombre dice su identidad, y su título revela su función y propósito.
Cuando se habla de Jesucristo, combinamos la identidad de Jesús y su oficio. Su identidad es Jesús, el Hijo de Dios, el Creador encarnado. Su nombre significa “Jehová es salvación.”
Pero su oficio, su vocación y función, es como el Cristo, o “Mesías”, el Ungido. El Mesías sería el ungido con el Espíritu Santo para salvar, sanar y liberar. Esto fue predicho en las profecías de Isaías:

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados…  Isaías 61:1-2

El hombre que cumpliría esta escritura sería un hombre de poder sobrenatural, designado por Dios para salvar y liberar.
Jesús pasó los primeros treinta años de su vida siendo sólo el Hijo de Dios. Trabajó, oró, leyó las Escrituras y tenia comunión con su Padre. Pero no hizo ningún milagro ni ministerio público hasta después de haber sido ungido por el Espíritu Santo.

Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años…  Lucas 3:21-23

Tan pronto como fue bautizado en el Espíritu Santo, Jesús comenzó a desempeñar su cargo como el Mesías, el Ungido. Cada milagro que Él hizo, lo hizo con el poder y la guía del Espíritu Santo. No ministró por su propio poder – Operó totalmente como un ser humano normal, sin usar nada de su propio poder como miembro de la Trinidad.

            Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.  Filipenses 2:5-7

Hubo dos razones por las que hizo esto. En primer lugar, de haber operado como Dios en la tierra, no podría haber calificado legalmente para derrotar al diablo como un descendiente de Adán y Eva, y Él no podría haber calificado legalmente para morir en la cruz como nuestro sustituto. Satanás trató de tentar a Jesús en repetidas ocasiones a usar su propio poder en lugar de ceder al Espíritu. En segundo lugar, Él estaba mostrando a sus discípulos cómo ellos también podían ser capacitados y guiados por el Espíritu Santo para duplicar su ministerio. Él tenía que hacerlo todo como un hombre, igual que nosotros.
Así que Jesús comenzó a sanar, bendecir y liberar a la gente bajo la unción del Espíritu Santo. Poco después, vino a su ciudad natal de Nazaret, entró en la sinagoga y comenzó a leer del profeta Isaías:

El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor.

Lucas 4:18-19

Después de leer la profecía mesiánica, dijo a la gente de allí, “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”  Lucas 4:21

Jesús se presentó como el Mesías, el Ungido. Se calificó, por definición, porque el Espíritu de Dios había venido sobre Él para ministrar. Tenga en cuenta que había una razón específica para la unción. Se dice que la unción vino porque Él me ha ungido para predicar…para proclamar la libertad… para rescatar… para liberar… El propósito de la unción es para predicar el evangelio, para liberar a la gente y unirlos con Dios.
Así que Jesús llenó la posición del Mesías. Si hubiera sido el plan, Él podría haber seguido, viajando alrededor del mundo, ministrando a todo el mundo con la unción sobrenatural del Espíritu. Pero en lugar de eso, Él capacitó a un grupo de discípulos, entregó su ministerio a ellos y regresó al cielo. Esto era el plan.
Como hemos visto, los discípulos, una vez nacidos de nuevo, se convirtieron en miembros de su cuerpo. Jesús es la Cabeza, ellos son su cuerpo. El punto aquí es que a medida que el cuerpo comparte la misma identidad que la Cabeza, el cuerpo también comparte la misma posición. Si la Cabeza es ungida, el cuerpo es ungido. Si la Cabeza está en el cargo del Mesías, el Ungido, el cuerpo en la tierra llena el mismo cargo.

            ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras.  Salmo 133:1-2

Este salmo es profético del cuerpo de Cristo. Hermanos viviendo en armonía son cristianos, nacidos del Padre. El aceite sobre la cabeza es la unción del Espíritu Santo que llegó primero a Jesús, la Cabeza. (Aarón, el sumo sacerdote, es profético del gran Sumo Sacerdote, Jesús) Después de la unción de la cabeza, el aceite desciende sobre el cuerpo – ¡sobre nosotros!
¡Ahora somos los ungidos!
En el día de Pentecostés, cuando los discípulos fueron bautizados en el Espíritu Santo, los miembros del cuerpo de Cristo en la tierra fueron capacitados para seguir cumpliendo con el cargo del Mesías. Desde ese día hasta hoy, y hasta que Jesús regrese, la iglesia ha de operar en poder sobrenatural, bajo la unción, edificando el Reino de Dios. Somos extensiones del mismo Jesús, llenando la tierra con su presencia y su ministerio. Tenemos que hacer lo que Él haría.
Más que eso, tenemos que ser dirigidos y controlados por la Cabeza diariamente. Piense de nuevo en su cuerpo natural. ¿En qué tipo de problemas estaría usted, si cuando su cabeza le envía una orden a su brazo para recoger un objeto cercano, su brazo se queda simplemente allí, sin hacer nada? Tal es la condición de un tetrapléjico. Se trata de alguien que está paralizado en ambos brazos y ambas piernas. La cabeza puede desear todo tipo de cosas, pero el cuerpo nunca responde. El resultado es una cabeza impotente.
A veces el cuerpo de Cristo se pone en esa condición. Jesús, la Cabeza, transmite sus órdenes a su cuerpo a través del Espíritu Santo, pero nadie escucha, nadie pone atención – al igual que el tetrapléjico. A veces hay demasiadas células de grasa en el cuerpo y no hay suficientes células musculares. Las células de grasa no hacen nada, más que demandar ser alimentadas, ¡y no dan nada a cambio! Las células musculares hacen el trabajo. ¡Vamos a ser células musculares!
La realidad de ser el cuerpo de Cristo es que, cuando el Señor nos dirige a hacer algo, debemos llevar a cabo su voluntad. Nunca debemos presumir de hacer nuestros propios planes, ya sea en el ministerio o en nuestra vida personal. Somos parte de Cristo ahora. Tenemos que ir a la Cabeza para escuchar sus instrucciones. Debemos obedecer.

Amor eterno de Dios

Si entendemos esto correctamente, este estilo de vida no es una carga o una intrusión, ¡sino un gran privilegio! Ser uno con Dios, una “extensión” de Cristo en la tierra, es el mayor honor y la mayor aventura que nadie puede pedir. Dios nos ofrece este estilo de vida como un regalo, porque nos ama y sabe lo maravilloso que será para nosotros.
Míralo de nuevo en el contexto del plan eterno de Dios (y el amor eterno de Dios para nosotros). El deseo de Dios es tenernos tan cerca de Él que literalmente seamos uno con Él – miembros de su cuerpo. Esto fue un acto de amor apasionado.
El apóstol Pablo entendió algo de la profundidad de este amor, y el misterio del eterno designio de Dios, y lo expresó en sus dos cartas a la iglesia de Corinto.
Hemos visto que Dios, la Trinidad, creó al hombre a su imagen como una trinidad:

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.  1 Tesalonicenses 5:23

En su deseo de estar cerca de nosotros, Dios planeó unirnos a sí mismo en las tres áreas de nuestro ser – espíritu, alma y cuerpo. Ya hemos visto en 1 Corintios doce que somos miembros de su cuerpo:

 

Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular…

1 Corintios 12:27

Esto se aplica a nuestro cuerpo físico: ahora somos unidos a Dios como su propio cuerpo. Pero hay más.

Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.  1 Corintios 2:16

En Isaías 40:13, Dios hizo una pregunta: ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?Dios estaba diciendo que, bajo el antiguo pacto y en el estado caído del hombre, ningún hombre o mujer podría llegar a dar algún consejo a Dios, y mucho menos aún entender sus pensamientos. En Isaías 55:8-9 Dios dijo: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

En 1 Corintios 2:16, Pablo se refiere a estas Escrituras del Antiguo Pacto. Dice, en efecto, bajo el antiguo pacto, ¿Quién podría saber o investigar el pensamiento de Dios? ¿Quién podría comprender sus caminos o entender sus planes? Pero eso fue bajo el antiguo pacto. ¡Esto es el nuevo pacto!
“Mas nosotros…”, dijo Pablo. “Mas” significa que algo ha cambiado, algo es diferente. “Nosotros” se refiere a nosotros, bajo el nuevo pacto, con mayores privilegios.
¡Mas nosotros tenemos la mente de Cristo! Bajo el nuevo pacto, como hijos nacidos de nuevo de Dios, con Su Espíritu viviendo dentro de nosotros, tenemos acceso a la mente de Cristo. ¡Tenemos acceso a los pensamientos de Dios, y la habilidad de entenderlos!
No sólo hemos sido unidos a Dios en el cuerpo, sino también en la mente. Uno con él.

Por último, está el espíritu del hombre:

 

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.  1 Corintios 6:15-17
Así como a los ojos de Dios una unión sexual produce una relación de “una sola carne”, también hay un equivalente espiritual. Y es literal, no simbólico. Cuando nos unimos al Señor, en fe, nos hacemos uno con Él en espíritu: ¡Su Espíritu se une a nuestro espíritu, en eterna unión y comunión!

Todo esto nos muestra que Dios, en su gran amor, quiso unirse a nosotros en todos los sentidos – espíritu, mente y cuerpo. ¡Su amor es apasionado y consumidor: No quiere que nada quede fuera de la relación amorosa! Su meta es una unión total.
Sólo experimentaremos la plenitud total de esta unión después de la resurrección:

            Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara… 

1 Corintios 13:12

Pero durante esta vida, podemos crecer en la experiencia de nuestra unión con Dios día a día. Podemos conocer y entender más los pensamientos y los planes de Dios. Podemos recibir la dirección diaria de Él en nuestras vidas y en nuestros ministerios. Podemos tener comunión íntima con Él, de espíritu a espíritu. Podemos servirle, llevar a cabo su voluntad con nuestras acciones, como su cuerpo. El grado en que experimentamos todas estas cosas ahora sólo depende de nuestro deseo, nuestra voluntad y nuestra decisión de poner a Dios primero en nuestras vidas hoy en día.

 

  1. Partícipes de la Promesa de Dios

…que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas…  Efesios 3:6-9

El tercer elemento del misterio, de acuerdo con Efesios 3:6, es que somos copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio. Pablo continua, en el versículo 8, quea mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo.”

Es rápidamente evidente que la promesa de que Pablo está hablando aquí es algo mucho más grande y más completa de lo que normalmente consideramos como ser salvo, o “ganar el cielo.” “Las inescrutables riquezas de Cristo”, ¡nos señala a un elemento del misterio que mantiene una promesa más allá de nuestros sueños más salvajes!
Esta “promesa en Cristo Jesús” se refiere a una parte muy específica del plan eterno de Dios. Descubrir en plenitud su significado es como explorar una mina de oro – la palabra de Dios – y descubrir uno de los tesoros más hermosos allí depositado.

La promesa a Abraham

Para encontrar la primera pista nos fijamos en Gálatas capítulo 3.

                Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa. Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.  Gálatas 3:13-20

 

Hay tres puntos que debemos ver en este pasaje, en los versículos 16, 17 y 18.

 

  1. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente.
  2. La ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
  3. Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

 

Estos tres versículos nos dicen una cosa para empezar: La promesa de la cual somos “partícipes en Cristo Jesús por medio del evangelio” es la promesa que Dios hizo a Abraham, cuando estableció su pacto con él.
            ¡En Cristo Jesús, somos copartícipes de la bendición de Abraham!
Como se indica en el versículo 16, Dios realmente hizo varias promesas a Abraham (y sus descendientes) en el transcurso de su relación: Él le prometió que la tierra de Canaán sería de ellos, y también le prometió a Abraham un hijo y un heredero a través de su esposa Sara. Pero, por supuesto, estamos más enfocados en “la promesa”, ¡la que aplica a nosotros en Cristo Jesús!
Con el fin de entender lo que se nos ha prometido en Cristo, sólo tenemos que descubrir dónde Dios hizo la promesa a Abraham, y lo que es esa promesa.
Cuando el Espíritu Santo me comenzó a incitar para descubrir y comprender la naturaleza de esta promesa, me sentí confundido. Yo pensé: “Sí, Señor, ¡yo sé! Es la promesa de ser salvo. ¡Soy nacido de nuevo por medio de Jesús y voy a ir al cielo!” ¡Pero él me decía, “Cava más profundo, cava más profundo!”
Un día yo estaba estudiando y Dios dirigió mi atención a Romanos 4:13. ¿Alguna vez ha leído un pasaje tal vez una docena de veces antes de que el velo se levante, y usted vea? Por primera vez, vi lo que dice Romanos 4:13:

Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.  Romanos 4:13

¡Allí estaba!
Decía muy claramente que la promesa hecha por Dios a Abraham y a su descendencia fue ¡que iba a heredar el mundo! ¡El mundo! ¡Eso significa todo! ¡No sólo Canaán, no sólo un gran pedazo de bienes raíces, pero todo lo que es de Él! ¡Todo!
Si Dios prometió esto a Abraham, y recibimos la bendición de Abraham en Cristo Jesús, ¡heredamos el mundo! ¿Lo ves?
¡Yo sí lo vi! Grité y salté por una hora. ¡Nosotros heredamos el mundo!
Pero entonces, comencé a preocuparme. Yo había leído la historia de Abraham muchísimas veces. No podía recordar ningún lugar donde estaba escrito que Dios prometió a Abraham esta herencia tan extravagante. ¿Dónde fue hecha esta promesa?
Me volví de nuevo a Génesis capítulo 12, y comencé a leer de nuevo la historia de Abraham. ¿Dónde Dios le promete el mundo, o algo tan grande? No lo podía encontrar. Encontré todas las promesas, pero no esta.
El apóstol Pablo escribió Romanos 4:13. ¡Él sabía de lo que estaba hablando! Debió haber visto en algún lugar de las escrituras donde se hablaba o insinuaba esta promesa a Abraham. ¿Qué sabía Pablo que yo no sabía?
Pronto, el Espíritu Santo, el Maestro, me reveló la respuesta: “¡Es en el pacto de sangre!”

El pacto de sangre

¡El pacto de sangre! El pacto de sangre ha sido reconocido y honrado en muchas culturas a lo largo de la historia del hombre. Entre las sociedades que lo reconocen, el pacto de sangre fue y se mantiene en el más alto honor: mantenerlo es honor y bendición, romperlo es la muerte.
Un pacto de sangre se establece cuando dos personas, a menudo los reyes o jefes de tribus, participan en una ceremonia que involucra el derramamiento, mezcla, o el beber sangre. Puede ser la sangre de un animal sustituto, o la sangre de los participantes, pero el mensaje es el mismo. Los participantes estaban diciendo a través de la ceremonia de la sangre: “Estamos uniendo nuestras vidas, con toda nuestra lealtad, todas nuestras posesiones, y todos nuestros recursos. Nos comprometemos el uno al otro para nuestro beneficio mutuo y supervivencia. Este pacto está en efecto para nuestros descendientes, y todos los que están bajo nuestra autoridad. La pena por romper el pacto es la muerte.”
Debido a que un verdadero pacto de sangre implicaba comprometer todas las posesiones y los recursos de uno en la relación, los pactos no eran tomados a la ligera.
También eran hechos en fe para el beneficio mutuo de ambas partes: Una tribu que cultivaba con éxito, pero era indefensa en la guerra, podría hacer un pacto con una tribu que era feroz en la guerra, pero necesitaban provisiones de alimentos. En todos los casos había una relación de mutuo beneficio: cada uno proveía lo que el otro necesitaba. Obviamente, una tribu que no tenía muchos recursos y nada de valor que ofrecer tenía dificultades para entrar en un pacto beneficioso.
En el capítulo 15 del Génesis, Dios instruyó a Abraham cortar a la mitad los cuerpos de varios animales, y poner las piezas al lado opuesto uno del otro. Durante la noche, una manifestación de la presencia de Dios pasó entre las piezas de los animales. Génesis 15:18 dice: En aquel día el Señor hizo un pacto con Abrán…

Otra vez, en el capítulo 17:1-2, leemos: Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti…

Otras traducciones lo dicen así: Confirmaré mi pacto contigo o Estableceré mi pacto contigo. Dios ya había hecho su pacto con Abraham, que fue un pacto de sangre. En el capítulo 17 Dios dijo que Él lo establecería, es decir, llevarlo a cabo completamente con todo lo que implicaba.
Dios había prometido a Abraham y a sus descendientes la posesión de la tierra de Canaán, pero esto no era de ninguna manera el límite del pacto.
Para entender esto, debemos también entender que Abraham tuvo dos tipos diferentes de descendientes:

Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.  Génesis 13:14-16

            Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.  Génesis 15:5-6

Dios prometió a Abraham que tendría descendencia tan numerosa como el polvo de la tierra y como las estrellas del cielo. Pero en esa promesa fue implicada la predicción de que los descendientes de Abraham serían de dos naturalezas diferentes: los de la tierra (el polvo), los descendientes naturales, y los del reino de los cielos (las estrellas), descendientes espirituales.
Los descendientes naturales serían los que nacen del linaje físico de Abraham. Para ellos, la tierra de Canaán fue prometida como su herencia en la tierra.
Sus descendientes espirituales serían aquellos que tuvieran la fe de Abraham, como está escrito en el versículo seis: “Entonces, él creyó en el Señor (es decir, creyó la palabra del Señor), y le fue contado por justicia”. El evangelio es que aquellos que creen la palabra de Dios con respecto a Jesús el Hijo de Dios son declarados justos por Dios, son nacidos del Espíritu y son ciudadanos del Reino de los Cielos. Estos descendientes de Abraham son las “estrellas del cielo”: ellos tienen vida eterna, ¡y heredan el mundo con Abraham el creyente!
Aquí es donde la promesa de Romanos 4:13 se hace. Está implicado en los términos del pacto de sangre que todo lo que pertenece a Dios, ahora también pertenece a los socios de su pacto. Que vale la pena repetirlo: ¡todo!
Este pacto de sangre, con todo lo que ello implica, es para aquellos que creen, como Abraham creyó. Sus descendientes naturales, mientras que ellos vivan, siguen teniendo derecho legal a la tierra de Canaán. Pero es sólo cuando se convierten en creyentes en la Palabra de Dios, incluyendo el Evangelio de Jesucristo, que pueden participar en el pacto de la promesa y convertirse en herederos de todo lo que Dios posee. La fe es la única respuesta aceptable a esta promesa del pacto.
Pero hasta ahora, sólo hemos visto en Romanos 4:13 y en una pequeña parte de Génesis para documentar los beneficios del pacto de sangre. Debe haber otras confirmaciones en las escrituras acerca de esto antes de que podamos aceptarlo como verdad.
Bueno, Romanos 4:13 menciona el mundo. Esto podría referirse sólo a este planeta y nuestra asociación con Jesús en el reino milenario. Si el pacto de sangre significa que todo lo que es de Dios está incluido en nuestra herencia, la escritura debe decirlo claramente.
Y lo hace.

Herederos del reino

Note lo que cada uno de los siguientes versículos literalmente dice:

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.  

Lucas 12:32

Dios ha elegido libre y felizmente darnos su reino como nuestra herencia. Su reino, por definición, incluye todo de lo que Dios es el rey. La pregunta entonces es, ¿de qué no es Dios el rey?

¿Puede la escritura ser más clara? Sí.

Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.  1 Corintios 3:21-23

Esto es un pasaje fascinante de la escritura. En el tercer capítulo de 1 Corintios, Pablo está reprendiendo a los cristianos de Corinto por su falta de madurez en que se jactan sobre cual apóstol ellos “siguen”. Se trataba de un concurso de popularidad, y la gente estaba escogiendo partidos. (Nada tan ridículo como esto podría suceder hoy en día, ¿verdad?)

La parte más interesante, sin embargo, es la respuesta de Pablo. En efecto, dice, “¡No puedo creer que todos ustedes estén discutiendo acerca de cuál Apóstol están siguiendo cuando ustedes son dueños del universo! ¿Cómo puede algo tan pequeño ocupar su mente cuando ustedes son los herederos de Dios y los propietarios legales de absolutamente todo lo creado en el universo? ¡Dijo esto en serio!
¿Cómo llegaron a ser dueños de todo? ¡A través del pacto de sangre! Tal vez algunas escrituras más ayudaran:


El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados…  Romanos 8:16-17

 

Si somos coherederos con Cristo, sólo tenemos que ver lo que Cristo heredó para saber lo que hemos coheredado. Jesús nos dice en el evangelio de Juan.

            El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su manoJuan 3:35

 

¿Qué heredó Jesús? Todo. Entonces, ¿qué es lo que coheredamos? Todo. Mira ahora en el Salmo ocho:

            Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,

La luna y las estrellas que tú formaste,

Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,

Y el hijo del hombre, para que lo visites?

Le has hecho poco menor que los ángeles,

Y lo coronaste de gloria y de honra.

Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;

Todo lo pusiste debajo de sus pies:

Ovejas y bueyes, todo ello,

Y asimismo las bestias del campo,

Las aves de los cielos y los peces del mar;

Todo cuanto pasa por los senderos del mar.

Salmo 8:3-8.

Salmo ocho proféticamente habla del llamado de Dios a toda la humanidad – todos los que vivirán en Cristo. Se dice que “Dios ha puesto todas las cosas bajo los pies del hombre.” ¡Por supuesto, cuando usted sigue leyendo, usted primero obtiene la impresión de que “todas las cosas” se refiere a las ovejas, las bestias y los pájaros! ¡Podría ser más emocionante!
Y sí lo es.
Este mundo es nuestro campo de práctica para gobernar y tener dominio. Adán y Eva comenzaron con sólo el Jardín de Edén. Dios les dijo que gobernaran allí. Era “la cuna de Adán”. Cuando hubieran perfeccionado el dominio en el jardín, podrían haber seguido con el resto de la tierra.
Nuestro dominio sobre la tierra fue un regalo literal de Dios en Génesis capítulo uno. En nuestro estado redimido ahora, estamos reinando, o practicando para reinar, sobre los poderes espirituales y los enemigos espirituales que trabajan en este mundo. Estamos practicando el dominio utilizando la palabra hablada de Dios, la “espada del Espíritu.”
Pero esto es sólo el principio, nuestro período de entrenamiento. Nuestro destino final está proféticamente “oculto” en el Salmo ocho. El versículo seis dice que Dios nos hizo para gobernar sobre las obras de sus manos – Él ha puesto todas las cosas bajo nuestros pies.
“Todas las cosas” se refiere a todas las cosas. “Las obras de sus manos” no se limitan a las ovejas y las aves. El versículo tres dice que el cielo, la luna y las estrellas son las obras de sus dedos, ¡que es lo mismo que las obras de sus manos!
Estamos destinados a reinar en la eternidad con Cristo sobre la tierra, el cielo, la luna y las estrellas. ¡Eso es todas las cosas! Hay mucho más que decir sobre este tema, pero lo voy a tocar más en capítulos posteriores.
El punto es que las Escrituras confirman abundantemente el hecho de que Dios nos ha dado, a través del pacto de sangre, todo su reino como nuestra coherencia con Cristo. ¿Se va a retirar Dios el Padre? No, ¡Es que Él no invita a reinar con Él! La plenitud de esta promesa va más allá de nuestra capacidad para comprenderla.

Capacitándonos para reinar

Alguien podría decir: “Todo esto suena bien, pero son sólo “castillos en el aire”. No es práctico. No significa nada para mí ahora.” Pablo se dirige a esta idea en Gálatas capítulo cuatro.

           
Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Gálatas 4:1-7

Este pasaje, en su contexto, se refiere a la idea de que los judíos creyentes serían algún día redimidos de la ley. Incluso antes de que Cristo viniera, Dios había marcado a esos judíos que eran de la fe de Abraham y los había declarado herederos legales de su reino, los dueños de todo. Pero todo sería en el futuro, porque el tiempo de la redención todavía no había llegado.
El mismo principio, sin embargo, todavía se aplica en parte a nosotros. Hemos nacido de nuevo, y somos hijos de Dios. Somos los propietarios legales de todos.
Pero todavía somos niños.
Como ejemplo, pensemos en un hombre que tiene un negocio muy grande y próspero. Él tiene un hijo, que está destinado a heredar el negocio. Un día el hijo será un socio con pleno derecho, completamente capaz de administrar y operar el negocio. Aunque todavía es un niño, él es el heredero legal de este negocio.
Pero, ¿lo pondría el padre a cargo de dirigir al personal cuando apenas tiene diez años? No. ¡Cuando él tiene diez años, el niño barre los pisos! Él no es capaz de nada más, y debe demostrar que es fiel y diligente en la importante tarea de barrer el piso.
Después de un tiempo, se le enseñará cómo realizar otras tareas simples acerca del negocio. Cuando sea mayor, él comenzará a atender a los clientes. Pronto, él va a aprender cómo llevar la contabilidad. Más tarde -mucho mas tarde- el comenzará a dirigir parte del personal. El hijo debe avanzar a través de cada fase natural de funcionamiento de la empresa, a pesar de que es un propietario legal bajo la voluntad de su padre.
Tiene que ser así. Sólo un tonto podría poner a un hombre inexperto a cargo de su negocio.

Supongamos, sin embargo, que el hijo tenía poca visión y era inmaduro. El podría decir, “¡Este trabajo barriendo pisos no es para mí!” “¡No tengo que aguantar esto!” Podría renunciar, y alejarse. ¿Lo pondría el padre alguna vez a cargo de la empresa familiar? No – no a menos que el hijo se arrepienta de su necedad, y nuevamente comience a aprender el negocio desde cero.
El mismo principio es cierto en el reino de Dios (¡Dios e Hijos S.A. de C.V!) Jesús dijo en una parábola en Lucas 19:17: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. ¡Cuánto más cierto para los hijos nacidos del Espíritu de Dios!
Debemos pasar nuestro tiempo en este mundo capacitándonos para nuestro papel en la eternidad. Tenemos cierto tipo de misiones y tareas que se nos dan. La más importante es predicar el evangelio, hacer discípulos y usar nuestro arsenal espiritual para avanzar el reino de Dios. Nuestra fidelidad a la tarea a realizar, ya sea que estamos predicando en Nueva Guinea, o ser un testigo en cualquier ciudad, determinará nuestro nivel de preparación para nuestra vocación eterna en el reino de Dios.

¿Cuál es el motivo de Dios?
Está claro en estos versículos que la promesa de Dios “en Cristo Jesús” es hacernos herederos literales de su reino, con la autoridad y los privilegios que nunca podríamos haber soñado. La pregunta que sigue, por supuesto, es ¿por qué? ¿Por qué ha elegido Dios compartir con nosotros una posición de autoridad y propiedad que Él no tenía por qué darnos? Personas en el mundo dejan una herencia por que van a morir, y por qué no pueden llevarse nada con ellos. Pero Dios no se está muriendo. ¡Ni siquiera está de vacaciones! ¿Por qué lo hace?

Al condenar a un criminal por un delito, por lo general es necesario demostrar que el acusado tenía motivos suficientes para cometer el crimen. Sin evidencia del motivo real, ningún jurado sería lo suficientemente convencido a condenar.

Por supuesto, Dios no está siendo juzgado por un delito, pero con el fin de entender plenamente la decisión de Dios para hacernos sus herederos, queremos entender ¿POR QUÉ? ¿Cuál es el motivo de Dios para hacer una cosa tan grandiosa?

Veámoslo de otra forma. Entendemos que un pacto de sangre se hacía siempre para el beneficio mutuo. Un hombre que necesitaba algo hacía el pacto con otro hombre que le proveyera algo que él necesitaba. Este comportamiento es normal y razonable.

A luz de este entendimiento, podemos ver que se trataba de una oferta muy buena para Abraham entrar en un pacto de sangre con el Dios Todopoderoso. Abraham pudo ver que él estaba recibiendo todos los beneficios de un pacto con el Dios del universo.

Sin embargo, el pacto de sangre fue idea de Dios.

Entonces, ¿qué tenía Abraham que Dios necesitaba, o quería?

Dios era dueño de todo. Él tenía poder infinito, y todo conocimiento y sabiduría. Él no tenía enemigos que podrían representar una amenaza para Él. Si Dios quería ir a ver una película, ¡no tenía que pedir dinero prestado de Abraham! ¿Se imagina usted esto?

¿Qué es lo que tenía Abraham, que Dios quería por encima de todo, que sólo Abraham podría darle a Dios? Su amor. Y su amistad.

Eso es todo. A cambio, Abraham tenía la habilidad de amar a Dios, ser un amigo fiel y un compañero de Dios. Y Dios deseaba el amor de Abraham y su compañerismo por encima de todo.

Recuerde que el hombre es creado a imagen de Dios. Dentro de cada hombre, mujer y niño se encuentra el deseo de ser amado, de ser apreciado, de compartir la intimidad, entendimiento y colaboración. Este deseo es algo más que simplemente un deseo, es una necesidad. Un ser humano que no es amado es el más miserable de las criaturas. Él morirá.

Hemos recibido esta necesidad de Dios. Estamos hechos a su imagen y semejanza. Dios mismo desea ser amado, tener comunión, intimidad y compañerismo leal. Es la naturaleza de Dios.

Sería absurdo pensar que Dios no tenía ningún motivo personal para entrar en un pacto de sangre con Abraham. Su motivación es clara para nosotros: era el amor y el compañerismo. Y lo más importante es entender el valor que Dios asigna a la comunión.

Un principio que todos entendemos en el mundo es que la gente no va a pagar por algo más que el valor que ellos lo asignan. Una vez asistí a una escuela de bienes raíces, donde aprendí este principio. El instructor dijo que el valor de una propiedad, o una casa, es igual a lo que el mejor postor está dispuesto a pagar por ello. Si alguien está dispuesto a pagar $100,000 por una casa, entonces tiene un valor de $100,000. Si alguien más está dispuesto a pagar $110,000 dólares por la casa entonces eso es el valor de la casa. Es muy sencillo. El valor real está determinado por el comprador, no el vendedor.

Dios demostró el valor que tenemos para Él por el precio que Él pagó por nosotros.

 

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?  Romanos 8:31-32
Dios nos ha demostrado lo que valemos para Él por lo que Él estuvo dispuesto a pagar para redimirnos. Nunca puede usted decir que su vida no vale nada, porque Dios pagó el precio de Jesucristo yendo a la cruz por usted. Si usted fuera el único pecador perdido, ¡Él lo habría hecho sólo por usted!

Usted probablemente puede sentir que no lo merece, pero ¿quién puede discutir con Dios? ¡Él le asignó ese valor a usted, y Él siempre tiene la razón! No es humildad creerse sin valor – es una mentira del diablo.

Del mismo modo, Dios nos mostró el valor que ha puesto en nuestra amistad por lo que Él estaba dispuesto a dar para recibirla – ¡todo su reino! Eso es correcto. Dios estaba dispuesto a compartir con nosotros todo su reino, y el co-gobierno sobre toda su creación para el resto de la eternidad, con el fin de tener amistad sin fin con nosotros.

Esta es la motivación de Dios, y este el valor que Él le ha asignado a nuestro amor por Él. Si alguna vez siente que Dios sólo quiere que le sirva como un siervo, usted ha malentendido a Dios. Él no valora a nada más que su compañerismo y su amor. Cuando usted viene a Él en oración, para alabarle y adorarle, y disfrutar de su presencia y escuchar su voz, Él se complace más allá de lo que el entendimiento humano puede medir. ¡De este tiempo de comunión y amor secreto, salimos a servirle, pero motivados por el amor!

Su más valioso “ministerio”, su más alta vocación como cristiano, es su llamado a ministrar al Señor – tener comunión con Él, hablar con Él, adorarlo y amarlo. Es lo que Dios valora más, ¡y lo que Él valora más es lo que realmente cuenta!

El pacto real: el Padre con Jesús
Mirando hacia atrás en el tercer capítulo de Gálatas, vemos una cosa más acerca del pacto de sangre que nosotros necesitamos entender. El pacto que Dios hizo con Abraham era en realidad un preludio, un símbolo del Gran Pacto – el Nuevo Pacto. La promesa que Dios hizo sobre la herencia de su reino se hizo proféticamente a la semilla de Abraham – no “semillas” plural, sino singular “semilla”.

 

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo… Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.  Gálatas 3:16,19-20
La “semilla” a quien se le hizo la promesa es Jesús. Él es el verdadero heredero, nosotros somos coherederos. Bajo el antiguo pacto, un mediador era necesario porque más de un partido estaba involucrado. Dios hizo el pacto con el hombre, por lo tanto, las dos partes estaban involucradas.

Bajo el nuevo pacto, Dios (el Padre) hizo el pacto de sangre con Dios (el Hijo), por lo tanto sólo una parte involucrada: ¡Dios! La sangre del pacto fue proporcionada por el mismo Dios, en encarnación humana.

¿Por qué fue esto necesario? Bajo el antiguo pacto, había un eslabón débil en la cadena del pacto. Dios nunca podría fallar de su parte, pero el hombre fallaba todo el tiempo. El hombre caído era muy falible.

Pero bajo el nuevo pacto, no hay ningún eslabón débil. Jesús, el Hijo, fue probado y encontrado sin falta. En ambos extremos del Nuevo Pacto está Dios. Ni Dios el Padre ni el Hijo de Dios es capaz de fallar, por lo tanto, el Nuevo Pacto es infalible e inquebrantable. Es perfecto, eterno y seguro.

Así que ¿cómo podemos entrar? Es por venir bajo la Cabeza, o el Delegado asignado en el pacto para ser nuestro representante. Jesús es el Sumo Sacerdote, y por lo tanto, el representante de la raza humana. En el momento que, por fe, nos sometemos al señorío y la autoridad de Jesús, entramos en su lugar en el pacto y por lo tanto recibimos todos sus beneficios.

No tenemos un pacto con Dios fuera de Cristo. Jesús tiene el pacto, y nos convertimos en parte de Él – uno con Él – cuando nos convertimos en miembros de su cuerpo. Como miembros de su propio cuerpo, compartimos en su pacto con el Padre. Si judíos o gentiles, nos convertimos en herederos y “copartícipes de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio.”

  1. Hijos y Herederos

…dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad…  Efesios 1:9-11
En este pasaje en Efesios se nos da de nuevo el conocimiento de que Dios tiene un plan y un propósito superior en el Evangelio más que simplemente rescatar a los hijos de Adán y Eva de su caída a la muerte. Si fuera sólo un plan de rescate, todavía sería inmensamente compasivo y misericordioso. Pero la bondad y misericordia de Dios va mucho más allá de un “rescate de última hora.” Su plan fue concebido en la eternidad pasada, con el fin de una administración adecuada a la plenitud de los tiempos… En otras palabras, Dios tenía un calendario a largo plazo en mente para llevar a cabo la culminación de su plan en cada detalle.

No sólo esto, sino que Él nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad. Dios nos ha revelado su plan a través de los apóstoles y profetas en las Escrituras, y el Espíritu Santo ahora va a enseñarnos y mostrarnos a todo el que quiera entender el corazón de Dios.

Si somos hijos, también herederos
Este pasaje dice: En él asimismo tuvimos herencia…” Esto es el cuarto elemento del misterio: somos herederos de Dios Padre. Para entender esta parte del misterio, necesitamos saber cómo nos convertimos en herederos legales de Dios, y lo qué incluye esta herencia.

Vamos a ver de nuevo un pasaje de Gálatas que revela más sobre la naturaleza de los herederos:
            Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.  Gálatas 4:4-7
Para ser un heredero, usted debe ser un hijo.

En el mundo, un hombre por lo general no va a dejar su herencia a un extraño, o incluso a un amigo. Es la forma natural de dejar nuestra riqueza del mundo a nuestros hijos cuando nos morimos. ¡Queremos asegurar que la herencia se mantenga en la familia y beneficie a nuestros propios hijos!

De hecho, un niño es automáticamente considerado un heredero por el simple hecho de ser hijo o hija del testador. Cualquier tribunal reconoce esto. Pablo reconoció esto en Gálatas 4:7 cuando dijo: “Si un hijo, también heredero.” ¡Es natural!

Dios también desea dar todas sus riquezas a los miembros de su propia familia. Por supuesto, Dios no ha muerto, ¡Ni siquiera está enfermo! Pero Él quería que su riqueza y sus recursos beneficiaran a sus propios hijos. El único problema era que Dios no tuvo descendencia natural. Había ángeles y los seres creados, a veces referido como “los hijos de Dios” en las Escrituras del Antiguo Testamento, pero no eran sus hijos naturales. Ellos fueron creados, no nacieron. Y Dios no tiene una esposa con quien Él pudiera producir niños: porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí. (Isaías 46:9)

Dios no tuvo hijos.

Ahora usted puede decir: “¿Qué pasa con Jesús? ¿No era el Hijo de Dios en el Cielo?” No, no lo era.

Jesús era Dios, no el Hijo de Dios. Y antes de su nacimiento en Belén, Su nombre era Jehová, no Jesús. A veces aparece en el Antiguo Testamento como “el ángel del Señor” (en hebreo, el “mensajero” o “representante” de Jehová). Él era la persona visible de Dios, la Palabra de Dios en Juan 1:1, la segunda persona de la Divina Trinidad. Y su nombre era Jehová.

Todas las referencias en el Antiguo Testamento acerca de la venida del Hijo de Dios fueron proféticas. Fue una revelación del Espíritu Santo. Fue cuando Él nació como el hijo de María y el Hijo de Dios por medio del nacimiento de una virgen que fue llamado Jesús, el Hijo de Dios.

Note lo que el ángel Gabriel dijo en el libro de Lucas.
            Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS… Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.  Lucas 1:30-31,34-35
Jesús fue llamado el Hijo de Dios después de su nacimiento sobrenatural en el mundo como el Mesías humano, todo Dios y todo hombre.

La razón por la que Jesús vino como el Hijo de Dios fue para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29) Él era el prototipo, el original que haría posible nuestro renacimiento espiritual como los hijos (sobre)naturales de Dios.

Dios hizo esto para que Él pudiera tener muchos hijos e hijas que fueran sus herederos.
            El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…  Romanos 8:16-17
Romanos 8 nos confirma una vez más que ya que Dios nos ha hecho sus hijos, Él también nos ha hecho herederos y coherederos con el primer hijo, Jesús.

Nuestra herencia en Cristo
Ahora para saber lo que hemos heredado, sólo tenemos que ver lo que Jesús heredó. Es la misma herencia.
            Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.  Hebreos 1:1-2
¡Jesús heredo todas las cosas! Nada fue dejado fuera. Toda la riqueza y los recursos del Cielo y el universo creado se le dio a Él – y a nosotros como coherederos – para nuestro beneficio, ahora y por toda la eternidad.

Dios también nos ha dado la autoridad que acompaña la herencia. Mira lo que dijo Jesús después de su resurrección:
Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…”  Mateo 28:18-19
Jesús dijo que a Él se le había dado toda autoridad en el cielo y la tierra. ¿Eso le parece extraño?

Sabemos que Adán y Eva cedieron el dominio que Dios les había dado sobre la tierra a Satanás cuando pecaron en el jardín. Podemos entender que Jesús tuvo que recuperar la autoridad en la tierra en nombre de la humanidad.

Pero ¿por qué dijo que toda autoridad se le había dado a Él en el cielo? Piense en esto: Jesús es Dios. ¿No tenía ya toda la autoridad en el cielo? ¿No habló el cielo y la tierra a la existencia con su palabra? ¿Por qué Jesús tuvo que venir a la tierra y morir una muerte atroz en la cruz para recibir algo que ya tenía?

Hay una buena respuesta.
            Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre…  Filipenses 2:5-9
Jesús, al venir a la tierra como un hombre, puso a un lado todo su poder y conocimiento como Dios, limitándose a sí mismo como humano.

Él tenía que hacer esto para calificar legalmente como nuestro sustituto en la cruz.

Él tenía que hacer esto para mostrarnos cómo podemos ser guiados por el Espíritu Santo, como era Él.

Él tenía que hacer esto para mostrarnos cómo podemos ministrar bajo la unción del Espíritu Santo, como Él lo hizo.

Cada milagro que Jesús hizo, lo hizo por el poder del Espíritu Santo. No hizo nada con su propio poder como Dios. Él vivió una vida humana de perfecta fe.

Él vino a este mundo como un bebé normal, sin saber nada. Al nacer, no sabía que era Dios. No sabía que era el Mesías. A medida que crecía, Él encontró su identidad y su destino mediante la lectura de las Escrituras y la oración. El Espíritu Santo le enseñó las Escrituras. Por la revelación, Él llegó a entender su identidad, su misión y su futuro. El vio en las escrituras su propia crucifixión, su resurrección y su ministerio terrenal, todo preparado antes de su nacimiento, y Él lo aceptó todo por la fe. Vivió por fe, sólo con las Escrituras y el Espíritu Santo para ayudarlo.
Por esto, el Padre lo exaltó y le dio toda la autoridad.

Eso en sí mismo es un milagro extraordinario.

            Pero ¿por qué hizo todo esto sólo para obtener algo que Él ya tenía?

            ¡Fue por nosotros!

Era para compartirlo con nosotros, una vez que había ganado todo como nuestro campeón humano. Como un hombre normal – pero un hombre sin pecado – Él venció al diablo, resistió todas las tentaciones, y pagó por nuestra culpa y nuestra deuda en la cruz. Él recuperó el dominio sobre la tierra que tenía Satanás – para compartirlo con nosotros.

            Y, como hombre, como el Hijo humano victorioso de Dios, el Padre le dio toda la autoridad en el reino de los cielos. ¡Era su herencia! Él renunció a su autoridad celestial como Dios, para que Él pudiera recibirla de nuevo como hombre, para compartirla con nosotros. Ahora Él nos ha dado esa misma autoridad celestial a nosotros como coherederos con Él. ¿Lo puede ver?

¡Jesús es nuestro campeón!
Otro ejemplo de este principio se ve en Apocalipsis, capítulo cinco, en la visión del apóstol Juan de la sala del trono de Dios.
            Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.  Apocalipsis 5:11-12

 

Una vez más, pregúntese: ¿Por qué Jesús sufrió y murió una muerte humillante en la cruz de madera para conseguir algo que ya tenía?

¿No tenía ya Él todo el poder y riquezas, la sabiduría y la honra, la gloria y la alabanza en el cielo como Dios? ¿No es Él mismo el autor de todas estas cosas?

La respuesta es que Jesús vino como nuestro campeón, el Cordero, para ganar como un ser humano todas esas cosas maravillosas, para podernos hacer coherederos. ¡Las ganó para compartirlas con nosotros!

¡Esta es nuestra herencia!

Si usted está decepcionado del mundo, con todo su pecado y corrupción, entonces esta herencia – el poder, las riquezas, sabiduría, fuerza, honor, gloria y bendición – es algo que usted realmente apreciará. Toda esta herencia – los recursos de los cielos y la tierra, la autoridad para reclamarlos, y la autoridad para atar y desatar fuerzas espirituales – es nuestra ahora. No estamos esperando por ella. Nosotros la tenemos. Está presente en nuestras vidas ahora, en la medida que creemos y lo ejercemos.

Podemos utilizar los recursos de nuestra herencia en nuestra labor como embajadores de Cristo. La prosperidad y el poder espiritual son nuestros para usarlos para ganar a los perdidos y hacer discípulos en todas las naciones. Practique el uso de estas cosas ahora y sabrá lo qué quiso decir Jesús cuando dijo: Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6:10)

Predestinados conforme a su propósito

 

Recuerde Efesios 1:11.

 

            En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad…

 

            Dios siempre trabaja con un propósito. En este caso, su propósito no era poder compartir su reino con cualquiera, sino que Él pudiera tener por nacimiento hijos e hijas con quien tener comunión. Para nosotros eso significa que tenemos el privilegio de haber nacido del Espíritu Santo, hechos partícipes de la naturaleza divina.

Pero esa no es la culminación de esto.

Con el fin de que seamos capaces de tener comunión con Dios en un nivel que sea satisfactorio para Él, tenemos que ser mucho más como Él. Recuerde, eso es el propósito de todo esto – de que Dios este satisfecho con lo que ha hecho.

Este es el significado de la declaración de Dios en Génesis de que nos haría a su imagen.

 

            Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.  Génesis 1:26-27

 

Nosotros vimos esta escritura en el capítulo uno, donde vimos los diferentes significados de las palabras, “crear” y “hacer”. “Crear” significa en el idioma original – y en el nuestro – un acontecimiento inmediato. “Hacer” implica un proceso, un proyecto a largo plazo.

El proyecto de Dios es llevarnos a un lugar donde nuestra comunión pueda satisfacer y llenar su corazón. Eso significa que podremos apreciar las mismas cosas que Él aprecia. Vamos a compartir sus objetivos y valores, vamos a ser espiritualmente maduros, y entenderemos su reino.

¿Ha notado que tienen dificultades para tener verdadera comunión con alguien que está en un nivel espiritual muy diferente al de usted? Usted ve las cosas de manera diferente. Si la otra persona es más carnal que usted, esta persona no podrá comprender las causas de las cosas que tienen raíces espirituales. Usted puede sentirse frustrado tratando de trabajar juntos o comunicarse porque ellos están viendo el mundo natural y usted está viendo el mundo espiritual. Probablemente usted pueda enseñarles o ministrarles a ellos, pero no podrán tener una comunión profunda que sea mutuamente satisfactoria.
Esta es una de las razones por lo que Dios dijo que no se casen o se asocien con los no creyentes. Usted no tendrá ningún tipo de compañerismo espiritual.

Por otro lado, alguien que es espiritualmente más avanzado de lo que es usted, pudiera desconcertarlo con sus acciones, sus palabras, y las soluciones que aplican a sus problemas. Usted puede aprender de ellos, pero una comunión mutuamente satisfactoria todavía está muy lejos.

Es lo mismo con la crianza de los niños. Usted pasa muchos años sólo manteniendo a los niños vivos, sanos y fuera de problemas antes de que estén en un lugar donde puedan apreciar las cosas de adultos y comunicarse con usted en el nivel de un adulto. Todo el tiempo usted tiene amor, comunicación y una relación, pero es solamente cuando el niño llegue a la madurez que pueden tener una verdadera amistad.

Dios está decidido llevarnos a nosotros, su pueblo, a un lugar de madurez y funcionamiento espiritual. A medida que crezcamos, dejaremos atrás el comportamiento inmaduro, los planes humanos y la sabiduría humana, y operaremos en el poder y la sabiduría de Dios. Finalmente, podremos disfrutar de una amistad con Dios en su nivel y no en el nuestro.

Esto es, entonces, el proyecto de Dios. Él nos está haciendo a su imagen, para que en todas las maneras podamos ser plenamente capaces de tener una comunión mutuamente satisfactoria con Él.

El tema de la Biblia
Creo que este versículo en Génesis 1:26 ha sido muy subestimado en su importancia en la comprensión de la Biblia. Me explico:

Si alguna vez ha tomado una clase de composición en la escuela, usted aprendió cómo dar formato a una composición para maximizar su eficacia en la comunicación de sus ideas. Se le enseñó a escribir, no sólo para impresionar, sino para comunicar con claridad sus ideas o para persuadir a su lector.

La propuesta de formato de un documento es la introducción, el cuerpo, y la conclusión. Indicado en la introducción es su tema, o la idea principal que se desea comunicar. También figuran en la introducción indicaciones de cómo va a apoyar o desarrollar su tema. El cuerpo de su escrito se compone de los distintos puntos principales (generalmente se divide en párrafos separados o capítulos), los que apoyan o amplian su tema principal, como se indica en la introducción. Después de desarrollar todas las ideas de apoyo, la conclusión de su artículo resume lo que ha dicho en el cuerpo y luego se reitera el tema principal de su introducción. Profesores de composición lo llaman “decirles lo que va a decir, decirles, y después decirles lo que ya se les dijo.” Esto es comunicación en lo más claro.

Este libro está escrito de la misma manera. En la introducción, el tema principal fue indicado. Es decir que el tema del misterio, como lo enseña Pablo, es una parte importante de la doctrina bíblica que debe ser entendida y enseñada por la iglesia moderna. Los elementos del misterio se introdujeron. En el cuerpo de este libro hay siete capítulos desarrollando los puntos principales – los siete elementos del misterio. ¡Usted probablemente puede predecir que la conclusión va a resumir esta información y reafirmar mi tema!

La razón por la que menciono todo esto es que el Libro de Dios se escribe de la misma manera. Dios quería comunicarse con nosotros, no aturdirnos y confundirnos. La introducción al Libro de Dios es el libro que llamamos Génesis. En ella Dios presentó todos los principios y las ideas que tenía previstos a desarrollar en el resto de la Biblia. Todas las enseñanzas de Dios se encuentran en el libro del Génesis en forma de semilla. También se encuentra en el libro de Génesis el tema principal de Dios – la idea central en cuyo alrededor se forma el resto de la Biblia.

¿Cual es ese el tema principal?

Creo que es Génesis 1:26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree…”

Esa es la declaración del proyecto de largo plazo de Dios, que está en proceso a lo largo de toda la Biblia, y encuentra su cumplimiento en la conclusión, el libro del Apocalipsis:

 

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Apocalipsis 21:7

 

y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.  Apocalipsis 22:4-5

 

La Biblia es el relato de las relaciones de Dios con la raza humana. Hay muy poca información dada sobre lo que pudo haber ocurrido antes de que Adán y Eva fueran creados. Hay muy poca información dada revelando lo que pasará después de que la iglesia sea completa y reine con Cristo. La razón es que la Biblia solo trata con el proyecto que Dios puso en marcha para formar a la humanidad a su imagen – o por lo menos a los miembros de la familia humana que eligen entre aceptar el plan de Dios como se ofrece a través de Jesucristo.

La Biblia (como cualquier otro libro) tendrá mucho más sentido cuando la leemos a la luz de su tema principal: “Hagamos al hombre a nuestra imagen…”

La imagen de Dios

 

Hay una cosa más que podamos explorar aquí con referencia al proyecto del “hombre a imagen de Dios”. Cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”, ¿qué quiso decir? ¿Cuál es su “imagen”?

La respuesta está en Colosenses capítulo uno:

 

            …el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.  Colosenses 1:13-15

 

Jesús es “el primogénito de toda creación”, porque Él tiene el rango y la autoridad suprema como un miembro encarnado de su propia creación. También dice que “Él es la imagen del Dios invisible.” ¡Él es la imagen!

Jesús, en su gloriosa y perfeccionada forma humana, es la imagen a la que vamos a ser conformados. ¡Seremos como Jesús! En su naturaleza, su carácter, y en su gloriosa resurrección, vamos a ser como Jesús.

Esto es lo que Dios quiso decir cuando dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”. La imagen visible de Dios es Jesús, el Verbo hecho carne.

 

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria…  Juan 1:14

 

            Dios…en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…  Hebreos 1:1-3

 

¿Qué significa esto para nosotros?

 

            Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos…  Romanos 8:28-29

 

Cuando Dios haya completado este proyecto, y estemos sentados con Él en su trono, todos vamos a pensar parecido como Jesús. Vamos a hablar parecido a Jesús. Vamos a actuar parecido a Jesús.

Jesús es el prototipo.

Todavía tendremos nuestra propia personalidad, nuestras propias características, pero vamos a ser capaces de tener comunión con Dios Padre a su nivel. Vamos a ver su rostro. Hablaremos libremente. Podremos disfrutar de una relación íntima y amorosa con Dios, que será totalmente satisfactoria para nosotros y para Él.

Nosotros seremos sus hijos y herederos.

  1. La Novia de Cristo

 

          Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Efesios 5:22-32

 

Este quinto elemento del misterio es otra expresión de la clase de intimidad y la unidad que Dios está tratando de desarrollar con nosotros. De hecho, todos los elementos del misterio, como se puede ver, son una manifestación de la unión entre Dios y el hombre que Dios ha diseñado a través del evangelio de Jesucristo. Muchos de los elementos tienen amplias áreas que se extienden unas sobre otras, pero todos tienen una cosa en común: el desarrollo de una relación de amor entre Dios y el hombre en Cristo.

Este quinto elemento es quizás la expresión más hermosa y sorprendente del amor de Dios: Él nos ha hecho, la iglesia, para ser la esposa espiritual de Jesucristo. Pablo dice que la relación entre marido y mujer es comparable a nuestra relación con Jesús. Esta comparación se mantiene fiel en la mayoría de las áreas del matrimonio natural.

El matrimonio natural y el matrimonio espiritual

 

Por ejemplo, el hombre suele ser el que persigue en la relación hombre-mujer. Él es el que “da el primer paso” y se acerca a la mujer que desea. También deja a su padre y a su madre y se une a su novia. Esto es cierto, también, con Jesús. Jesús dejó a su Padre en el cielo para venir a proponernos matrimonio a nosotros. Él dio el primer paso, nosotros no lo estábamos buscando. El vino y demostró su amor por nosotros, no sólo con palabras, sino con hechos. Él dio el primer paso, arriesgándose al rechazo de aquellos que quizás no ven nada deseable en Él.

Para aquellos de nosotros que aceptamos la propuesta de Jesús, nos encontramos con una relación de amor con Él, que es realmente apasionante y consumidora. Esto es todo y más que el matrimonio natural está destinado a ser. Tenga en cuenta que Dios dijo que Él es un Dios celoso – Su celo santo es el resultado de su santo, apasionado y consumidor amor para nosotros. Un hombre que ama con pasión a una mujer desea toda su lealtad y afecto.

Este amor puede ser visto como un amor romántico. Cuando dos personas están románticamente enamoradas, anhelan la presencia del otro como una droga adictiva. La presencia de la persona amada es estimulante, incluso embriagadora. Cuando estamos en la presencia del Señor en tiempos de adoración, estamos intoxicados con su amor y su Espíritu.

 

¡El afecto es mutuo! Jesús dice de nosotros, proféticamente,

 

Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía;

Has apresado mi corazón con uno de tus ojos,

Con una gargantilla de tu cuello.

¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía!

¡Cuánto mejores que el vino tus amores,

Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!

Cantares 4:9-10

 

Todo el libro del Cantar de los Cantares es la historia profética y romántica de amor entre Jesús y su iglesia.

Otra área de comparación es el fruto natural de esta relación de amor: ¡los niños! Cuando un hombre y su esposa pasan un tiempo dándose su amor físico, los niños son el resultado normal. La familia crece y todo el mundo está bendecido. Cuando pasamos momentos de intimidad con Jesús, orando, adorándolo, y escuchando su voz, ¡tenemos el mismo resultado! Quedamos embarazados en nuestro espíritu de fe y visión, y damos a luz ministerios fructíferos. A través de los ministerios fructíferos dados a luz en la oración y la adoración, nos convertimos en padres espirituales de nuevos bebés en Cristo, a quienes podemos enseñar y dirigir a la madurez en el Señor. Y cuando ellos, también, se enamoren de Jesús, continuarán con en el proceso de traer más gente a la familia de Dios.
Pablo dijo:

 

            Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo…  2 Corintios 11:2

 

El Salmo 127 habla de la bendición de tener hijos naturales, y proféticamente de la bendición de dar a luz hijos espirituales a través de la intimidad con Jesús.

 

            He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre…Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos.  Salmo 127:3,5

 

En lo natural, es el vientre de la mujer que recibe la semilla, y da a luz al niño después de un tiempo de crecimiento y desarrollo interior. En el Espíritu, nuestro espíritu renacido es el vientre donde Jesús planta la semilla de su palabra rema, produciendo fe y visión en nosotros para la reproducción espiritual. Después de un tiempo de crecimiento y desarrollo interior, daremos a luz a nuestros ministerios para Jesús, avanzando el reino de Dios.

Una vez yo estaba agonizando y buscando la ayuda de Dios sobre cómo podría ganar más almas para Jesús, y Él me mostró la escritura anterior en el Salmo 127. Luego me dijo: “Pasa tiempo en la intimidad conmigo. No vengas siempre deseando algo de mí, pero ven a amarme y a cumplir con la relación matrimonial a la cual te llamé. Entonces te daré hijos espirituales como el fruto de nuestro tiempo juntos.” Fue en ese momento que entendí por qué el llamado más grande de una mujer en su relación con su marido es el de ser su amante, en todos los sentidos de la palabra. Después de eso viene su dedicación a sus hijos y a sus asuntos personales. La relación de amor es la prioridad.

            El cumplimiento de la “Gran Comisión”, tal como la entendemos, es mejor hecho teniendo un romance con Jesús y el siempre estar embarazados en nuestro espíritu con el crecimiento del reino de Dios. Nuestro trabajo es, entonces, nacido del Espíritu, y nuestro fruto continuo.

En realidad, nuestra “Gran Comisión” es realmente la “Gran Re-comisión”. La primera “Gran Comisión” fue en Génesis 1:28, donde Dios le dijo a Adán y Eva, Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…” Allí Él dijo que produjeran hijos naturales, a través del matrimonio natural, para poblar la tierra. En la “Gran Re-comisión”, Jesús dijo que produjéramos hijos espirituales, a través de nuestra unión con Él, ¡para llenar el cielo!

Hay otra comparación que podemos hacer con el matrimonio humano. En las culturas donde se reconoce el valor de las mujeres y ellas son apreciadas (como Dios quiere), hay ciertos beneficios que vienen con su matrimonio. La esposa de un hombre comparte su nombre, su identidad, su posición y sus posesiones en el mundo. La esposa de un rey, por ejemplo, comparte su identidad como rey y es llamada la reina. Ella comparte su autoridad y se sienta con él en su trono, ocupando el segundo lugar después del rey. Ella comparte su riqueza, con recursos ilimitados a su llamado.

Esta es la manera en que Dios quería que fuera, porque su palabra dice: “Y (los dos) serán una sola carne.” (Génesis 2:24)

Lo mismo puede decirse de nosotros en Cristo. Como la esposa de Cristo, compartimos su nombre y su identidad:

 

            …ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…  Gálatas 2:20

 

Nosotros compartimos su posición y su autoridad:

 

            Pero Dios… juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.  Efesios 2:4-6

 

            …mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia…  Romanos 5:17

 

Ya sabemos por los capítulos anteriores que somos co-dueños de todo lo que Jesús posee como Rey y Señor del universo.

Esto es cierto también, porque somos uno con Él en matrimonio. Tenga en cuenta que en el matrimonio natural, la Biblia dice que los dos serán una sola carne. Sin embargo, en nuestro matrimonio espiritual con Jesús, estamos unidos en una forma superior:

 

            Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.  1 Corintios 6:17

 

¡Un espíritu! Medite sobre el hecho de que usted no es una persona separada, independiente de Jesús. Ahora usted es uno con Él, unidos sobrenaturalmente por el Espíritu Santo, con todo lo que ello implica.

Esto no es nada menos que un milagro de Dios, diseñado para el propósito divino de cumplir con el mayor deseo de Dios: el amor y la intimidad con usted.

 

Cristo y su novia: la semilla plantada en Génesis

 

El concepto del matrimonio, tanto el matrimonio natural y el matrimonio de Cristo con nosotros, es tan importante que la misma Biblia comienza con un matrimonio, y termina con un matrimonio. El matrimonio de apertura es, por supuesto, el matrimonio natural de Adán y Eva.

 

            Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre

Génesis 2:22

 

El matrimonio con el que cierra la Biblia en el Apocalipsis, es la unión espiritual de Jesús y la iglesia.

 

           Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.   Apocalipsis 19:6-9

 

Ahora, también recuerde que toda verdad que se enseña en la Biblia se puede encontrar en forma de semilla en el libro de Génesis. El matrimonio natural de Adán y Eva es un símbolo profético de Cristo y su Iglesia, como enseña el Espíritu Santo.

En Génesis 2:18, Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. Entonces Dios le mostró a Adán todos los animales que había creado, pero ninguno fue encontrado para ser una compañía adecuada para Adán con quien compartir el verdadero amor y la comunión. (Dios también quería un compañero con quien tener el verdadero amor y la comunión. Él había creado a los ángeles, seres poderosos, hermosos y gloriosos para cumplir con sus órdenes, pero eso no era lo que Dios realmente deseaba. Ellos no satisfacían este deseo de intimidad.)

 

            Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.  Génesis 2:21-22

 

El sueño corto y profundo que Adán experimentó era un símbolo de otro sueño corto y profundo – el sueño de la muerte – que vivió Jesús en el Calvario.

Mientras que Adán dormía, una parte fue tomada de él que sería su propia novia. Dios formó a una mujer que era agradable a Adán. La esposa de Jesús fue producida a través de su muerte en la cruz, y nació de su propio Espíritu, y forma parte de sí mismo. Dios está ahora moldeando (como en “Hagamos”) a la iglesia en su imagen para agradar a Jesús.

Adán y su esposa fueron una sola carne.

Jesús y su novia son un solo espíritu. ¡Aleluya!

El misterio es “en el Antiguo Testamento oculto, en el Nuevo Testamento revelado”.

 

Ester como la novia de Cristo

 

Para ver otro símbolo profético de Jesús y su novia, mire el pequeño libro de Ester. Ester era una mujer judía hermosa que vivía en el imperio Persa algún tiempo después de la cautividad judía en Babilonia. Su vida estaba predestinada a lograr la liberación de los judíos en un tiempo de ataque satánico, y para servir como un tipo profético de la iglesia de Cristo.

La historia comienza con el rey Asuero llamando a su esposa, la reina Vasti, para venir y mostrar su belleza en una de las grandes fiestas del rey. Ester 1:12 dice: Mas la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey… Vasti desobedeció la orden, y no quiso presentarse ante el rey. No hay duda de que este rey terrenal tenía algo malo y deshonroso en mente cuando él la llamó, pero sigue siendo una forma de figura profética. El rey es como el Señor, que a menudo llamaba a su pueblo, la nación judía. Se reusaban a su llamado con demasiada frecuencia, y como el rey Asuero, Dios se volvió para buscar a otra novia.

Pronto Ester fue elegido para ser reina. Incluso el nombre de Ester es profético. Significa “estrella”. Para profundizar en el sentido profético de este nombre, veamos los siguientes pasajes:

 

            Y Jehová dijo a Abram Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra… Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.  Génesis 13:14-16,15:5

 

Los descendientes como “el polvo” son los descendientes naturales de Abraham. Los descendientes como “las estrellas” son aquellos que son de la fe de Abraham, los santos. La iglesia. La novia.

 

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.
Daniel 12:2-3

 

Está claro que las “estrellas” representan a los santos de Cristo, y Ester “estrella” es un símbolo de la novia.

 

Volviendo a la historia, un hombre llamado Amán (un tipo de Satanás, y, sin duda inspirado por el mismo Satanás) planeó una manera de matar a todos los judíos, por tener un “decreto escrito en contra de ellos.” (¡Vea Colosenses 2:14 para el decreto escrito en contra de nosotros!)

La reina Ester, por su acceso y el favor ante la presencia del rey, intercedió con éxito delante de su trono por la liberación de su pueblo. El rey le concedió su petición y el malvado Amán fue juzgado y ahorcado por sus intrigas. (¡Hasta la vista, Satanás!)

Ester es un símbolo de la iglesia que ora e intercede, ganando sus batallas en la oración a través del acceso divino a la sala del trono del Señor. El poder de las iglesias no está en la política, ni en la reforma social, ¡sino en la oración y el acceso a la sala del trono del universo!

 

Capacitándonos para reinar

 

La historia de Ester nos lleva a otra pregunta sobre el papel de la iglesia en la tierra – y el papel del diablo en la tierra. A menudo la primera pregunta que una persona no salva hace es: “Si hay un Dios, ¿por qué existe el sufrimiento y la tragedia en el mundo?” El cristiano puede decir con confianza: “Dios no causa el sufrimiento. El diablo lo hace”

La persona no salva puede decir: “Bueno, si Dios es tan poderoso, ¿por qué no puede impedir que el diablo cause sufrimiento y tragedia?” El cristiano podría decir: “Se debe a que Adán y Eva le dieron a Satanás la autoridad para trabajar en la tierra cuando pecaron en el jardín de Edén”. Sabemos que esto es verdad, porque Dios dio a Adán y Eva el dominio en la tierra (Génesis 1:26,28). Pero ellos obedecieron a Satanás cometiendo pecado, y Romanos 6:16 dice que uno se hace esclavo de aquel a quien obedece. Así que Adán y Eva se convirtieron en esclavos del pecado y de Satanás, y todos sus descendientes nacieron después en esclavitud “legal” en su propio planeta.

Dios no podía y no quería intervenir y detener al diablo a menos que pudiera hacerlo legalmente, de acuerdo con sus propias leyes de justicia. Se le dio autoridad a la humanidad en la tierra, y sólo un hombre inocente, sin pecado, podría recuperarla legalmente de Satanás. Así que Dios se hizo hombre.
En Mateo 28:18, después de su victoria, Jesús dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra”. ¡La humanidad fue rescatada de la esclavitud! ¡El dominio del hombre fue restaurado! ¡Satanás era una vez más un forajido, quien podía ser “legalmente” echado fuera del planeta tierra y en el infierno!

Entonces, ¿por qué Jesús no lo hizo? ¿Por qué Dios no terminó con todo el sufrimiento de una vez por todas, lanzando el demonio en el infierno, y restaurando el paraíso en la tierra?
Él pudo haber hecho esto legalmente.

Vamos a ir más allá. Dios, que lo sabe todo de antemano, que predice el fin desde el principio, sin duda sabía que la rebelión de Lucifer en el cielo traería la tragedia. Ciertamente, Dios sabía que este ángel rebelde, ahora llamado Satanás, “el enemigo”, tentaría a la humanidad al pecado y que podría causar tragedia y sufrimiento sin fin.

¿Por qué Dios dejó suelto a Satanás en la tierra? ¿Por qué no acabó con él inmediatamente después de su rebelión, y evitó todas estas dificultades?

Dios podría haber hecho esto, si quería. Pero no lo hizo.

Esto nos dice que Dios, que siempre tiene una buena razón para todo lo que hace, tiene una razón perfectamente válida para permitir que Satanás se mueva libremente sobre la tierra, haciendo el mal que él quiera. ¡Así es! Dios tiene el control soberano de nuestro mundo, incluso en medio de un ataque y guerra espiritual. Dios está permitiendo esta condición de conflicto espiritual para sus propios propósitos.

 

            Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  Efesios 6:12

 

Estamos en una guerra que Dios esta soberanamente permitiendo. No podemos pensar que todo esto es un horrible accidente, y el diablo es el culpable. Dios lo hizo a propósito. Él tiene una buena razón.

¡Nosotros tenemos que aprender cuál es esa razón y cooperar con ella!

Sabemos que la esposa de un rey es la reina. Si el rey va a gobernar y reinar en poder, la reina también debe saber cómo gobernar y reinar con él. Esto es verdad especialmente si ella va a ser una reina real, y no sólo una figura decorativa.

La novia de Cristo va a ser la actual cogobernante con Jesús. Jesús prometió esto cuando dijo,

 

            Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su tronoApocalipsis 3:21

 

Jesús esta ahora entrenando a su iglesia para ser una novia triunfante, que lucha, gobierna y reina, totalmente preparada para sentarse con Él en su trono como la reina a su lado.

Con el fin de capacitarnos en la guerra, la iglesia debe tener un enemigo real a quien derrotar. Debemos tener una batalla para luchar, un adversario a quien resistir. Estamos en un campo de batalla real y vivo de la guerra espiritual, y las consecuencias son reales y eternas.

¡Estamos capacitándonos para reinar!

Igual que los músculos crecen solamente en respuesta al trabajo y la “resistencia”, así igual nuestra fe crece y se edifica al enfrentar la oposición espiritual y al mover las montañas. Toda obra del diablo, toda fortaleza del enemigo, todos los ataques contra nosotros, ¡es una oportunidad divina para practicar la superación, aprender a luchar en la guerra, y para crecer fuertes en Cristo!

¡Se supone que tenemos que aprender a ganar!

En este momento, espero que usted esté diciendo, ¡”más vale que tengas mas escrituras para esto!”

¡Las tengo!

El Nuevo Testamento nos dice que las aventuras de los judíos, cuando salieron de Egipto y aprendieron a poseer la tierra prometida, eran historias simbólicas para nosotros. Eran lecciones que se aplican igualmente a la realidad espiritual en el nuevo pacto.

 

            Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.  1 Corintios 10:11

 

Los judíos fueron guiados fuera de Egipto, que representa el mundo, y entraron en Canaán, la tierra prometida. Esta tierra prometida representa la vida en el nuevo pacto de Jesucristo, y todos los beneficios que vienen con él. Pero los hijos de Israel tuvieron que luchar contra los habitantes atrincherados de la tierra. Tenían que creer en las promesas de Dios por la fe, delante de los grandes obstáculos. Tenían que hacer la guerra, y tomar la tierra a través del poder de Dios.

Nosotros también tenemos que luchar por nuestros derechos y herencias en el nuevo pacto, porque los demonios atrincherados en este mundo están activamente – incluso ilegalmente – tratando de evitar nuestra posesión de nuestra tierra prometida.

Después de que los judíos se habían trasladado a la tierra prometida, ¡resultó que no habían eliminado por completo a todos sus enemigos! Algunos quedaron, y las futuras generaciones tenían que seguir luchando.

¿La explicación de Dios?

 

            Estas, pues, son las naciones que dejó Jehová para probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas las guerras de Canaán; solamente para que el linaje de los hijos de Israel conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían conocido: los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios, y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Hamat. Y fueron para probar con ellos a Israel, para saber si obedecerían a los mandamientos de Jehová, que él había dado a sus padres por mano de Moisés.  Jueces 3:1-4

 

El propósito eterno de Dios es sacar un pueblo de este mundo caído, que serán sus hijos, sus herederos, su cuerpo, y su esposa. Y ellos serán totalmente entrenados en la fe, en la guerra espiritual, en el poder y en el reinado a través de Jesucristo.

 

Palabra fiel es esta:

Si somos muertos con él, también viviremos con él;

Si sufrimos, también reinaremos con él;

Si le negáremos, él también nos negará.

Si fuéremos infieles, él permanece fiel;

El no puede negarse a sí mismo.

2 Timoteo 2:11-13

 

La reina Ester era una buena imagen de la que nosotros podemos aprender. Ella tomó su lugar en la sala del trono de la intercesión, ganando batallas en la oración y asegurando la liberación de su pueblo.

La iglesia en la tierra se está entrenando para reinar. Debemos dar la bienvenida a todas las oportunidades para practicar la conquista de las fuerzas de Satanás, y familiarizarnos con las armas y las armaduras espirituales de nuestra guerra. Tenemos que aprender a tomar las ciudades para Jesús a través de la oración y el evangelismo. Debemos luchar ofensivamente, para que el diablo no tenga la oportunidad de hacernos pelear defensivamente.

Y cuando llegue el momento, vamos a estar plenamente preparados para asumir el trono junto a nuestro Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores.

 

  1. Cristo en Ustedes – La Esperanza de la Gloria

 

          …de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.  Colosenses 1:25-27

 

El sexto elemento del misterio de Dios es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria. Al igual que con los otros elementos, esta parte del plan es otra de las formas que Dios inventó para acercarse a nosotros. Este elemento es la culminación de una estrategia de relaciones cada vez más estrecha con la humanidad.

 

Cristo en ustedes

 

La estrategia de Dios se revela en un pasaje de las Escrituras en 2 Corintios:

 

            ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. 

2 Corintios 6:16

 

Pablo cita aquí, por inspiración del Espíritu Santo, un pasaje de Levítico 26:11-12.

La estrategia de Dios es triple:

En primer lugar, Dios dijo que Él seria nuestro Dios. Esa fue su relación con el pueblo del Antiguo Pacto. Dios sería su Dios personal, y ellos serían su pueblo del pacto, en una relación de lealtad mutua. Esta relación implicó la deidad completa, la Trinidad, pero el enfoque principal de esta relación era Dios el Padre.

En segundo lugar, Dios se acercó un poco más al hombre. Él dijo que caminaría entre nosotros. Este acontecimiento prometido se cumplió en la encarnación de Jesucristo. Dios se hizo hombre y físicamente caminó entre nosotros, como uno de nosotros. Esto fue un paso más cerca. Esta parte del plan requería la participación más directa de la segunda Persona de la Trinidad, a Jesús. ¡Su encarnación fue un milagro extraordinario, la que hoy separa a los creyentes de los incrédulos, pero lo más maravilloso aún estaba por llegar!

La tercera parte del plan consistía en que Dios habitaría en nosotros. Esto se logró después de la resurrección de Jesús, cuando sopló sobre sus discípulos y dijo: “Recibid el Espíritu Santo.” (Juan 20:22) En ese preciso momento la iglesia, como la conocemos, nació, y el tercer miembro de la Trinidad, el Espíritu Santo, vino a vivir permanentemente en el interior de cada hijo nacido de nuevo de Dios. A través de la presencia del Espíritu Santo, Jesús vive en nosotros, así como el Padre mismo.

Dios ha querido llegar tan cerca de nosotros como sea posible, ¡y vivir dentro de nosotros es la cercanía definitiva! El deseo de estar cerca de nosotros es una manifestación del amor de Dios. Cuando usted ama a alguien, usted quiere estar cerca de ellos espiritualmente, emocionalmente y físicamente. ¡Lo mismo ocurre con Dios! Él quiere ser nuestro Dios, quiere caminar entre nosotros, y quiere vivir en nosotros. Mejor aún, esta relación consiste en cada miembro de la Trinidad, revelando por completo el amor de nuestro Dios.

La manifestación final de este Plan será después de nuestra resurrección y el retorno físico a la tierra con Jesús. En ese día, Dios el Padre seguirá siendo nuestro Dios, y nosotros seremos su pueblo. Dios también caminará físicamente entre nosotros en la persona de Jesucristo, el Rey de la Tierra milenaria. Y el Espíritu Santo seguirá eternamente habitando dentro de nosotros, y a través de Él, también Dios el Padre y Cristo Jesús. Las tres relaciones permanecerán en efecto, ¡y todas al mismo tiempo! ¡El amor de Dios definitivamente lo abarca todo!

Esto es, entonces, “Cristo en ustedes” – viviendo en usted a través de la presencia del Espíritu Santo. Sin embargo, la Escritura también dice “la esperanza de gloria”.

 

La esperanza de gloria

 

La palabra traducida como “esperanza” en el Nuevo Testamento no es realmente el equivalente de la palabra española “esperanza”. En español, significa algo que pudiera o no llegar a pasar. En la Biblia, se refiere a una confiada expectativa de algo que definitivamente va a suceder. La “bienaventurada esperanza” es la segunda venida de Jesucristo. ¡Va a pasar!

“Cristo en nosotros, nuestra esperanza de gloria” quiere decir que sin duda recibiremos la gloria prometida en su manifestación total, sólo si mantenemos la fe en Jesús hasta el final.

Si nuestra “esperanza” es cierta, entonces ¿cuál es la “gloria” que vamos a recibir?

“Gloria” significa “perfección manifiesta, alta estima y honor.”

Dios nos está perfeccionando ahora, y en el día de la resurrección, vamos a recibir la perfección manifiesta.

 

            Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.  Efesios 5:25-27

 

Perfección significa que no hay mancha, arruga, culpa o ninguna acusación por nada. También significa que vamos a estar visiblemente llenos de la luz y el poder de Dios, y que resplandeceremos y brillaremos como el sol. Apocalipsis capítulo uno nos da una imagen de Jesús en su forma glorificada.

 

            Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.  Apocalipsis 1:12-16

 

¡Su rostro brilló como el sol! ¡Y también nosotros! ¡Vamos a ser como Él!

La verdad es que ya estamos llenos de su gloria. No se manifiesta a los ojos naturales, pero en el espíritu nosotros ya somos hijos de la luz. Los ángeles y los demonios la ven, en el reino espiritual. Los hijos de la luz son visibles para ellos. La gloria de Dios es visible en el reino espiritual.

A veces se derrama y puede ser visible para el ojo natural. La gloria de Jesús fue vista en el monte de la transfiguración. Hoy en día, cuando alguien está ministrando bajo la unción, o en la oración y la adoración, la luz a veces se puede ver en sus rostros. Jesús dijo en su oración al Padre,

 

            La gloria que me diste, yo les he dado…  Juan 17:22

 

La gloria ya está en nosotros. ¡Lo que estamos esperando es el día en que se dé a conocer!

 

            Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.  Romanos 8:18-19

 

Dice que la gloria será revelada en nosotros, y toda la creación está esperando la revelación. Revelar es descubrir.

Un buen ejemplo sería una muestra de arte, donde una hermosa escultura o una pintura va a ser exhibida. Por lo general, hay un día de inauguración cuando la obra de arte es “revelado”. Antes de que sea revelado, permanece cubierto por un paño grueso y oscuro. Toda la belleza está ahí, esperando para ser apreciada, pero permanece cubierto hasta el momento de la inauguración oficial. Cuando llega el momento, todos los invitados se reúnen alrededor, y la obra de arte se revela. ¡La cubierta se retira, y de repente todo el mundo puede ver y apreciar la belleza de la pieza!

Así es como será con los hijos de Dios. Jesús volverá a la tierra con su pueblo, todos en forma glorificada, y su gloria brillará a través de ellos para que todos la vean. Los hijos de Dios serán vistos como lo que realmente son, ¡y lo que han sido todo el tiempo!

 

            …cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron...  2 Tesalonicenses 1:10

 

¡La gente del mundo lo verá a Él en nosotros, y se maravillarán y admirarán su gloria y su belleza cuando nos vean a nosotros! ¡Aleluya!

El resto de la definición de “gloria” es “alta estima y honor”. A causa de estar en Cristo, y Cristo en nosotros, ya hemos sido sentados en lugares celestiales, sobre el trono de Dios con Jesús. Nosotros somos su cuerpo. Nosotros seremos reconocidos como su novia, gobernando y reinando para que todos lo vean. Nosotros seremos los hijos revelados de Dios. Alta estima, posición y honor son nuestros en Cristo. Aunque todavía no es revelado al mundo, lo será. Es nuestro ahora y para siempre.

Dios ha compartido con nosotros su gloria, su perfección, su alta posición y honor. ¿Por qué ha hecho esto? Es porque no nos llevaría a una relación con Él, sin compartir con nosotros todo lo que Él es, y todo lo que Él tiene. Él no nos ocultaría a nosotros, su pueblo amado, nada de lo que es suyo, porque el amor lo da todo al ser amado. Si Él no compartiera todo, no sería el amor perfecto.

Esa es la naturaleza y carácter de Dios. Con Él, es todo o nada. O bien vamos a estar con Él en toda su gloria, compartiendo todo lo que es suyo, o seremos separados de su presencia para siempre, en el lago de fuego con los no redimidos.

El deseo de Dios es que usted reciba todo con el simple deleite de un niño que recibe un regalo de un padre amoroso. No permita que la falsa humildad, o una mentira religiosa de no sentirse digno, le robe lo que Dios gratuitamente haya dispuesto y elegido para darle. Si Él quiere que usted lo tenga, ¡recíbalo!

 

            Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria  1 Corintios 2:7

 

Dios lo planeó todo en la eternidad pasada. Concibió en su dadivoso y generoso corazón el Plan de compartir su amor y su reino con nosotros, la gente que el crearía. Para Dios es un placer y alegría dar, a sus amados, sus mejores regalos y su eterna comunión y amor.

Hagamos la alegría de Dios completa diciendo: “¡Sí!” “¡Sí, Señor, yo recibo con mucho gusto todo lo que me has dado! Y recibo tu amor, en toda su plenitud, y ahora yo también te amo. ¡Te amo, porque Tú me amaste primero!”

  1. La Encarnación: Dios y el Hombre Unidos en Cristo

 

La encarnación: entonces y ahora

 

            E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

            Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria.

1 Timoteo 3:16

 

El séptimo y último elemento del misterio es la verdad fundamental de la encarnación de Dios como hombre. Encarnación es una palabra que, en su idioma original, significa “en la carne”, o “hacerse carne”. Esto se expresó en lo que aparentemente era una confesión común de fe entre la iglesia primitiva: “ Dios fue manifestado en carne…”

          El Evangelio de Juan se abre con un homenaje a este gran milagro:

 

            En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era DiosY aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.  Juan 1:1,14

 

Se describe a Jesús como Dios, y también como el Verbo de Dios, o en otras traducciones, la Palabra de Dios. Podemos entender lo que esto significa para nosotros mediante la comprensión de lo que “nuestra palabra” significa. Nuestra palabra es nuestra expresión. Cuando hablamos, si hablamos con sinceridad, sacamos lo que es invisible, en nuestro corazón, y lo damos a conocer. Nuestro corazón se revela. Nuestra naturaleza y carácter se expresa y se demuestra por nuestra palabra. Podemos decir que lo desconocido se da a conocer y lo invisible se hace visible.

Lo mismo puede decirse de nuestras acciones y nuestras expresiones físicas. Ningún hombre puede ver a nuestro espíritu, al igual que Juan 1:18 dice que a Dios nadie le vio jamás.” La parte de nosotros que es invisible, nuestro hombre espiritual, es donde nuestra verdadera naturaleza y carácter se encuentra. Pero nuestro espíritu no tendría ningún medio de expresión en este mundo si no fuera por nuestro cuerpo físico. Con nuestro cuerpo podemos expresar y llevar a cabo nuestros deseos a través de nuestras acciones, incluso en la forma de vestir.

Lo mismo sucede con Dios. Dios es espíritu, pero Dios también tiene un medio para expresarse y darse a conocer. Jesús es el camino. A pesar de que Jesús es Dios, y siempre ha sido Dios, Él es la parte de Dios que se llama “la Palabra de Dios”. Esto significa que Jesús es la parte de la Trinidad que es la expresión visible y audible de Dios. Puesto que Dios siempre habla la verdad, Jesús es la expresión perfecta y verdadera de Dios.

Incluso antes de la encarnación, Jesús era la Palabra de Dios. Creo firmemente que cuando Dios pronunció las palabras: “Sea la luz” en Génesis 1:3, fue Jesús pre-encarnado quien habló estas palabras. Dios Padre quería la luz, y Jesús expresó su voluntad al hablar las palabras. Cuando las palabras salieron, el Espíritu Santo trajo la luz a la existencia con su poder.

Fue Jesús pre-encarnado, llamado aquí “el ángel del Señor”, quien se apareció al “valiente” Gedeón en Jueces capítulo seis.

 

            Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara. Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás.

Jueces 6:22-23

 

La palabra “ángel”, tanto en el hebreo y el griego significa, simplemente, “mensajero” o “representante”. Los ángeles de Dios, tal como los conocemos, son seres espirituales creados por Dios para ser sus mensajeros y servidores. Sin embargo, en varios lugares en el Antiguo Testamento, incluyendo en jueces capítulo seis, la referencia a “el ángel del Señor”, es en realidad una visita de “la Palabra de Dios”, la Segunda Persona de la Trinidad, que es la expresión visible y audible de Dios. Es Jesús pre-encarnado.

Sabiendo esto, podemos ver que Jesús, como el Verbo eterno de Dios, es la expresión eterna de Dios el Padre. Jesús es el rostro de Dios.

Al entender esto, también podemos obtener un mayor entendimiento del propósito de la encarnación. La encarnación fue la demostración del profundo deseo y enhelo de Dios de manifestarse por completo al hombre, su creación. Tanto quería Dios manifestarse al hombre, que hasta Él se expreso como un hombre. Se convirtió en un hombre, una parte de su propia creación. Al hacer esto, es natural que fuera Jesús – la Palabra de Dios, el rostro de Dios – quien tomó forma humana, y expresó al Padre. Por esta razón, el versículo completo de Juan 1:18 dice:

 

            A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.  Juan 1:18

 

La Biblia Amplificada lo expresa así: “…el unigénito Hijo, que está en el seno (es decir, en la presencia íntima) del Padre, él le ha dado – Él lo ha revelado, lo llevó a donde él puede ser visto, le ha dado a interpretar, y él ha dado a conocer”.

El deseo de Dios era darse a conocer a través de su Hijo, nacido de una virgen. Dios quería expresarse a sí mismo, y su amor a nosotros.

          ¡Si eso era el deseo de Dios, entonces sigue siendo el deseo de Dios ahora!

El propósito de la encarnación no se ha completado. A pesar de que Jesús era la expresión perfecta de Dios, ¡Jesús ya no está aquí! Ha vuelto al cielo para estar con el Padre. Ahora, tomando el lugar de Jesús en la tierra, es el cuerpo de Cristo.

Dios en primer lugar se expresó al hombre.

Entonces, Dios se expreso como un hombre.

¡Ahora, Dios quiere expresarse a través del hombre!

Dios en nosotros, Cristo en nosotros, es el trabajo progresivo de la encarnación. Dios sigue manifestándose al hombre, y a través del hombre. El amor de Dios, y la “Palabra” de Dios, sigue haciéndose carne – ¡nuestra carne! Tal vez la mejor manera de decirlo es que el amor de Dios está siendo actuado y demostrado a través de nosotros.

Si esto parece una tarea difícil, ¡lo es! Es un proceso de dar muerte a nuestras actitudes egoístas y carnales (Romanos 8:13), mientras permitimos diariamente que la Presencia de Dios nos llene y que el Espíritu de Dios trabaje a través de nosotros.

Pablo oró para que la obra de la encarnación se completara en la iglesia de Galacia:

 

            Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotrosGálatas 4:19

 

El mismo proceso se está realizando en nosotros como creyentes modernos: Cristo está siendo formado en nosotros para que Dios sea expresado a través de nosotros. En la medida en que cooperamos con este proceso podemos cumplir el deseo del corazón de Dios de expresarse.

¡Este llamado es también un gran privilegio! Sólo podemos expresar a Dios si conocemos a Dios. No podemos verdaderamente representar a alguien que no conocemos íntimamente. Jesús pudo expresar al Padre, porque Él estaba en el seno (la presencia íntima) del Padre. Tenemos el gran privilegio de tener el mismo llamado de Jesús: conocer al Padre íntimamente para expresarlo al mundo.
En respuesta a esta verdad, enfoquémonos en conocer a Dios más profundamente y personalmente, ¡y dejemos que la revelación de Dios a través de nosotros sea el fruto natural de nuestra intimidad con Él!

 

Dios y el hombre unidos en Cristo

 

Una reflexión final sobre la encarnación de Dios en Cristo es la gran verdad de que Dios y el hombre son finalmente unidos en Cristo. Es el matrimonio de Dios y el hombre.

Cuando usted ama a alguien profundamente, su deseo es estar tan cerca que experimente la unidad con ellos. Este es el cumplimiento del misterio: Dios y el hombre en Cristo, unidos.

Considere la cruz, el símbolo de nuestra fe. Es el lugar donde fue clavado nuestro pecado. Jesús tomó nuestra maldición y nuestra muerte allí. Pero la cruz también puede sugerir otra cosa.

En el campo de las matemáticas llamada geometría, existe el principio simple de una cosa que se llama la intersección. Es el único lugar en donde dos líneas rectas se pueden cruzar, o se encuentran y se unen. Estas dos líneas se vuelven uno en ese lugar y en ese único lugar. Aparte de ese lugar, las líneas están totalmente separadas y no se volverán a reunir.

La cruz puede sugerirnos esto, de dos líneas, que cruzan en un solo lugar. La raza humana, que va en la dirección del pecado y la muerte, se puede representar en una de las líneas rectas. El reino de Dios, de la vida y la justicia puede representar la otra línea. El único lugar donde estas dos líneas se cruzan es en Cristo

En este punto geométrico, Dios entró en la línea de la raza humana. Se convirtió en uno de nosotros. Y en ese punto, podemos dejar el pecado y la muerte de la raza humana y cambiar de rumbo. Podemos estar unidos a Dios, y participar de su vida y su justicia. Podemos estar unidos a Dios en Cristo y entrar en su reino.

Hay dos versículos en el Nuevo Testamento que creo que mejor expresan esta intersección.

 

            Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismoPor lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos…  Hebreos 2:14,17

 

Estos versos nos dicen que Dios participó de carne y hueso para ser como nosotros. Es decir, Él participó de la naturaleza humana. Ahora, aquí hay algo aún mejor:

 

          por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.  2 Pedro 1:4

 

Dios participó de nuestra naturaleza en Cristo, ¡pero la Biblia también dice que nosotros somos partícipes de la naturaleza divina de Dios en Cristo!

¡Dios participó de nuestra humanidad, para que podamos participar de su divinidad!
Esta es la gran intersección: que Dios y el hombre están unidos en Cristo, en una relación de amor eterno.
Conclusión

 

En la exploración de los elementos del misterio, usted verá muchas áreas que coinciden en los principios y las verdades reveladas. El misterio, como todas las verdades de Dios, puede ser comparado con un diamante de múltiples facetas. Desde cualquier ángulo, es el mismo diamante, pero desde una perspectiva ligeramente diferente. Puede ser difícil decir cual aspecto de la gema es el más hermoso – es una cuestión de preferencia personal.

Del mismo modo, Dios ha encontrado muchas maneras de comunicarnos la profundidad de la relación que quiere tener con nosotros. Cada relación – miembros de su cuerpo, los socios del pacto de la sangre, hijos y herederos, la esposa de Cristo, etc. – lleva los beneficios naturales que normalmente asociamos con esa relación. Cualquiera que sea la relación con la que mejor nos podamos identificar, o apreciar, nos puede tocar más profundamente. El resultado final es el mismo.

El evangelio, y el misterio, son el mensaje del plan eterno y el propósito de Dios. Desde la eternidad pasada, tenía previsto crear la familia del hombre, y de esta raza llamar a un pueblo escogido para ser suyos.

 

            Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…

1 Pedro 2:9

 

Dios planeó convertirse en un miembro de su propia creación, y luego unirnos a Él en amor. Él planeó elevarnos a su nivel de vida, para que podamos compartir con Él su trono para siempre.

El evangelio de Jesucristo no estaba destinado a ser entendido como una solución de último minuto a la inesperada rebelión del hombre. Es el plan eterno – el único Plan. Dios hace todo por una razón, y la razón para la creación del Plan Maestro, el misterio, se nos revela en Efesios 2:4-7.

 

            Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.